Ben Morin, una nueva generación en la pintura oaxaqueña

Conoce el estilo "pseudorrealismo" de este artista mexicano
Ben Morin, una nueva generación en la pintura oaxaqueña

OAXACA – No es fácil abrirse paso como pintor en Oaxaca. El precedente que sentaron artistas internacionales todas las épocas oriundos de esta tierra como Miguel Cabrera, Rufino Tamayo, Rodolfo Morales o Francisco Toledo empujan hacia estándares de calidad a los que muchos aspiran con el camino abierto por sus famosos paisanos.

Entre las galerías de arte contemporáneo que atiborran las ofertas para los turistas en la capital oaxaqueña (muchos de los cuales viajaron exclusivamente para sumergirse entre los oleos, acuarelas, tintas y lápices indígenas), destaca un artista por vender sus cuadros sólo por la recomendación del boca a boca, casi sin exponer: el año pasado pintó 150 obras y no conserva ninguna: se vendieron como pan caliente.

Se llama Mario Osiris y se firma como Ben Morin, un pseudónimo que surge de una mezcla de sus apellidos Benavides y Morin.  Tiene 37 años, nació en Salina Cruz, y pinta desde los 12 años, sin ninguna escuela y no más influencia que el entorno local: primero en el Itsmo de Tehuantepec y luego en la ciudad de Oaxaca.

Venus y Tauro
Venus y Tauro

Mi tema principal es la igualdad y la idea de que todos los seres humanos y la naturaleza estamos conectados y lo que llega a romper ese vínculo es la ambición”, cuenta camino a entregar una de sus obras que compró un empresario para regalar a un amigo.

El receptor tendrá suerte. Podrá escoger entre tres cuadros al oleo: el primero es un acercamiento al rostro de dos mujeres jóvenes, una negra y la otra blanca con cintas  tehuanas en rojo y amarillo que se entretejen como serpientes en el trasfondo; el segundo es una mujer con la piel tatuada de flores rojas, como la que bordan las tehuanas  y el tercero es un pájaro con vestimenta indígena

A mi estilo de pintura la llamo pseudorrealismo porque la corriente que está de moda ahora aquí, el hiperrealismo, no me convence”, dice al intentar definirse influenciado por una mezcla de Toledo, Lucian Freud (hijo del padre del psicoanálisis Sigmund Freud) y otros que observó, respiró y gozó en el Itsmo de Tehuantepec.

La Princesa del Café. Oleo sobre Tela
La Princesa del Café.

“Quizás comencé a pintar porque de niño iba a casa de unos amigos y veía a su mamá, Julia Isabel Contreras, y el padre (de ella), Jorge Contreras, hacían cosas que a mi me atraían”.

De ello guarda en su memoria dos imágenes relacionadas con el consumo de alcohol, un problema que ha crecido en los últimos tiempos en la región. Una de esas pinturas trata de una mujer que recogió de algún jolgorio a su marido borracho; la otra, de una tehuana que tiraba la cerveza por detrás de su cuerpo para no consumirla.

“Los autores reprodujeron esos cuadros muchas veces como estampitas y eso ya no me gustó,  por eso yo nunca voy a hacer algo igual: quienes tengan mis obras tendrán la certeza de que será única”, dice.

El sueño de Romina, Óleo sobre tela de 80 x 80 cms
El sueño de Romina, Óleo sobre tela de 80 x 80 cms

Ben Morin, de ascendencia libanesa, es uno de los pocos pintores en México que logran el sueño de vivir del arte y, aunque todavía tiene que recurrir algunas veces a la caricatura periodística (actualmente colabora con el periódico El Sol de la Costa), la pintura es su principal fuente de ingresos para criar a su hija de seis años.

Artesanos oaxaqueños firman tapetes como cuadros de pintura

“Si algún día mi obra obra llega a tener un valor como el de los grandes pintores oaxaqueños esto será para ayudar a otras personas: esa es mi filosofía de vida y así me quiero proyectar: el arte es de todos y hay que retribuir algo al mundo”, cuenta mientras guarda la obra camino a entregarla, un proceso complicado porque la pintura es como un hijo: uno lo trae al mundo y se entrega a la sociedad.