El muralismo hispano en Chicago: paredes que hablan

Muralistas históricos de Chicago mantienen viva esta forma de arte público mientras surgen nuevos artistas, con visiones y técnicas que no necesariamente coinciden con las de antes. La preservación de los murales ya existentes y la creación de nuevas obras son acciones de gran importancia cultural

El muralismo hispano en Chicago: paredes que hablan
El mural de Roberto Valadez en las calles 26 y Pulaski en La Villita. (Antonio Zavala / La Raza)
Foto: Impremedia

Para Carlos Tortolero, presidente del Museo Nacional de Arte Mexicano, no hay necesidad de agrupar a los artistas hispanos en una organización ya que ellos, a través de las redes sociales, se comunican entre sí y organizan sus exposiciones de arte.

“No hay necesidad de dirigirlos, ellos son muy inteligentes”, indicó Tortolero, el fundador en 1987 de este popular museo.

Bajo el programa Yollocalli Arts Reach, creado en 1997, este museo ha podido enseñar a los jóvenes a crear murales. Hasta la fecha este programa ha creado cerca de 50 murales, incluyendo tres en el interior del Rauner YMCA en Pilsen.

Uno de los murales más icónicos de Pilsen es el creado por los jóvenes del programa Yollocalli en 2016 cerca de la calle 18 y la avenida Blue Island. El mural, de dos pisos de alto, se titula ‘Declaración de inmigración’, el cual, entre otras cosas, proclama que “Ningún ser humano es ilegal”.

Jóvenes del programa Yollocalli Arts Reach pintaron en la calle 18 y la avenida Blue Island el mural ‘Declaración de inmigración’. (Antonio Zavala / La Raza)

El último mural de este programa es el que fue develado recientemente en la biblioteca pública de La Villita en la calle 23 y la avenida Kedzie, en el barrio del mismo nombre.

El museo, apuntó Tortolero, también actúa como un centro de recursos y conecta a las escuelas públicas que buscan crear un mural en el interior de sus planteles con los artistas.

“Desde nuestro inicio siempre hemos estado involucrados con los artistas y no cobrábamos una cuota, muchas veces el honorario es para los artistas,” afirmó Tortolero.

“Los murales están muy de moda y en Pilsen los murales están en todas partes”, aseguró Tortolero.

Aunque no hay un conteo exacto de los murales en los barrios hispanos, el Registro de Murales de la Ciudad enumera 356 obras, que incluyen murales en los vecindarios de habla hispana y en el resto de la ciudad.

Marcos Raya

Quizás el crítico más acérrimo de la tendencia de crear murales con las técnicas del grafiti y de plasmar imágenes ya repetidas en muchos lugares del barrio es el pintor y muralista Marcos Raya, oriundo de Irapuato, Guanajuato, México, quien llegó a la ciudad en 1964.

Después de estudiar arte en Massachusetts, Raya regresó a Chicago y trabajó en Casa Aztlán como artista en residencia y se dedicó a ofrecer talleres de arte a los jóvenes de la comunidad.

Raya sorprendió al barrio y al mundo del arte en 1972 cuando plasmó su mural ‘Homenaje a Diego Rivera’, ubicado al lado de una ferretería en la esquina de las calles May y 18.

Otro de los murales sobresalientes de Raya es el que pintó en la esquina de la calle 18 y la avenida Western titulado ‘No más dictaduras’. Ahí una multitud derriba la estatua del dictador nicaragüense Anastasio Somoza.

Marcos Raya pintó en la esquina de la calle 18 y la avenida Western el mural ‘No más dictaduras’. (Antonio Zavala / La Raza)

Pero Raya, ya reconocido a nivel nacional, está librando una batalla contra lo que el artista denomina ‘Taco Art’, que identifica como los clichés culturales mexicanos ya trillados una infinidad de veces en las paredes del barrio.

Estas imágenes, apuntó Raya, no contribuyen al arte ni a enviar un mensaje político a las comunidades en donde aún hay muchos problemas sociales.

“En vez de tomar el arte en serio, se pasan el tiempo copiando, diseñando las mismas imágenes, esta es una manera de hacer arte muy simple y chicharronero”, señaló el artista.

Inclusive, a veces Raya piensa que todos los jóvenes de origen mexicano han perdido su identidad. Es un temor que le aflige.

