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Carta de Reggie Gonzales al editor sobre las acusaciones contra César Chávez

“Las acusaciones de mala conducta no deben ser ignoradas, y… una vida de logro público no debe ser despojada sin pruebas concluyentes”

Una estatua del líder campesino César Chávez en Los Ángeles.

Una estatua del líder campesino César Chávez en Los Ángeles. Crédito: EFE

La reciente publicación de acusaciones contra César Chávez ha desencadenado una ola de reacciones profundamente preocupante. Instituciones, organizaciones y particulares han comenzado a eliminar su imagen, estatua y nombre de los espacios públicos. En California, incluso un mural en honor a Chávez ha sido borrado. Estas acciones no están justificadas, y deben terminar.

Las acusaciones graves siempre deben tomarse en serio. Pueden justificar la investigación, la discusión y la revisión cuidadosa. Pero las acusaciones no son prueba, y una investigación periodística no es lo mismo que un veredicto legal o histórico. Con base en la evidencia descrita públicamente, el caso contra Chávez se basa en gran medida en testimonios retrospectivos y corroboración indirecta, no en evidencia directa de los presuntos actos. Esa distinción es importante.

Lo que es especialmente preocupante es la velocidad con la que algunos han pasado de la acusación al castigo. Esto recuerda los peores hábitos del periodismo amarillo, en los que los cargos sensacionales inflaman la opinión pública y producen consecuencias mucho más allá de lo que la evidencia puede sostener. Cuando las acusaciones se presentan de una manera que alienta al público a tratarlas como un hecho resuelto, el resultado no es un juicio cuidadoso sino una condena pública ante la prueba.

El legado histórico de César Chávez se basa sobre todo en su liderazgo en la lucha por los derechos laborales de los trabajadores agrícolas, especialmente su derecho a organizarse y sindicalizarse. Ese legado pertenece no solo al propio Chávez, sino a los trabajadores agrícolas y a las familias cuyos sacrificios construyeron ese movimiento. Desmantelar ese legado sobre la base de acusaciones no probadas no es justicia. Es un acto de borrado histórico.

Una sociedad imparcial debe ser capaz de mantener dos principios a la vez: que las acusaciones de mala conducta no deben ser ignoradas, y que una vida de logro público no debe ser despojada sin pruebas concluyentes. Debemos rechazar tanto la adoración de héroes ciegos como la condena ciega. Debemos insistir en la evidencia, la equidad y la perspectiva.

Por estas razones, la eliminación de la imagen, estatua, nombre y monumentos públicos de César Chávez debería detenerse. Los murales no deben ser borrados. Los honores públicos no deben ser revocados con prisa. Las instituciones no deben entregar la historia al pánico. Si el objetivo es la verdad, entonces la respuesta debe ser medida, basada en principios y justa.

Sinceramente,

Refugio (Reggie) Gonzales

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