Publicaciones plantean preocupaciones infundadas sobre el aluminio en las vacunas

Resumen SciCheck: Por muchas décadas se han utilizado pequeñas cantidades de aluminio para reforzar la respuesta inmunitaria a las vacunas. La exposición a altos niveles de aluminio se ha asociado a problemas cerebrales y óseos, pero no hay pruebas de que el nivel de exposición que proporcionan las vacunas provoque dicha toxicidad, al contrario de lo que se afirma en las redes sociales.

La vacunación es una protección contra las enfermedades.

La vacunación es una protección contra las enfermedades. Crédito: Jean-Christophe Bott | EFE

Los adyuvantes de las vacunas (ingredientes que se añaden para aumentar la eficacia) ayudan a estimular el sistema inmunitario para que responda con fuerza a los ingredientes principales de las vacunas. El aluminio sirve como adyuvante en algunas vacunas, como las de la difteria, el tétanos y la tos ferina, y las de la hepatitis A y B.

El aluminio se encuentra en la corteza terrestre, el agua y el aire, así como en diversos alimentos, medicamentos y otros productos. Estudios en animales y seres humanos indican que altas dosis de aluminio pueden tener efectos neurológicos. Las personas con insuficiencia renal expuestas a lo largo del tiempo a una cantidad excesiva de aluminio a través de la diálisis o la nutrición administrada directamente en el torrente sanguíneo han desarrollado problemas cerebrales y óseos.

Sin embargo, la exposición a las pequeñas cantidades de aluminio de las vacunas supone un “riesgo sumamente bajo para los lactantes” según los cálculos de científicos de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés).

No obstante, publicaciones en las redes sociales a menudo plantean preocupaciones infundadas sobre el aluminio en las vacunas, entre ellas, que puede dañar el sistema nervioso, que supera los niveles de seguridad o que no es seguro porque nunca sale del organismo. Como hemos escrito, esto es parte de un patrón más amplio en el que se intenta plantear preocupaciones sobre las vacunas haciendo afirmaciones infundadas de daños causados por sustancias presentes en cantidades ínfimas.

“El aluminio es una neurotoxina conocida”, decía una publicación reciente en Instagram. “Si seguimos bombardeando el sistema una y otra vez en tantas visitas al médico con un calendario de vacunación cada vez mayor, tiene que haber un punto de ruptura”, decía engañosamente la publicación, refiriéndose a la exposición al aluminio de las vacunas.

La publicación se refiere luego a un “límite de seguridad” de la FDA de 5 microgramos diarios de aluminio por kilogramo de peso corporal, y lo yuxtapuso a las cantidades de aluminio de las vacunas. Pero las  recomendaciones preliminares de la FDA sugieren este límite para la exposición diaria total al aluminio de productos para nutrición intravenosa, administrados a personas que no pueden absorber nutrientes en sus intestinos. Este límite no se aplica a las vacunas, que tienen sus propios límites de aluminio.

“Hay enfermedades en las que el aluminio puede dañar el sistema nervioso” Robert Yokel, profesor emérito de la Universidad de Kentucky que ha estudiado la toxicología del aluminio, dijo a FactCheck.org en un correo electrónico. Se refirió al ejemplo de los pacientes de diálisis expuestos a altos niveles de aluminio infundido directamente en su sangre.

Sin embargo, “lo relevante es la dosis (concentración)”, afirmó Yokel, quien añadió que no tiene constancia de que las exposiciones típicas al aluminio dañen el cerebro.

Los efectos secundarios conocidos de los adyuvantes de aluminio suelen ser menores 

Los adyuvantes de aluminio de las vacunas pueden causar efectos secundarios en el lugar de la inyección. Estas reacciones locales incluyen “un poco de enrojecimiento, hinchazón y firmeza leve, pero no conllevan problemas duraderos”, dijo a FactCheck.org el Dr. Neal Halsey, director emérito del Instituto para la Seguridad de las Vacunas de la Universidad Johns Hopkins.

Halsey dijo que en casos muy raros, las personas pueden desarrollar una hipersensibilidad a los adyuvantes de aluminio después de recibir múltiples dosis de vacunas, dando lugar a nódulos en el lugar de la inyección. Esta reacción se produce a una tasa estimada de 300 a 8.300 casos por millón de personas.

Una afirmación engañosa recurrente en las redes sociales es que el aluminio se acumula en el cuerpo y esto significa que no es seguro. Aunque la mayor parte del aluminio (procedente de vacunas o de otras fuentes) se procesa en los riñones y se excreta en la orina, una parte permanece en el organismo. Del aluminio que permanece en el organismo, la mayor parte se encuentra en los huesos.

“Se ha demostrado que, a lo largo de la vida de un ser humano, la concentración de aluminio aumenta en varios órganos, incluido el cerebro”, dijo Yokel.

Sin embargo, dijo, la acumulación de aluminio no es necesariamente peligrosa. “Este es un ejemplo de que ‘la dosis hace al veneno’”, dijo. “Concluir que la acumulación de aluminio da lugar a una situación peligrosa, sin tener en cuenta el nivel de acumulación, es una falacia sin sentido”.