“El consejo que les puedo dar, lo que yo les puedo decir, es que pintar murales es parte de un movimiento real, un movimiento social”, aseguró Raya. “El muralismo es para educar”.

“Yo no entiendo al grafiti, este no te dice nada”, afirmó este muralista. “Puede hasta ser reaccionario para que no se pinte ningún mensaje”.

Roberto Ferreyra

Roberto Ferreyra es reconocido en Pilsen por su trabajo con la danza azteca y la música del grupo Son Monarcas, pero es también reconocido por su trabajo en el arte.

Ferreyra, nativo de Morelia, Michoacán, México, plasmó en 2019 un mural gigante dedicado al caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos en Iguala, Guerrero, México, hace seis años.

El mural, titulado ‘La noche de Iguala’, está en las cercanías de la avenida Western y la calle 18 en el barrio de Pilsen.

Ese mural, de una dimensión de 275 pies de largo y 16 pies de alto, es en sí un grito de protesta y un llamado contra el olvido sobre este caso que estremeció las conciencias de México y del mundo entero.

El mural ‘La noche de Iguala’, de Roberto Ferreyra, en las cercanías de la avenida Western y la calle 18. (Antonio Zavala / La Raza)

Ferreyra reconoce que el tipo de muralismo que comenzó en los barrios hispanos de la ciudad en el pasado ya no existe.

“Lo que vemos en las paredes ahora es otra cosa, no es el muralismo que conocíamos hace 30 años”, destacó Ferreyra.

Décadas atrás, las paredes de barrios como Pilsen fueron bañadas de imágenes creadas por muralistas como Mario Castillo, Ray Patlan, Salvador Vega y Marcos Raya.

Pero ahora, según este artista, las nuevas generaciones de jóvenes han traído otro estilo a los muros de los vecindarios.

“Ha invadido el grafiti con imágenes grandotas, pero no significativas”, señaló Ferreyra, quien fue traído a la ciudad en 1993 por el Fondo Nacional de las Artes y al encontrar aquí a una vibrante población mexicana decidió quedarse.

En el trasfondo, Ferreyra, de 63 años, indicó que las nuevas generaciones deben aprender más de las corrientes del muralismo mexicano y del concepto de arte público.

“Yo creo que los artistas no están a la altura de lo que está pasando, los muralistas de antes tuvieron una relevancia con lo que estaba pasando”, dijo este pintor.

Sandra Antongiorgi

La pintora y muralista Sandra Antongiorgi  nació en Utuado, Puerto Rico, pero a una temprana edad sus padres decidieron mudarse a Chicago para irse a vivir al barrio Pilsen.

“Éramos una familia puertorriqueña viviendo en un barrio mexicano,” recuerda ella.

Después la familia se mudó a Humboldt Park, pero luego se  trasladó a La Villita, en el lado suroeste de la ciudad.

Antongiorgi  señala que lleva tres décadas como pintora y muralista y siempre le ha fascinado el poder del arte para influenciar a las personas.

“Una de las razones que me entregué al arte es que vi el poder que este tiene para hablarle a un número grande de personas”, afirmó ella. “El arte también enciende conversaciones y esperamos que inspire el cambio social”.

Antongiorgi  en cooperación con la artista Sam Kirk plasmó el mural ‘Tejiendo culturas’ en la cercanía de la calle 16 y la avenida Blue Island en Pilsen en 2016. El mural de 15 pies de alto por 40 pies de ancho rinde un homenaje a las mujeres marginadas que no siempre son reconocidas por la sociedad.

El mural ‘Tejiendo culturas’, de Sandra Antongiorgi , en la cercanía de la calle 16 y la avenida Blue Island. (Antonio Zavala / La Raza)

Antongiorgi  emprendió una campaña en 2018 para que el municipio de Chicago creara un registro de los murales en la ciudad después de que un equipo del Departamento de Calles y Limpieza borró su mural ‘Es tiempo de recordar’, que estaba en la calle Pulaski y avenida Bloomingdale en Humboldt Park.

El mural honraba la cultura, la música y el arte de Puerto Rico pero un día apareció borrado sin previo aviso.

Después de esa experiencia, la Ciudad creó el Registro de Murales de Chicago, el cual, como ya se mencionó, cuenta con 356 murales registrados para protegerlos.

