A 20 años de las megamarchas: “Fue algo que no se había visto antes y enseñó por primera vez el poder económico y el poder político”
En la Academia Benito Juárez en Pilsen, líderes inmigrantes reflexionaron sobre el movimiento que dio lugar las manifestaciones masivas pro inmigrantes de 2006
Líderes inmigrantes, entre ellos Guillermo Gómez (der) y el congresista Jesús ‘Chuy’ García (centro), dialogaron sobre las megamarchas pro inmigrantes de 2006 y la situación actual en materia de inmigración en la Academia Benito Juárez en Chicago. (Ashley Quincin / La Raza) Crédito: Impremedia
Veinte años después de que cientos de miles de inmigrantes y sus aliados llenaran las calles de Chicago en unas de las manifestaciones más grandes en la historia de Estados Unidos, líderes comunitarios se reunieron para reflexionar sobre el legado de las megamarchas de 2006 y la lucha por una reforma migratoria.
La conversación, realizada en la escuela Academia Comunitaria Benito Juárez en Pilsen y organizada por defensores comunitarios y organizadores de larga trayectoria, entre ellos Carlos Arango, conmemoró el 20 aniversario de las protestas masivas pro inmigrantes que recorrieron el país en la primavera de 2006.
Aquellas manifestaciones fueron provocadas por una propuesta de legislación federal, la llamada Ley Sensenbrenner, que habría ampliado drásticamente las sanciones contra inmigrantes indocumentados y quienes los ayudaran.
Los panelistas dijeron que las marchas, a menudo conocidas como las “megamarchas” en Chicago, transformaron el debate nacional sobre inmigración y demostraron el poder político y económico de las comunidades inmigrantes.
“Ese esfuerzo fue un esfuerzo colectivo”, dijo el activista Guillermo Gómez durante el evento. “Un esfuerzo donde estábamos enfrentando una ley… una de las más punitivas piezas de legislación hasta ese punto que habíamos visto”.
Las protestas fueron provocadas en gran parte por el proyecto de ley ‘Border Protection, Antiterrorism, and Illegal Immigration Control Act of 2005’, conocido como ley Sensenbrenner, que habría criminalizado a los inmigrantes indocumentados y a quienes los asistieran. La legislación fue aprobada por la Cámara de Representantes de Estados Unidos, pero finalmente fracasó en el Senado tras una reacción nacional.
En todo el país, millones de personas marcharon esa primavera. La manifestación de Chicago del 10 de marzo de 2006, descrita con frecuencia como una de las primeras grandes protestas del movimiento, ayudó a encender manifestaciones similares en ciudades de todo el país.
Los organizadores dijeron que la magnitud fue sin precedentes.
“En realidad en todos los Estados Unidos… Fueron 150 ciudades que participaron en esa marcha que se lanzó de aquí de Chicago”, dijo Gómez. “Fue algo que no se había visto antes y enseñó por primera vez el poder económico y el poder político” de los inmigrantes.
Estimaciones de la época realizadas por la Policía de Chicago indicaron que más de 100,000 personas marcharon en la ciudad, convirtiéndola en una de las manifestaciones más grandes en la historia, según reportes del Chicago Tribune. A nivel nacional, millones participaron en protestas durante esa primavera.
Las movilizaciones culminaron con manifestaciones en todo el país el 1 de mayo de 2006, a veces llamado “Un día sin inmigrantes”.
La organizadora comunitaria Aida Flores recordó haber participado mientras criaba a su hija pequeña. En ese momento estaba estudiando en la universidad y sintió que debía unirse a las protestas.
“Me acuerdo claramente… mi hija estaba aquí, tenía cuatro años”, dijo Flores. “Y me acuerdo cuando le dije a su papá: tienes que ir a la escuela a sacarla de la escuela y a marchar”.
“Era muy claro para mí que necesitábamos estar allá para abogar para asegurarnos que no nos pudieran borrar y saber que los inmigrantes como nuestros padres y como los hijos crearon esta nació”, añadió Flores.