Para conocer mejor el posible impacto del aluminio de las vacunas en los lactantes, investigadores de la FDA publicaron en 2011 un análisis actualizado de las cantidades de aluminio a las que estarían expuestos los lactantes a través de las vacunas y de fuentes alimentarias como la leche materna, la fórmula para bebés y los alimentos.

Como referencia, los investigadores utilizaron un nivel de riesgo mínimo para el aluminio establecido por la Agencia para el Registro de Sustancias Tóxicas y Enfermedades sobre la base de experimentos en los que se alimentó a ratones con una sal de aluminio. Los estudios midieron las repercusiones neurológicas en ratones expuestos al aluminio en el útero y durante los primeros años de vida. El nivel mínimo de riesgo es una estimación de la cantidad de una sustancia que una persona puede consumir “sin que exista un riesgo detectable para la salud” según la agencia.

Las vacunas que contienen aluminio se suelen inyectar en el músculo, y el aluminio se libera gradualmente a lo largo del tiempo en el torrente sanguíneo desde el lugar de la inyección. Teniendo en cuenta las múltiples fuentes posibles de aluminio en la sangre de los bebés y la lenta liberación del aluminio proveniente de las vacunas, los investigadores hallaron que no se espera que la carga corporal de aluminio supere el límite de seguridad. De hecho, el nivel se mantuvo en menos de la mitad del límite de seguridad, escribieron, y señalaron que este límite en sí mismo tiene un margen de seguridad incorporado y que la exposición en, o ligeramente por encima del límite podría ser segura.

“Concluimos que las exposiciones episódicas a vacunas que contienen adyuvante de aluminio siguen siendo de riesgo sumamente bajo para los lactantes y que los beneficios del uso de vacunas que contienen adyuvante de aluminio superan cualquier preocupación teórica”, escribieron los investigadores de la FDA.

Los investigadores descubrieron que, durante la infancia, el aluminio de las vacunas podría aportar, como máximo, el doble de la cantidad que el organismo absorbe de fuentes alimentarias, teniendo en cuenta que la inmensa mayoría del aluminio presente en los alimentos o las bebidas nunca es absorbido por el organismo. Otras investigaciones han indicado que, en general, las vacunas aportan una cantidad insignificante de aluminio a la exposición total de los niños.

En un estudio, publicado en 2017 en Academic Pediatrics, se tomaron muestras de sangre y cabello de 85 niños sanos de entre 9 y 13 meses de edad. Los investigadores no encontraron una correlación entre las vacunas que habían recibido los niños y la cantidad de aluminio en el pelo o en la sangre, ni al examinar los antecedentes de vacunación totales ni las vacunas que habían recibido el día de la prueba. Esto coincide con los resultados de un estudio más pequeño de niños 2 meses prematuros que tampoco halló una relación entre la vacunación y los niveles de aluminio en la sangre.

Publicaciones tergiversan los límites de seguridad del aluminio

Como hemos dicho, la FDA establece límites en la cantidad de aluminio que puede haber en las vacunas individuales. A pesar de ello, en las redes sociales se repiten afirmaciones de que el aluminio de las vacunas supera los límites de seguridad.

“Si el bebé es de tamaño normal, y digamos que pesa alrededor de 8 libras (3,6 kilogramos), solo en la vacuna contra la hepatitis B la cantidad de aluminio es casi 14 veces la cantidad de aluminio que está aprobada por la FDA”, dijo engañosamente Ty Bollinger en un video que compartió recientemente en Instagram. Bollinger, que posee una editorial, ha sido durante mucho tiempo un prolífico difusor de desinformación sobre temas tales como el cáncer y las vacunas.

El video hace referencia a un límite de 5 microgramos de aluminio por kilogramo de peso corporal. Pero como hemos dicho, esta recomendación preliminar se aplica a la exposición diaria total de los productos de nutrición intravenosa. Desde hace tiempo, la normativa de la FDA también declaró que estos productos de nutrición intravenosa deben llevar una etiqueta de advertencia en la que se indique que las personas con insuficiencia renal, incluidos los bebés prematuros, “acumulan aluminio a niveles relacionados con toxicidad para el sistema nervioso central y los huesos” cuando se exponen a niveles superiores a 4 o 5 microgramos por kilogramo por día.

Sin embargo, este límite diario recomendado no se aplica a las vacunas. Ninguna vacuna disponible en EE. UU. se administra por vía intravenosa. Las vacunas que utilizan adyuvantes de aluminio suelen inyectarse en el músculo.

Con la nutrición intravenosa, “el 100% pasa inmediatamente a la sangre, desde donde puede distribuirse por todo el cuerpo y ser eliminado (por los riñones, que se encargan de más del 95% de la eliminación del aluminio)”, explicó Yokel.

En cambio, la absorción del aluminio de las vacunas “no es inmediata”, dijo. La misma cantidad de aluminio administrada en una vacuna no produciría una concentración en la sangre tan alta como la misma cantidad administrada por vía intravenosa, dijo, y el aluminio se eliminaría con el tiempo al ser “absorbido desde el lugar de la administración no intravenosa”.

