Todos podemos ganar, todos podemos perder

Todos podemos ganar, todos podemos perder
Según el INPE, ha habido 74.155 incendios en Brasil en lo que va del año, la mayoría de los cuales estallaron en el Amazonas. Eso representa un salto asombroso de más del 80% respecto al año pasado.
Foto: Mario Tama/Getty Images

Al comienzo de la pandemia, vimos publicaciones en todos lados diciendo que “la naturaleza sana” mientras veíamos animales paseando libremente por las ciudades, niveles de contaminación bajando drásticamente, y esto permitió a las personas ver lo que anteriormente no estaba en su horizonte. Pero se enmarcó de manera equivocada: no deberíamos enfocarnos en la curación, sino en ver en primer lugar lo que ha enfermado a la naturaleza. Lo normal no era normal.

En un mundo sacudido por el COVID-19, nos vemos confrontados por uno de los mayores dilemas de nuestros tiempos: La demanda por crecimiento infinito está enfrentada de manera directa con la crisis climática. La economía ya no puede crecer sin desplomar los ecosistemas que sostienen la humanidad. Al centro de este enfrentamiento están bosques Amazonas.

El Amazonas está en el cruce que conecta todo en nuestro mundo: desde incendios forestales criminales hasta minerales raros, desde cadenas de suministro de monocultivos a la frontera de la eco-agricultura. Del agua dulce a las represas gigantescas. De las luchas históricas de los indígenas hasta los intereses neocolonialistas de la bolsa de valores de Nueva York. 

La mayoría de los alimentos que la gente en Estados Unidos, Europa y Asia consume, proviene de lugares donde alguna vez había bosques naturales. Si no es carne, es soya. Si no es soya, es aceite de palma. Todas las opciones que tenemos en el supermercado, lo queramos o no, están basadas en este sistema de intercambio de mercancías caótico y fuera de control. Todos somos parte de él.

Se nos dice a menudo que nuestras decisiones a nivel individual son muy importantes, pero esta responsabilidad no debería recaer en nosotros. Nada realmente va a cambiar si las grandes compañías y los gobiernos no cumplen con su responsabilidad de crear un mejor sistema, un sistema que esté centrado en la justicia. Todos podemos reciclar popotes de plástico hasta el cansancio, pero si las corporaciones siguen vendiendo miles de botellas desechables cada segundo, nuestros océanos seguirán contaminados por el plástico.

El Amazonas no es un tema que solamente atañe a Brasil. Todos los ciudadanos del mundo estamos vinculados al destino de la selva de la Amazonia. Si no resolvemos esto, no resolveremos nada. No quedará nada qué resolver. Mantener al Amazonas como una entidad viviente es la batalla más grande de nuestras vidas.

Si podemos proteger al Amazonas, podemos resolver enormes desafíos globales sobre cómo producir comida de verdad, cómo brindar energía limpia, cómo restaurar esperanza para el clima, y cómo construir una nueva sociedad moderna para todos nosotros. Pero si perdemos el Amazonas por el afán de lucro, perdemos todo.

Es hora de centrar nuestra fuerza en el sur del mundo. Es el momento de convertir la crisis climática en una oportunidad para defender la igualdad y la justicia. Es tiempo de poner atención a las verdaderas voces que no han sido escuchadas y que provienen de lo más profundo de la selva de Amazonia y de todos los bosques tropicales del mundo. Son las que están protegiendo el futuro para nosotros. Son el futuro.

Llegó la hora de alzar la voz e intensificar esfuerzos por nuestro futuro. Todos podemos ganar o perder.

La actriz brasileña Alice Braga y Greenpeace unieron esfuerzos este verano para lanzar Cuenta Regresiva a la Destrucción, una serie animada de tres videos que explica la manera en que la producción de productos alimenticios como la carne, lácteos, soya y aceite de palma a escala industrial está causando una deforestación masiva en todo el mundo, desplazando y amenazando los pueblos indígenas y fomentando la crisis climática. Mírala en https://www.greenpeace.org/countdowntodestruction