Solidaridad entre vecinos en Texas amortigua el dolor de la tragedia

Residentes se ayudan unos a otros para volver a la normalidad
Solidaridad entre vecinos en Texas amortigua el dolor de la tragedia
Habitantes de West, Texas, en una vigilia anoche por las víctimas de la explosión.

West (Texas) – Dos días después de la explosión de la planta de fertilizantes en West la ayuda entre los vecinos se ha convertido hoy en la clave para que el pequeño pueblo tejano vuelva a la calma poco a poco, unas muestras de solidaridad que tienen a muchos latinos como protagonistas.

La localidad de West está ubicada en el condado de McLennan en el que más de un 24 % de sus habitantes son de origen hispano (57,700), según el último Censo, que se dedican fundamentalmente a tareas agrarias y en su mayor parte residen en zonas alejadas del área siniestrada, según confirmaron a Efe varios residentes.

Uno de ellos, Leo Romero López, de 30 años, es el propietario del único restaurante mexicano de West, “Leo’s”, situado a menos de un kilómetro del centro de la catástrofe, y donde se encontraba cuando la instalación química de West Fertilizer saltó por los aires el pasado miércoles por causas que se investigan.

“Estábamos aquí, trabajando y escuchamos la explosión. Empezó a temblar todo”, indicó López a Efe mientras confesaba aliviado que su local no había sufrido daños.

“Muchos pensamos que era una bomba. Después de lo que estaba pasando en Boston pensábamos que venían aquí a hacernos lo mismo”, declaró el empresario que calcula que perderá entre 4,000 y 5,000 dólares tras haber tenido que cerrar al carecer de agua por culpa del suceso.

López, que regenta el establecimiento junto con su madre, María Estrada, de 53 años, tiene ahora la vista puesta en echar una mano a quienes han sufrido la peor parte.

Se calcula que la mitad de los 2,800 habitantes de West tuvieron que ser evacuados de sus casas debido a la deflagración de la planta de fertilizantes que ha causado al menos 12 muertos, 200 heridos y ha destrozado más de 50 casas.

“Somos un pueblo muy chiquito, nos conocemos todos aquí y estamos muy unidos. Siempre que hay una actividad benéfica la gente se junta para ayudar, seas latino o no”, comentó López quien ha ofrecido su despensa para alimentar a los afectados.

“Estamos sacando el agua, viendo qué comidas necesitan, conocemos al muchacho que está cocinando. Ya trajeron varios de mis amigos de otros restaurantes comida y ropa, que es lo que estoy pidiendo yo, que se ayude para la gente que de verdad lo necesita”, reclamó López, originario de Ciudad de México.

A Hugo Alberto Reséndiz de 31 años y natural de Querétaro (México) la explosión le sorprendió poco antes de sentarse a ver un partido de fútbol entre México y Perú por televisión y admitió que después de aquello se le quitaron las ganas.

Su mujer, Amber Martínez, tienen muchos conocidos en el área y se les hizo una noche larga hasta que lograron saber que todos estaban bien. En cuanto la situación se tranquilizó no tuvieron duda de que tenían que hacer algo.

Efe les encontró mientras descargaban del maletero de su vehículo la ropa que habían reunido para donar y que iban a entregar a la iglesia First Assembly of God donde se instaló uno de los centros para atención de las víctimas en West.

“Estamos convocando a la gente a través de Facebook”, indicó Reséndiz a Efe, mientras su mujer daba el último repaso a las prendas que iban entregar.

Entre los productos más demandados estos días en West, además de ropa, según explicó a Efe Michelle Barnes, empleada del supermercado Family Dollar, están los pañales, las lentes de contacto, los cepillos de dientes y agua.