Redadas de inmigración perturban un programa que protege a los estudiantes de Chicago
Mientras la ‘Operación Midway Blitz’ sembraba miedo, algunos trabajadores de seguridad escolar, y niños, se quedaban en casa
En Chicago, los trabajadores de Safe Passage protegen a los niños de disparos y otros daños, pero algunos se ausentaron del trabajo por miedo a las redadas federales de inmigración. Crédito: AP
Cuando comenzó la “Operación Midway Blitz” en septiembre, agentes federales vigilaron La Villita de Chicago, un barrio de mayoría latina. Cuando Natalia escuchaba el ruido de los helicópteros, sabía que ICE está patrullando cerca. La detención y deportación casi constante de sus vecinos la ha tenido nerviosa. Natalia, quien pidió que la identificaran con un seudónimo porque teme por su seguridad, está asustada de que, como mujer que vive indocumentada en Estados Unidos, también la alejen de su familia, su trabajo y su comunidad.
Esta historia se publicó originalmente en The Trace.
“En esos días, iba temblando [al trabajo]”, dijo Natalia en español. “Había días en los que no iba a trabajar”. Para ella, trabajar significa formar parte del personal del programa Safe Passage de las Escuelas Públicas de Chicago, que busca proteger a los estudiantes de amenazas como la violencia con armas de fuego mientras caminan hacia y desde la escuela.
A principios de 2025, la administración Trump revocó las protecciones que las escuelas tenían contra las autoridades migratorias. Los habitantes de Chicago, como ella, han presenciado ese cambio en tiempo real en las noticias: una maestra de preescolar arrastrada fuera de una guardería; dos mujeres detenidas justo afuera de una escuela; un hombre fue detenido mientras dejaba a sus hijos.
Esta revocación, sumada a la mayor presencia de agentes de ICE y de Aduanas y Protección Fronteriza, provocó que varios trabajadores de Safe Passage suspendan sus labores y que más estudiantes falten a clases. Las redadas se produjeron en un momento ya vulnerable para el programa: las Escuelas Públicas de Chicago (Chicago Public Schools, CPS) recortaron recientemente el presupuesto de Safe Passage en casi $6 millones, según informó el Chicago Sun-Times. Para mantener la seguridad de los estudiantes y los trabajadores del programa, las organizaciones que gestionan Safe Passage con las CPS han capacitado a personal adicional para sustituirlos; otros grupos comunitarios han creado rutas de transporte alternativas para las familias que temen encontrarse con el ICE.
“Nuestra comunidad se ha sentido muy insegura, ya sea que estén aquí legalmente o no”, dijo Areli Medina, generalista de recursos humanos en Enlace, la organización comunitaria que envía a Natalia en su ruta de Safe Passage. “Empecé a asegurarme de apoyar a nuestro programa y a nuestra comunidad en general presentándome, y parte de eso es cubrir algunos de nuestros puestos de Safe Passage”.
Natalia siente ese apoyo. Cuando habló sobre sus temores, sus gerentes le dijeron que podía usar sus días de enfermedad remunerados, para quedarse en casa cuando hay una fuerte presencia de ICE, y que alguien ocuparía su lugar.
Preservar un programa esencial
En EEUU, un promedio de 57 tiroteos ocurren cerca de una escuela cada día, según un análisis de Trace en 2024. En la última década, los datos mostraron que en Chicago 97 escuelas tuvieron al menos 100 tiroteos en sus alrededores.
El programa Safe Passage se remonta a 2009, cuando CPS intentó responder a la violencia que se producía en los alrededores de las escuelas de la ciudad. Ese año, un estudiante de 16 años fue golpeado hasta morir al salir de su escuela secundaria en South Side. El programa se lanzó con tan solo 35 escuelas y este año ha aumentado a 191. CPS y 18 organizaciones asociadas han contratado y capacitado conjuntamente a más de 1,200 trabajadores de Safe Passage en habilidades para fortalecer las relaciones, estrategias de desescalada y protocolos de seguridad.
La mayoría de las zonas que cubre el programa enfrentan altos índices de violencia con armas de fuego. En 2024, 115 personas fueron baleadas en South Lawndale, donde se encuentra La Villita, 23 de ellas mortalmente. Y aunque los tiroteos allí disminuyeron un 57% con respecto al año pasado por esta misma época, todavía se han registrado 48 tiroteos en South Lawndale desde noviembre pasado.
“Realmente se trata de seguridad”, dijo Medina. “En zonas con alta violencia con armas de fuego, simplemente se trata de asegurarnos de poder ver y detectar cualquier actividad sospechosa”.
