Pena Nieto: Presidente de la simulación

En diciembre se cumple un año de la toma de posesión de Enrique Peña Nieto, presidente mexicano marcado por graves dudas sobre su legitimidad. Su primer año ha sido un amplio ejercicio en el viejo arte priísta de la simulación.

Tras un año en el poder, Peña Nieto tiene poco que mostrar a los mexicanos en materia de logros más allá de una campaña incesante y millonaria de eslóganes que intentan apuntalar su imagen.

En materia de seguridad, la principal preocupación de los mexicanos, el gobierno de Peña Nieto ha fracasado en su promesa de hacer de México un país seguro. El prestigiado semanario Zeta publicó la cuenta de 13,755 ejecutados en los primeros ocho meses del gobierno peñista.

Peña Nieto se ha dedicado a maquillar las cifras y a pretender ocultar la violencia del crimen organizado. Su gobierno insiste en una disminución de la violencia sin entregar cifras claras.

Hay un precedente. Como gobernador del Estado de México, Peña Nieto manipuló el número de homicidios en la entidad para mostrar una disminución. El engaño duró hasta que el reconocido semanario The Economist lo desenmascaró y tuvo que aceptar errores en las cifras.

Ha habido un aumento en el número de secuestros y extorsiones. Sin embargo, Peña Nieto simula que no pasa nada como si ignorar la violencia fuera a resolverla.

En materia económica, el gobierno de Peña Nieto ha presidido sobre una disminución mensual del Producto Interno Bruto del 4 al 1 por ciento. El desempleo aumenta y la inflación continúa.

La promesa de Peña Nieto de un crecimiento económico anual suena ya a fantasía. Pero a fuerza de eslóganes el gobierno peñista también pretende combatir la pobreza y el hambre.

La estrategia de la simulación no es nueva. México padeció más de 70 años del simulacro priísta que ha generado 60 millones de pobres.

El viejo PRI ha vuelto por sus fueros simulando seguridad y prosperidad.

Periodista radicado en Chicago. Síguelo en Twitter: @alexoescalona