Los oradores también enfatizaron que las marchas de 2006 no surgieron de la nada. Fueron la culminación de décadas de organización en comunidades inmigrantes, particularmente en barrios de Chicago como Pilsen y La Villita.
Gómez dijo que las campañas lideradas por inmigrantes ya llevaban décadas en marcha. Esas luchas incluyeron batallas previas por el acceso a la educación, los derechos laborales y la reforma migratoria, explicó.
El representante federal Jesús ‘Chuy’ García, quien también participó en el evento, dijo que las protestas de 2006 reflejaron un impulso más amplio por una reforma migratoria que aún no se ha resuelto. García conectó esas manifestaciones con la última gran reforma migratoria: la ‘Immigration Reform and Control Act’, firmada en 1986 por el presidente Ronald Reagan, que legalizó a millones de inmigrantes indocumentados.
Pero dijo que los años posteriores a las marchas trajeron políticas cada vez más restrictivas en lugar de una reforma integral. Las marchas exigían “papeles para todos”. En cambio, dijo García, la aplicación de la ley migratoria se intensificó bajo múltiples administraciones y ambos partidos políticos.
“Quiero enfatizar el papel de ambos partidos políticos en crear la crisis actual que vivimos y lo que trajo la opresión, la represión y las tácticas violentas de la migra [ICE y CBP, por sus siglas en inglés], que hemos vivido especialmente durante los últimos meses, el último año en particular aquí en Chicago”, dijo García.
Bajo la segunda administración de Donald Trump, la aplicación de las leyes migratorias se ha expandido drásticamente, con agentes federales realizando redadas en lugares de trabajo, arrestando personas en tribunales y afuera de escuelas, y desplegando agentes de la Patrulla Fronteriza en ciudades como Chicago, Charlotte y Minneapolis.
García dijo que legislación aprobada en el Congreso actual, incluyendo más de $170,000 millones de dólares en nuevo gasto para detención, infraestructura de deportación y control fronterizo bajo el llamado 0One Big Beautiful Bill Act’ del presidente Trump, ha ampliado dramáticamente el alcance de ICE en ciudades como Chicago.
“Son los que han traído la máxima violencia a las redadas que se han hecho en los operativos en Chicago y en otras ciudades”, dijo García.
Pero la aprobación pública hacia una aplicación agresiva de las leyes migratorias, dijeron los panelistas, parece estar disminuyendo. García dijo que encuestas que muestran una caída en el apoyo a la agenda migratoria de Trump han preocupado a los republicanos de cara a las elecciones de medio término de 2026 y sugirió que el propio presidente podría estar moderando parte de su retórica más extrema.
Los demócratas en el Congreso, dijo García, han mostrado un frente inusualmente unido al bloquear financiamiento para el Departamento de Seguridad Interna de los Estados Unidos hasta que se logren concesiones significativas.
Entre sus demandas están exigir órdenes judiciales antes de realizar arrestos migratorios, poner fin al perfilamiento racial en las operaciones de inmigración y proteger lugares sensibles como escuelas, iglesias y clínicas de salud.
En los tribunales, agregó García, demandas que desafían las prácticas de aplicación migratoria de la administración han tenido importantes éxitos iniciales, con jueces bloqueando vuelos de deportación, deteniendo operaciones en ciertos lugares y ordenando la liberación de personas detenidas sin el debido proceso legal.
Pero los panelistas coincidieron en que nada de eso será suficiente sin el tipo de movilización masiva que sacudió al país en 2006. Señalaron las protestas en Minneapolis a principios de este año, donde residentes rodearon vehículos de ICE y bloquearon operaciones de deportación, como un ejemplo de lo que se necesita.
“Lo más importante va a seguir siendo las movilizaciones y lograr hacer más aliados”, dijo García. “Tenemos que hablar de una lucha de todos nosotros, de una lucha que es más inclusiva en cuestión de a dónde vamos hacia adelante”.
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