“Tenemos que unirnos y tenemos que proteger estos lugares, ahí a veces hay obras maestras”, destacó Antongiorgi .

Como mujer, Antongiorgi  asume los retos de encontrar los espacios para pintar y “representar a la gente puertorriqueña lo más que pueda”.

“Allá en los días en que yo empecé a pintar, el trabajo siempre se lo daban a los hombres, yo no puedo dejar que eso ocurra a la próxima generación de mujeres artistas”, recalcó ella.

Roberto Valadez

A Roberto Valadez no le incomoda en lo más mínimo que los jóvenes de ahora usen otras técnicas para plasmar sus murales al aire libre.

“Hay mucha gente joven creando nuevos trabajos espontáneos como los que vimos en la madera contrachapada en las tiendas saqueadas [las placas de madera colocadas en ventanas y puertas de comercios luego de las olas de saqueos sucedidas en la ciudad a mediados de 2020]”, dijo Valadez. “A mí me gusta la naturaleza espontánea de estos trabajos, aunque a veces son un poco caóticos”.

Valadez, de 57 años, comenzó su carrera en el arte cuando era joven y ayudó a otros muralistas a crear obras de arte público en el interior de las paredes de la Secundaria Benito Juárez.

“Comencé a pintar con el programa de verano de Casa Aztlán”, indicó Valadez, quien está a punto de iniciar la renovación de la imagen del sol azteca y la luna Coyolxauhqui en la plataforma del tren CTA en la estación de la Calle 18. Esas imágenes las creó el finado Francisco Mendoza, y Valadez ha sido comisionado por la Ciudad para renovarlas.

El mural de Roberto Valadez en las calles 26 y Pulaski en La Villita. (Antonio Zavala / La Raza)

Valadez precisa que hoy en día hay más disposición por parte de los comerciantes de permitir a los artistas plasmar arte, incluyendo murales, en las fachadas de sus edificios.

“Muchos más artistas están creando murales hoy en día, aunque cabe decir que muchas veces son imágenes básicas, pero se está creando un lenguaje visual”, dijo Valadez. “Yo soy de la opinión que entre más competencia haiga, es mejor”.

Quizá la obra maestra de Valadez es el mural al lado de un banco en las cercanías de las calles 26 y Pulaski en La Villita. Ese bello mural, lleno de un imaginario extenso, contiene imágenes del líder latino pro derechos civiles César Chávez, las figuras históricas mexicanas Miguel Hidalgo y Emiliano Zapata, el activista comunitario Rudy Lozano y la pintora mexicano Frida Kahlo, entre otras.

Este mural lo pintó originalmente el finado artista Vicente Mendoza en los años 80 y Valadez, comisionado por el banco Second Federal Savings, lo repintó en 2016, pero en su propio estilo.

Milton Coronado

La vida del artista Milton Coronado ha sido como un viaje en una montaña rusa.

A los cinco años perdió a su madre, Ema Coronado Díaz. Después su padre, Ramiro Coronado, se casó otras dos veces y esto causó en Milton un comportamiento antisocial. Incluso llegó a pertenecer a una pandilla y hoy acepta que de joven vandalizó la propiedad ajena con letras de grafiti.

Después, su padre Ramiro fue asesinado en septiembre de 2001. Milton recapacitó y le dio un nuevo giro a su vida. Estudió en la Academia Americana de Arte, se graduó en ilustración y diseñó y aprendió todas las técnicas de pintar.

Coronado, de 40 años, es ahora diestro en el uso de los estilos de la acuarela, el acrílico, el aerosol, el óleo y otros.

Un mural que él creó en honor a su padre lo llevó a pensar en lo colectivo y a buscar dar esperanza, no agravio, a los demás.

Milton es hoy en día un reconocido muralista que plasmó en 2018 un emotivo mural a Marlen Ochoa, la joven asesinada cuyo bebé fue arrancado de su vientre.

Milton Coronado pintó en Chicago un mural en homenaje a Marlen Ochoa. (Antonio Zavala / La Raza)

Coronado ha creado otros murales en honor a Vanessa Guillén, Chance the Rapper, Canelo Álvarez, los trabajadores esenciales y muchos más.

Aunque se inició con la tradición del grafiti, este artista indicó que conoce el muralismo mexicano.