“Conclusión: En cualquier momento después de la administración por vías no intravenosas, el nivel de aluminio en la sangre sería menor que después de la administración por vía intravenosa”, dijo Yokel.

Los estudios sobre los adyuvantes de aluminio continúan

Las publicaciones y los artículos en internet también insinúan engañosamente que no existen estudios sobre la seguridad del aluminio en las vacunas. Como hemos dicho, se ha estudiado la seguridad del aluminio en las vacunas en el pasado y se continúa haciéndolo.

Una publicación reciente incluyó una captura de pantalla de una página web de Informed Consent Action Network (ICAN) que dice: “Los CDC y los NIH son incapaces de proporcionar un solo estudio que apoye la seguridad de inyectar adyuvantes de aluminio a pesar de su uso generalizado en las vacunas infantiles”. ICAN, una organización sin fines de lucro fundada por Del Bigtree, que tiene un historial de difusión de información incorrecta sobre las vacunas, describe la presentación de solicitudes amparadas por la Ley de Libertad de Información (FOIA, por sus siglas en inglés) a los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades y a los Institutos Nacionales de Salud de “cualquier estudio en seres humanos o animales” en el que las agencias se basaron para “establecer la seguridad de vacunar a bebés y niños” con adyuvantes de aluminio.

Es cierto que las agencias no enviaron estudios en respuesta a solicitudes específicas amparadas por la FOIA, pero esto no significa que no se hayan estudiado los adyuvantes de aluminio.

Según documentos del sitio web de ICAN, la Oficina de Seguridad de la Vacunación (ISO, por sus siglas en inglés) de los CDC en última instancia respondió que “[e]sta solicitud queda fuera del ámbito de la ISO y debe remitirse a la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU.”. Los NIH dijeron a ICAN que buscara material públicamente disponible, como literatura científica.

La FDA evalúa la seguridad de las vacunas caso por caso. Esto incluye la evaluación de si los adyuvantes incluidos afectan negativamente la seguridad de la vacuna. 

Fuera del proceso de aprobación de la FDA, también ha habido intentos de evaluar diversas preocupaciones de seguridad relacionadas con los adyuvantes de aluminio. Un estudio de 2004 publicado en Lancet Infectious Diseases, respondió a las preocupaciones sobre las versiones de las vacunas contra la difteria, el tétanos y la tos ferina (DTP) que contienen aluminio agrupando datos de estudios realizados en niños que comparaban las vacunas DTP con y sin adyuvantes de aluminio.

“Los resultados de nuestra revisión deben interpretarse dentro de la limitada cantidad y calidad de las pruebas disponibles”, dijeron los investigadores. “Dentro de estos límites, no encontramos pruebas de que las sales de aluminio causen ningún efecto adverso grave o duradero”.

Otra preocupación era que el aluminio de las vacunas pudiera causar una familia de trastornos autoinmunitarios, pero esto no se ha confirmado. Las pruebas no apoyan la idea de que estas afecciones estén causadas por adyuvantes de aluminio, según una revisión de 2017 publicada en la revista Journal of Allergy and Clinical Immunology: In Practice. 

Por ejemplo, según los investigadores, en un estudio amplio se descubrió que las personas que recibían vacunas antialérgicas con una dosis acumulativa muy alta de aluminio (utilizadas fuera de EE. UU.) tenían una tasa menor de enfermedades autoinmunes que las que recibían otros tratamientos antialérgicos.

Más recientemente, en un estudio publicado en 2022 en Academic Pediatrics se encontró una “posible señal de seguridad” que indica una asociación entre las vacunas que contienen aluminio y el asma. El estudio se basó en historias clínicas de Vaccine Safety Datalink (VSD), una colaboración entre los CDC y organizaciones de atención de la salud para la vigilancia de la seguridad de las vacunas.

Los investigadores eligieron estudiar el asma debido a los datos obtenidos en animales que indican un mecanismo inmunológico teórico por el que las vacunas que contienen aluminio podrían aumentar el riesgo de asma y, al mismo tiempo, disminuir el riesgo de enfermedades autoinmunes, como la diabetes de tipo 1. Curiosamente, en otro estudio de VSD separado, publicado en 2021 en Pediatrics, se halló que una mayor exposición al aluminio a través de las vacunas estaba asociado a un menor riesgo de diabetes de tipo 1.

A veces, las posibles señales de seguridad resultan ser reales, y a veces no. La cuestión de si las vacunas que contienen aluminio están relacionadas con el asma “se está sometiendo ahora a una evaluación más profunda y a más estudios para intentar determinar si es realmente cierto o si se trata solo de una asociación”, lo que significa que no existe una relación causa-efecto, dijo Halsey.

Traducido por Claudia Cohen.

Nota del editor: Los artículos de SciCheck que brindan información certera y que corrigen información errónea sobre temas de salud se publican gracias a una beca de la Robert Wood Johnson Foundation. La fundación no tiene control alguno sobre las decisiones editoriales de FactCheck.org, y los puntos de vista expresados en nuestros artículos no reflejan necesariamente el punto de vista de la fundación.

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