Dulce de Leche Café: el sueño hecho realidad de emprendedores indocumentados de Chicago

Cuatro hermanos mexicanos indocumentados asumieron el riesgo de abrir un negocio en plena pandemia del coronavirus. Tras un año de retos y desafíos para mantenerse a flote, ahora el éxito está de su lado y el emprendimiento ya viene generando empleo

Los hermanos Contreras y Marlene Castillo, beneficiaria del programa DACA, en Dulce de Leche Café en el barrio de Albany Park. (Belhú Sanabria / La Raza)
Los hermanos Contreras y Marlene Castillo, beneficiaria del programa DACA, en Dulce de Leche Café en el barrio de Albany Park. (Belhú Sanabria / La Raza)
Foto: Impremedia

Expertos en economía tienen opiniones divididas con respecto a lo acertado o equivocado que podría resultar abrir un negocio en tiempos de pandemia.

Sin embargo, hay emprendedores que contra todo pronóstico han decidido hacer empresa y asumir riesgos.

Los hermanos Contreras, originarios de Cuernavaca, Morelos, desde que emigraron de México a Estados Unidos junto a sus padres se establecieron en el barrio de Albany Park, en el noroeste de Chicago. Los Contreras tenían un sueño: tener un negocio propio en el vecindario donde crecieron.

Omar, Fernando y Gerardo Contreras han trabajado en la industria restaurantera por más de una década, mientras que su hermana mayor Jaqueline ha estado dedicada a limpiar restaurantes. Los cuatro renunciaron a sus trabajos para convertir en realidad su sueño de abrir Dulce de Leche Café en Albany Park en abril de 2020. Gerardo es chef del negocio.

El emprendimiento no era un terreno ajeno a ellos, ya que desde pequeños vieron a sus padres ganarse el pan como comerciantes en México.

El plan de negocio inició en 2019 y cuando ya estaban listos para abrir fue cuando surgió la pandemia del covid-19 y los tomó por sorpresa, mencionaron los emprendedores.

En marzo de 2020, el gobernador de Illinois JB Pritzker dio la orden de permanecer en casa debido al coronavirus y hubo restricciones en los negocios para prevenir contagios.

Omar Contreras, uno de los propietarios de Dulce de Leche Café, administra el negocio y su esposa Marlene Castillo, beneficiaria del programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), le ayuda con la estación del café.

Contreras dijo que recibieron la licencia para abrir el negocio en medio de la cuarentena “prácticamente dos semanas después de que todo el mundo se encerró en casa… Cuatro familias iban a depender del negocio, no teníamos opción de pensar si podíamos o queríamos, tomamos la decisión de asumir el riesgo en abril de 2020”.

Así, con sólo $200 en la bolsa cada uno de los cuatro hermanos hicieron una compra de $800 en productos para elaborar sus platillos y venderlos en el negocio. “Cada uno puso los últimos $200 que tenía en el bolsillo… y hoy en día estamos aquí después de un año”, destacó Omar Contreras en entrevista con La Raza. “Con todo esto de la pandemia estamos con salud, con el negocio a flote y no estoy en números rojos”.

Este es un negocio de familia, señala Contreras, quien también atribuye el éxito a la pasión con la que trabajan, a la unión familiar y al explotar el potencial de cada uno de los que laboran en el restaurante, que es una fusión latina-europea en el que ofrecen diferentes tipos de café, crepas de estilo francés con sabor latino, sándwiches y más.

Cumpliendo el sueño americano

Con una playera negra con el eslogan ‘Yo preparo puro café y comida chingona’, los cuatro hermanos reciben a sus clientes en su negocio que se distingue por tener una clientela multicultural que gusta de la comida latina.

Los propietarios dijeron que quisieron traer un concepto en el que la gente no tenga que ir hasta el centro de Chicago para disfrutar un buen café y suculentos platillos como crepas francesas de dulce de leche, chilaquiles verdes, torta ahogada y ‘my favorite chicken sandwich’, por mencionar algunos.

Como Omar creció en Albany Park, sabe que es una comunidad multiracial en la que habitan anglosajones, europeos, asiáticos y una comunidad latina muy diversa por lo que dice que cuando crean un platillo buscan complacer a todos los paladares.

La mitad del personal del negocio ya está vacunado contra el covid-19 y ahora que la ciudad ha relajado las restricciones en interiores de los lugares bajo techo a una capacidad del 50%, los Contreras aseguran que esto ha ayudado a que más clientes vengan a consumir y han aumentado las ventas.

Contreras dice que ahora que se puede atender en mayor capacidad, están teniendo clientes nuevos que llegan desde Waukegan, Elgin, Aurora y hasta de Indiana. “Esto me gusta porque no solamente es mejora para el negocio: al mismo tiempo podemos crear puestos de trabajo. Por ahora, hemos dado empleo a por lo menos nueve personas”.

Ahora ve una luz al final del túnel, pero el emprendedor recuerda que debido a la pandemia han tenido tiempos difíciles. “Definitivamente no fueron los mejores tiempos, fue muy difícil, nos tocó sufrir y pasar por crisis económicas fuertes porque aquí las facturas para un negocio no esperan, la renta no espera”.

Marlene Castillo, originaria de Puebla, México, dijo que la clave de haber llegado hasta aquí “es que nunca se aceptó un no como respuesta y dónde quiera que fuimos, aunque se cerraba la puerta o se encontraba algo negativo, siempre se siguió tocando puertas, haciendo preguntas y se aprendió con la falla y error”.

Castillo recuerda que cuando repartían volantes de publicidad por el barrio, la gente no se lo recibía por miedo al contagio del covid-19: “nadie quería salir de casa, nadie quería recibir nada, sí fue un poco complicado al inicio de la pandemia, pero todas las horas que invertimos aquí trabajando dieron sus frutos”.

Los hermanos Contreras no fueron elegibles para ningún tipo de ayuda federal, estatal o municipal por lo que durante los tiempos difíciles se mantuvieron a flote con comida para llevar y entrega a domicilio. Y mencionaron que su clientela ha aumentado gracias al apoyo de su comunidad, de las redes sociales y por recomendación de persona a persona. “Iniciamos el negocio con un ‘ITIN number’ [número de identificación fiscal para quienes no tienen número de Seguro Social], hay procesos difíciles, pero sí se puede. Nosotros emigramos como mucha gente con el sueño americano y creo que puedo decir que está pasando, porque era un sueño abrir nuestro propio negocio y hoy día está realizándose”.

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