Las remesas que sostienen a los repatriados en México

El Banco de México reporta alrededor de 100 millones de dólares diarios

MEXICO.- El incremento de las remesas que en los últimos tiempos registra el Banco de México ––alrededor de 100 millones de dólares diarios–– no tendría una  explicación integral sin los repatriados.

Los padres, esposas, hermanos, tíos, sobrinos, parentela en general y hasta amigos dan muestras de su solidaridad con quienes de un día para otro tienen que empezar su vida en México.

Sólo en este año, 157, 090 mexicanos fueron deportados desde Estados Unidos: 17,454 al mes, 581 cada 24 horas que se unieron a otros que  llegaron el año pasado y más atrás.

“No sé qué hubiera sido de mi sin la ayuda que me enviaban de EEEUU”, advierte Bernabé Moreno, de 53 años, repatriado hace cinco años.

Moreno estaba todavía en el centro de detención migratoria en Texas cuando recibió el primer respaldo: de su esposa. Con los 150 dólares que le dio pudo llegar a Coahuila y pensar qué sería de su vida.

Sabía que con dos hijos preuniversitarios, la ayuda de su mujer no podría seguir. Así que se puso a buscar trabajo y lo encontró con familiares que tienen un pie de lado norte de la frontera y el otro en el sur, gente que puede ir y venir porque tiene papeles. “Me pidieron que cuidara su casa y me pagaban algo”, recuerda.

A la par, su madre, una hermana, una tía y el sobrino se sumaron a la causa. Con ello juntaba alrededor de 500 dólares mensuales. “No es mucho, pero, para la vida en un pueblo, estaba muy bien”, recuerda.

El Banco de México no clasifica el perfil de los beneficiarios de remesas, por tanto, se desconoce el porcentaje oficial que beneficia a los retornados. Israel Concha, fundador de la organización civil New Comienzos, con alrededor de 20,000 afiliados, asegura que más o menos el 95% de ellos depende de lo que mandan sus familiares, por lo menos durante los primeros seis meses.

“Sin ese dinero quedarían prácticamente en la calle”, afirma.

Por ello, lamenta el alto costo de las comisiones de los bancos y remesadoras y la inseguridad que padecen cuando los repatriados acuden recoger los envíos: constantemente los asaltan y roban. “Esto es muy grave”.

Aún cuando no se encuentren en situaciones extremas, los retornados necesitan de las remesas. Abril Gutiérrez, de 20 años, regresó en familia: su papá  intento regularizarse y perdió el caso en la corte. Desde hace tres años, viven en Ixtapaluca. Con algunos ahorros y trabajos de salarios bajos han podido sortear la reintegración, pero ella necesitaba estudiar, transportarse, comprar libros, libretas, teléfono…

“Mi tío me ha ayudado mucho: antes e enviaba unos 100 dólares por semana; ahora sólo de vez en cuando porque encontré  trabajo”, precisa.

Bernabé Moreno decidió un día mudarse a la capital mexicana, hacer altruismo por otros deportados y buscar trabajo. Lo encontró en un call center hace un año. “Me siento mucho mejor, no me gustaba pensar que me estaban manteniendo”, concluye.

En otros casos, los deportados sostienen por años una vida modesta y viven sólo del dinero que envían los familiares como el abuelo de Abril.  Dos de sus hijos le envían cada mes una remesa y él se acomoda a ella. “Se buscó una novia y pasea”, detalla.

Concha estima que este tipo de casos son excepcionales y la mayoría simplemente intenta sobrevivir de las remesas, el flujo incondicional que mantiene en equilibrio a los repatriados, ¡y el país!

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