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La lucha por $15, nueva cruzada en el país

La Lucha por $15, una que comenzó hace dos años y medio en Nueva York como una huelga de unos 200 cocineros y cajeros de la industria de la comida rápida para elevar el salario mínimo, se ha convertido en una nueva cruzada que se asemeja a las marchas grandes que hubo en el pasado para conseguir el sufragio de las mujeres.

Ya no solo son los trabajadores de medio tiempo que ganan apenas el salario mínimo los que están participando en esta campaña si no que el fervor por elevar el salario mínimo a $15 la hora ha interesado a nuevos sectores de la economía.

Este pasado 15 de abril, un día de acción nacional, se vio unirse ante  este esfuerzo a grupos de estudiantes universitarios, personas que trabajan en los hogares cuidando enfermos, trabajadores de los  centros de cuidado de niños, taxistas, los que lavan la ropa de fábricas y hoteles, trabajadores de Wal-Mart y  trabajadores de los aeropuertos y hasta profesores temporales de las universidades.

De costa a costa, dicen los organizadores de esta campaña en Chicago, ahora varias ciudades, estados y compañías están elevando el salario mínimo arriba del actual $7.25 por hora en el país y de $8.25 en Illinois.

Ciudades como Seattle,  San Francisco y Chicago están elevando el salario mínimo de lo que actualmente es ahora.

El mismo tema del salario mínimo será ahora un tema de importancia en las próximas elecciones presidenciales. El país sufre de una disparidad terrible entre los que tienen y lo que casi no tienen nada. Un ejemplo está en los salarios de los jefes ejecutivos de las compañías de comida rápida, que están en decenas de millones de dólares, y sus empleados que trabajan veinte horas a la semana por el salario mínimo y sin beneficio alguno.

Lupita Carrasquillo, una estudiante universitaria que se sumó a esta lucha, comento que hoy en día no existe la certeza que un título universitario le conseguirá a alguien un buen trabajo. Y los únicos trabajos que hay son de salario mínimo.

Yo he conocido a estudiantes que han tenido que vivir en sus carros, afirmó ella, para poder asistir a una universidad. Llego la hora, dijo ella, de elevar el salario mínimo a $15 la hora.

Así comienzan las cruzadas: con poco apoyo al principio pero con el tiempo la idea enciende el fuego de la imaginación popular y se esparce por todos los lados.

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