Este método para mantener a los estudiantes seguros se asemeja a la investigación de Jens Ludwig, economista conductual de la Universidad de Chicago que ha estudiado la delincuencia en South Side de Chicago. Ludwig descubrió que añadir “vigilancia en la calle” crea entornos más seguros al ubicar a las personas en zonas donde pueden intervenir e interrumpir las discusiones antes de que terminen en tiroteos.
A lo largo de los años, los organizadores han dicho que el programa Safe Passage ha ayudado a evitar que los incidentes cerca de las escuelas se vuelvan mortales.
Muchos padres, dijo Natalia, tienen que salir temprano a trabajar y no pueden acompañar a sus hijos a la escuela. Su rol, según le han dicho los padres, los tranquiliza. “Es una gran satisfacción ver cómo la gente se acostumbra al apoyo que Safe Passage les brinda, y más aún durante estos momentos difíciles”, dijo Natalia.
Un nuevo plan
El distrito escolar, según un portavoz de CPS, no ha tenido conocimiento de ningún incidente en el que agentes federales hayan detenido a un trabajador de Safe Passage en el trabajo. Aun así, tras escuchar la preocupación de los trabajadores, CPS y sus socios desarrollaron una estrategia para capacitar a personal adicional como sustitutos. Enlace, uno de esos socios, ha capacitado a unos 15 empleados para cubrir las rutas vacantes.
Los padres están en alerta máxima al recoger y dejar a sus hijos, dijo Medina. Cuando sustituye a alguien en Safe Passage, también vigila la actividad de ICE. Al igual que todo el personal de Enlace, ha recibido capacitación sobre los protocolos de respuesta a ICE, como “Conozca sus derechos” y cómo documentar cualquier medida tomada por los agentes federales.
Natalia tiene un plan en caso de que vea a ICE cerca de la escuela. Cuando eso sucede, ella y otros trabajadores de Safe Passage se mantienen más unidos y cerca de la escuela, listos para refugiarse rápidamente en el interior y alertar al personal escolar para que cierren las puertas. La opción de quedarse en casa en días con mayor presencia de ICE en la zona, dijo, la hizo sentir que sus escuelas, su comunidad y sus compañeros la están protegiendo.
“Es un privilegio saber que, si algo sucediera, yo estaría bien, pero no todos se sienten igual”, mencionó Medina. “Quiero asegurarme de que, con ese privilegio, pueda ayudar a otros que se sienten inseguros”.
Una comunidad que se protege a sí misma
A lo largo de sus patrullajes en La Villita, Baltazar Enriquez, presidente del Consejo Comunitario de La Villita, ha visto cómo e ICE ha sembrado el miedo. En respuesta, creó una patrulla de voluntarios que recorre la zona para detectar a los agentes federales y hacer sonar un silbato para alertar a los miembros de la comunidad de su presencia.
“No vienen por criminales”, dijo Enriquez. “Vienen por la señora que vende tamales, el señor que lleva a sus hijos a la escuela, la persona que espera el autobús”. En un incidente, comentó, un padre dejó a su hijo en una escuela primaria. ICE lo siguió y lo detuvieron a pocas cuadras de distancia.
“Tenemos que cuidarnos unos a otros ahora mismo”, dijo. “Porque nadie nos está cuidando”.
Antes de que e ICE llegara a Chicago, dijo que él y otros miembros de la comunidad advirtieron a CPS que esto afectaría la asistencia estudiantil porque muchos se quedarían en casa para evitar a los agentes federales. “Tienen tanto miedo de dejar a sus padres porque temen que al regresar a casa no estén allí”, expresó. “Van a la escuela muy preocupados; ni siquiera pueden pensar ni estudiar”.
Durante una reunión de la Junta Escolar de Chicago en octubre, muchos pidieron que las escuelas ofrecieran clases virtuales, pero la directiva afirmó que no podían hacerlo sin una declaración de emergencia del gobernador JB Pritzker. Ante ello, Enriquez explicó que su grupo creó su propio “autobús escolar mágico”. Aproximadamente una docena de voluntarios se inscribieron para recoger y dejar a los niños en la escuela de manera informal. Al comienzo de las redadas, comentó que recogían a unos 68 niños.
Ahora, aunque las redadas de ICE son cada vez menos frecuentes, los estudiantes, y sus protectores, siguen temerosos del caos que podría desatar un enfrentamiento con un solo agente. A pesar de sus temores, Natalia intenta ir a trabajar siempre que puede. Sus padres suelen enviarle mensajes de texto para preguntarle si ha visto a algún agente federal; ella les responde si no hay peligro. Le agradecen por correr el riesgo y ser su persona de confianza para vigilar la zona. Muchos niños, comentó, también le preguntan si todo estará bien ese día; aunque se preocupa, a menudo, les asegura que así será.
– Esta historia se publicó originalmente en The Trace.