Indocumentada desanda el camino de sus padres y vuelve a EEUU con visa
Conoce la historia de Stephany Ramírez
MEXICO.- En la flor de su juventud, Stephany Ramírez, se dio de golpes con una realidad irrefutable: no podía pagar los $5,000 dólares como mínimo que exigía cualquier universidad en California y no tenía posibilidad de beca porque era indocumentada.
Durante varias noches meditó sobre ésta y otras situaciones en las que vivía desde los ocho años, cuando sus padres la llevaron a Estados Unidos sin su consentimiento por ser menor de edad. Pensó en el eterno miedo a la deportación que tenía la familia y el consecuente “Jesús en la Boca” que implica la zozobra.
Pensó en el afán extremo por no hacer las cosas mal para no llamar la atención, el estrés de manejar el auto perfectamenbte, de no hacer ruido para no molestar a los vecinos y las nulas posibilidades de ayuda escolar en la Unión Americana.
Stephany terminó en 2010 sus estudios de high school y quería tomar la carrera de socialogía pero aún no existía la posibilidad de tener acceso a ayuda oficial porque DACA, el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA) llegó dos años después.
Por eso decidió en su momento regresar a Mexico, particuarmente a Tijuana para no alejarse demasiado de los suyos, aunque ellos estuvieran lejos del muro.
“Lo más difícil fue llegar y darme cuenta que aunque siempre había dicho y me sentía mexicana en realidad no conocía nada de mi país de nacimiento”, cuenta en entrevista con este diario después de una sesión de apoyo a veteranos deportados . “Tarde un año para nivelarme, en estudiar más español y entrar a la Universidad Autónoma de Baja California para estudiar Derecho”.
Cinco años después, ya con el diploma de graduada en leyes en la mano, no se arrepiente de nada y no lamenta nada, excepto que su familia no haya podido venir el día de su graduación .
“No me imagino haber esperado algo como DACA (autorizada en 2012) y a estas alturas seguir en la incertidumbre de que en cualquier momento me echen del país”, concluye.
En las últimas horas, el presidente Donald Trump volvió a la carga contra los migrantes y contra los jóvenes Dreamers beneficiados por el programa.
“Los republicanos tienen que recurrir a la Opción Nuclear —un procedimiento parlamentario que permite al Senado anular reglas por mayoría simple— para aprobar leyes estrictas ahora mismo. ¡No más DACA!”, escribió en la Twitter, su red social favorita.
Stephany ha seguido a distancia el proceso y el debate en el cual los dreamers son parte de un juego político en la Unión Americana un poco entristecida por sus amigos en esa situación.
A finales del año pasado tomó el toro por los cuernos y entró al consulado estadounidense en la zona para pedir una visa, después de todo, ella había desandado el camino de sus padres hacia el sur y había hecho las cosas bien en la medida de sus posibilidaes.
Ella trabajó para los callcenters estadounidenses en Tijuana y ahora busca trabajar para el ayuntamiento como abogada mientras hace activismo social para ayudar a los deportados mexicanos que llegan por miles: en 2017 arribaron sólo a Tijuana más de 32,000, una cuarta parte del total en el país.
El consulado dijo sí. Y le dio una visa de turista.
Entonces ella voló para ver a sus padres y hermanos. “Nos abrazamos como siempre porque gracias a Skype siempre nos vemos a larga distancia”, pero sentirlos otra vez y verlos caminar por las calles de esa ciudad donde se encuentran -omite el nombre por seguridad de ellos- fue dificil para mi porque volví a verlos con miedo. El mismo miedo que yo tenía antes aunque no había tantas redadas como ahora”.