Rusia 2018: Los mexicanos que todavía buscan llegar a la final del Mundial

Un partido más es lo que anhelan los árbitros César Ramos, Marvin Torrentera y Miguel Hernández
Rusia 2018: Los mexicanos que todavía buscan llegar a la final del Mundial
De los 36 árbitros que iniciaron el Mundial, la terna arbitral mexicana busca la Final o el partido por el tercer lugar.
Foto: Tomada de Instagram / Agencia Reforma

Hay un equipo de México que se mantiene hasta la última instancia en Rusia 2018.

De los 36 árbitros que iniciaron el torneo, la terna arbitral mexicana, conformada por César Ramos, Marvin Torrentera y Miguel Hernández, superó los filtros de la FIFA para ser elegida entre las 12 candidatas para la Final o el partido por el tercer lugar.

La Comisión de Arbitraje dará a conocer este jueves la designación del partido del sábado, entre Bélgica e Inglaterra, y horas después, la de los árbitros que estarán en la definición del campeón, entre Francia y Croacia.

Los representantes mexicanos trabajan juntos desde que iniciaron su proceso mundialista, en diciembre de 2014. Pasaron por torneos internacionales y, en diciembre de 2017, dirigieron la Final del Mundial de Clubes.

Ramos y Hernández viven su primera Copa del Mundo, y Torrentera, la tercera. Lo que en su momento fue una alternativa de trabajo, hoy los apasiona y los une en su aventura mundialista.

El camino de César

El futbol no era su prioridad en la infancia. Su tierra está ligada al bat y las pelotas de béisbol, con las que jugó de pequeño en Culiacán.

La disciplina de César Arturo Ramos en la preparatoria no se contaba entre sus virtudes y la anécdota más recordada fue cuando, junto a sus amigos, le prendió fuego a la mochila de un compañero.

Lo que parecería terminar en un regaño fue el comienzo de su actual estilo vida, pues el prefecto Alberto Silva le recomendó canalizar su energía en una actividad y puso en sus manos un cuadernillo con las reglas del futbol.
Silva, quién además era árbitro amateur, lo acercó al mundo de los silbantes a los 17 años.

“Fue tan educado, tan propio y de muchos valores, que nadie le cerraba la puerta. La vio muy dura desde su inicio. César está donde ha luchado para estar. Nadie le regaló ese lugar“, contó Silva.

Ramos se planteó las metas más altas desde su primer examen de arbitraje en un deporte que no era su predilecto. El compromiso y las responsabilidades aparecieron a la par que la indisciplina se disolvía vestido de árbitro.

También aparecieron los riesgos de su profesión en el sector amateur, cuando arbitraba en Ligas de Primera Fuerza, de veteranos y en zonas complicadas, dónde en alguna ocasión lo amenazaron con una pistola.

En Sinaloa no tendría oportunidad de crecimiento y siguió la recomendación , del ex árbitro Gilberto Alcalá de mudarse, así que el silbato y las tarjetas lo acompañaron a Morelos, al cumplir la mayoría de edad.

Hijo único de Margarita Palazuelos, magistrada en Sinaloa, partió con la encomienda de continuar sus estudios. Su hijo no le falló y en una de sus constantes visitas a Culiacán le entregó su título universitario en periodismo.

Consumó su debut en el máximo circuito el 30 de julio de 2011. Tres años después lució en el pecho el gafete que lo acredita como árbitro internacional FIFA.

Ramos se convirtió en el primer silbante en ser elegido el mejor árbitro de Concacaf por dos años consecutivos, cuando en 2016 y 2017.

Para la FIFA, el camino de Ramos a Rusia comenzó en 2014, pero para él fue la respuesta en su examen de admisión al arbitraje, cuando le preguntaron sus aspiraciones y él escribió su anhelo: dirigir en una Copa del Mundo.

Bandera discreta

Marvin Torrentera, de la Ciudad de México, es el único juez de línea del país con tres Mundiales. La semifinal del 7-1, en Brasil 2014, el partido por el tercer lugar en Sudáfrica 2010 y la final del Mundial de Clubes 2017 lucen en su historial.

Las reglas de juego lo acompañan desde los 16 años, pero antes de impartir justicia y hacer valer las reglas, Torrentera siguió las primeras que le fueron impuestas en casa: estudio y trabajo.

Cursó ingeniería eléctrica a la par de su inicio como árbitro profesional.

Aficionado al futbol desde niño, uno de sus primeros ahorros de empacador en una tienda de autoservicios, a los 14 años, fue destinado a conocer el Estadio Azteca.

Visitó con regularidad ese recinto en los últimos 31 torneos en Primera División, desde que debutó en 2002. Es árbitro asistente FIFA desde 2006.

Vivir sin aplausos

Miguel Hernández, de Puebla, es árbitro internacional desde 2014. En el arbitraje amateur encontró una oportunidad de empleo.

Estudió ciencias de la computación en la BUAP y los fines de semana arbitraba partidos a las 7 y 9 de la mañana, en Ligas locales.

Cuando tenía un pie en la Liga MX, el error en una falta en la final de Ascenso en 2010 demoró su llegada a la Primera División dos años. Fue uno de sus principales aprendizajes en la profesión.

“Lo bueno del arbitraje es que no necesitas aplausos para salir adelante. Es algo que te nace para hacer las cosas bien sin el reconocimiento“, reconoció el poblano.

Sus dos pasiones son el futbol y las computadoras. Actualmente es programador de sistemas.