Demócratas arman “hoja de ruta” para frenar su debacle con clase trabajadora

En 2018, el partido busca recuperar escaños en el Senado y la Cámara Baja

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Demócratas arman “hoja de ruta” para frenar su debacle con clase trabajadora
Bernie Sanders lamentó que su partido no supo hablarle a votantes clave.

WASHINGTON.- Tras la paliza en las urnas hace casi dos semanas, los demócratas del Congreso evalúan una “hoja de ruta” para frenar la hemorragia de votos de la clase trabajadora, que este año contribuyó al triunfo del republicano Donald Trump.

Aunque la demócrata Hillary Clinton ganó el voto popular por amplio margen, el resultado del pasado 8 de noviembre es una suerte de “veredicto” contra el “establishment” político.

Independientemente de si Trump cumple o no sus promesas electorales, a lo largo de la contienda éste se presentó como ajeno a la burbuja en Washington, y su insurgente campaña “vendió” un discurso populista que caló en millones de trabajadores de la clase  obrera, especialmente en zonas rurales y la región del “Rust Belt”.

¿Qué hacer para recuperar el terreno perdido de cara a los comicios de 2018, cuando nuevamente se someterán a voto los 435 escaños de la Cámara de Representantes? Esto está generando un gran debate entre el ala progresista y los más conservadores del Partido Demócrata sobre la “hoja de ruta” de los próximos dos años.

Tras los comicios, los demócratas apenas sumaron un puñado de escaños en la Cámara Baja y sólo dos en el Senado, además de que sufrieron una pérdida neta de dos gobiernos estatales, por lo que menos de una tercera parte de los 50 estados quedó en manos demócratas.

Ahora, el partido que antes era bastión incuestionable de la clase trabajadora, tiene que salir a la reconquista de votantes que le dieron la espalda.

Según un documento de la federación sindical AFL-CIO, la encuesta a boca de urna de Garin/Hat/Yang indicó que Clinton ganó el apoyo de los votantes pertenecientes a sindicatos con un margen de 56-37, aún cuando Trump hizo de la conquista de la clase trabajadora la piedra angular de su campaña, prometiendo más y mejores empleos, y la renegociación de acuerdos comerciales.

Trump “usó nuestra retórica sobre el comercio y la retención de empleos en EEUU, pese a sus posturas políticas y prácticas del pasado. Además, forjó una conexión personal con la gente de la clase trabajadora al reconocer su resentimiento sobre las reglas usadas para marginarlos”, agregó la AFL-CIO.

Trump obtuvo el apoyo del 43% de los hogares vinculados con sindicatos, pero eso es apenas un aumento de tres puntos respecto a los que recibió el republicano Mitt Romney en las presidenciales de 2012.

El presidente de la AFL-CIO, Richard Trumka, dijo que la elección fue una declaración de rechazo al maltrecho sistema de reglamentos políticos y económicos, y se comprometió a trabajar con Trump por una agenda que beneficie a los trabajadores, a la vez que exigió reparar el daño causado por “el racismo, la misoginia y el sentimiento anti-inmigrante” en la contienda, mediante la “inclusión, decencia y honestidad”.

Buscando su “Norte”

Según expertos,  la derrota de Clinton no puede resumirse sólo como  la “ansiedad económica” de los trabajadores blancos: sus ataques contra Trump y su énfasis en las mujeres y minorías, sumado al empoderamiento de elementos “nacionalistas”  y racistas también contribuyeron a la victoria republicana.

El senador Bernie Sanders, seleccionado recientemente por la bancada demócrata para reconquistar a la clase trabajadora,  se lamentó de que el partido no supo “hablarle” al bloque que ha sido parte de su columna vertebral.

Trump ganó el apoyo de los votantes de la clase trabajadora que respaldó al presidente Barack Obama en 2008 y 2012 por un margen de más de dos a uno. Aunque los votantes blancos siguen en declive, según proyecciones demográficas,  éstos siguen siendo una parte fundamental del partido, y Trump supo movilizarlos.

Así, la búsqueda de una estrategia para consolidar el apoyo de esos votantes en sus propios distritos, especialmente en la región del “Rust Belt”, ahora enfrenta a las distintas facciones del Partido Demócrata, repartidas  entre los miembros del “Caucus Progresista” y los moderados y conservadores.

Eso explica en parte por qué el legislador demócrata por Ohio, Tim Ryan, decidió lanzarse al puesto de líder de la minoría en la Cámara Baja, tratando de desbancar a la legisladora californiana, Nancy Pelosi.

Pelosi ha liderado a la bancada durante más de una década e insiste en que tiene el apoyo de dos terceras para reelegirse en el cargo. Pero Ryan ha argumentado que el partido necesita dar paso a liderazgo fresco para recuperar el control del Congreso.

Por separado, el legislador Keith Ellison se perfila como el favorito para alzarse con la dirigencia del Comité Nacional Demócrata (DNC), pero enfrenta la labor de sumar votos entre los demócratas de distritos conservadores.

La crisis del Partido Demócrata no es muy distinta a la que sufrió en 2004, cuando su entonces candidato presidencial, John Kerry, perdió la elección frente al presidente George W. Bush, y el partido perdió el control del Senado y no logró reconquistar la Cámara Baja.

El consuelo para los demócratas es que el daño no es irreversible y, si mejoran su acercamiento con toda la base –no solo con una parcela del electorado-, pueden recuperar terreno en 2018.

Lucha por “Obamacare”

Por ahora, lo único que está claro es que los demócratas intentarán presentar un frente unido contra los esfuerzos republicanos por anular la reforma de salud “Obamacare” y otros elementos de la agenda progresista y del legado del presidente Barack Obama.

El vicepresidente electo, Mike Pence, explicó que una de las máximas prioridades de Trump al sólo tomar posesión en enero próximo será la anulación de “Obamacare”, y poner en su lugar “soluciones de libre mercado”.

Pero el entrante líder de la minoría demócrata en el Senado, Harry Schumer, dijo ayer domingo que eso, sin duda, abrirá un frente de guerra con la Administración Trump porque, según prometió, los demócratas no se lo permitirán.

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