Editorial: Cien días perdidos

El presidente Trump llevó a Washington el carácter divisivo y provocador de su campaña
Editorial: Cien días perdidos
El presidente Donald Trump.

Los primeros 100 días de la administración Trump mostraron una ineptitud para trabajar con el Congreso, un desinterés de ser más inclusivo y un perjuicio para el estadounidense medio.

El presidente Donald Trump ganó la elección con un agenda extremista y sin el respaldo de la mayoría de los votantes. Desde la Casa Blanca tuvo la opción de zanjar diferencias gobernando para todos. Sin embargo hizo todo lo contrario. Llevó a Washington su carácter divisivo y provocador de la campaña.

La administración hoy se jacta de ser una de las más productivas durante este período de la historia. Esta afirmación sigue el tono de sus acciones por ser exagerada y discutible.

Se estima que Trump promulgó 28 leyes desde que asumió el poder. Cinco de ellas designan personal, cuatro son de reconocimiento a los veteranos de guerra, en tres se modifican programas existentes, dos de ellas alientan la innovación en agencias federales y una extiende una política del gobierno.

El caso de 13 de ellas es muy especial porque se originan en una ley de 1996 -utilizada una sola vez hasta este año- que otorga al Congreso 60 días para anular las regulaciones creadas por el gobierno anterior.

De esta manera poco común, Trump firmó medidas que quitan protecciones a los consumidores, a los trabajadores, a los retirados, al pequeño ahorrista, a la naturaleza, al aire, al agua y a la ciencia entre otros.

La única coincidencia entre el Ejecutivo y Legislativo republicano es la destrucción del legado de Obama en favor de los intereses corporativos.

A la hora de unir y construir, fracasó rotundamente como en la propuesta para reemplazar la Ley de Acceso de Salud. Allí Trump vio que su arte de la negociación es inútil cuando se trata de contenidos y principios.

La elevación del juez Neil Gorsuch a la Suprema Corte de Justicia fue el mejor momento para Trump. Ya es parte importante de su legado. Pero nuevamente, si de consenso se trata, el Senado republicano tuvo que modificar una norma porque de lo contrario no habría sido aprobado.

El presidente Trump no se caracteriza por la reflexión. Por lo que se sabe de su modo de ser, seguramente está convencido que su gestión merece una A como afirma. En la realidad no mostró ninguna capacidad para gobernar de un manera constructiva, positiva y significativa para todos.