A través del arte, Coronado, cuya familia llegó de Guadalajara, México, intenta sacar el dolor que causan los problemas sociales en los barrios.

“Las artes como la música, la literatura y todo lo que tiene que ver con el arte son componentes de una ayuda espiritual”, finalizó este muralista.

Héctor Duarte

Héctor Duarte llegó a Chicago en 1985 procedente de Zamora, Michoacán, México, con el trasfondo de haber estudiado el muralismo en el taller de David Alfaro Siqueiros, uno de los tres grandes muralistas de México.

Duarte, de 68 años, ha pintado cerca de 50 murales en Chicago y otros lugares, incluyendo varios en México.

Su casa en Pilsen, localizada cerca del Museo Nacional de Arte Mexicano, atrae el interés de los visitantes pues está decorada con un mural, ‘Oliver en el país de las maravillas’, entrelazado en el exterior de la casa.

Duarte dice admirar a los jóvenes muralistas de hoy que usan la técnica de los botes de aerosol para crear nuevos murales.

“Yo no lo veo como algo negativo”, dijo Duarte. “Con los botes de spray ellos hacen una imagen en un instante”.

“Hay unos jóvenes que son muy buenos para pintar, dominan la técnica del bote spray y han llegado al realismo”, precisó Duarte.

Sin embargo, este muralista recomienda a los jóvenes leer y estudiar la historia “para saber qué pasó antes”.

Esto, afirmó, es para evitar que los jóvenes caigan en el panfletismo que “después de dos o tres meses ya no tenga valor”.

Los muralistas, advirtió Duarte, deben también considerar la cultura de los diferentes barrios para así transmitir su solidaridad a dichas comunidades.

Lo que antes tomaba meses, ahora con las nuevas técnicas un mural puede lograrse en pocos días, algo que facilita la creación del arte público.

A Duarte le gusta pintar sus murales con colores brillantes que se asemejan al sol. “Yo atribuyo esto a mis orígenes latinoamericanos“, recalcó Duarte.

Este artista también ha creado murales móviles y uno de ellos fue exhibido en el Festival Cervantino de la ciudad de Guanajuato en México.

Víctor A. Sorell, historiador de arte

Para el historiador de arte Víctor A. Sorell, distinguido profesor emérito de la Universidad Chicago State, los murales en la ciudad juegan un papel importante.

“Son un testimonio de la realidad de que los eventos sociales, los eventos políticos, informan al arte y, a su vez, el arte informa a la sociedad en la que vivimos”, dijo el profesor Sorell.

Las recientes protestas de Black Lives Matter, dice él, están creando muchos murales.

Sorell, nacido en la Ciudad de México, señaló que en la década de los años 60 y 70 la ciudad tenía quizás unos 40 muralistas latinos que fueron muy influyentes.

“Creo que ahora, en los últimos años, se ha producido una fusión entre el arte del grafiti y los murales o la escritura de grafiti y los murales”, afirmó Sorell.

Entre sus muchos logros, Sorell editó el libro sobre la vida del finado artista local Carlos Cortez, titulado ‘Carlos Cortez Koyokuikatl: Soapbox Artist & Poet’.

Sobre si piensa que la memoria de los tres grandes muralistas de México (Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros) ya no está tan fresca en la mente de la nueva generación de muralistas hispanos, el distinguido profesor destacó que “sí, creo que la influencia de los tres grandes ha eclipsado algunos esfuerzos, pero creo que la ideología detrás de los murales de México, especialmente la ideología de Siqueiros, todavía ha informado a algunos de los muralistas Latinx en Chicago y en otros lugares”.

“Pero a medida que nos adentramos en el siglo 21, creo que su legado no es tan evidente en los murales que vemos ahora”, indicó Sorell.

En cuanto a los fundamentos del muralismo, indica que son su gran tamaño, su ubicación y su mensaje.

“Los murales tienen que ser grandes y estar en tu cara. Lo que los hace únicos en Estados Unidos, no solo en Chicago, es que son arte callejero. Supongo que ese mensaje lo es todo para los murales. Los murales le hablan directamente a la gente, es como dijo Marshall McLuhan: el medio es el mensaje”, finalizó Sorell.

La producción y difusión de este reportaje es posible gracias al apoyo de la Field Foundation of Illinois a través de su programa Media and Storytelling. La Raza aprecia su ayuda.