Lecciones de una elección en Chicago

Más allá de quién ganó la elección de Alcalde de Chicago en 2015, la ciudad enfrenta retos mayores que deben ser atendidos por los actuales funcionarios y los aspirantes a candidatos en el futuro.

Guía de Regalos

Me encantan los analistas. Mis favoritos son los que se sientan en el asiento de atrás del carro y dirigen al conductor; o los que desmenuzan los lunes el partido del domingo. Me encanta la nomenclatura en inglés para cada uno: backseat drivers y Monday morning quarterbacks.

Hay muchos de estos en Chicago, tras la reelección del alcalde Rahm Emanuel. A reserva de toda elaboración posterior de parte de los críticos de sillón y mando a distancia, creo que podemos hablar de tres cosas:

1. El resultado de la primera vuelta fue un voto de castigo a Emanuel: sindicatos, policías, bomberos y ciudadanos de a pie le mandaron un mensaje. Para ganar la reelección, Emanuel debía volver sobre sus pasos y recuperar a estos grupos. Lo hizo.

2. El reto para ‘Chuy’ García siempre fue el mismo: retener a aquellos votantes que le habían apoyado para castigar a Emanuel. Su base electoral nunca cambió: miren el resultado de la votación, distrito por distrito. Pero su meta era no perder adeptos, y para ello tenía que ser específico: cómo resolver la situación financiera de una ciudad que, sin estar como Detroit, sí está en serios problemas debido al peso de sus pensiones públicas. No dio detalles, se perdió en vaguedades y muchos votantes regresaron a la relativa certeza de Emanuel, o se abstuvieron.

3. Hay que mirar más allá del espíritu del “sí se pudo” que siguió a la campaña de García hasta sus últimos días. Quien piense que se trataba de revivir el espíritu de Harold Washington o de crear una nueva coalición multicolor, se equivoca. Cierto: es necesario hablar del tema racial en Chicago, no por nada Martin Luther King la consideraba una de las ciudades más segregadas de EEUU. Pero el tema va por otro lado.

García, como los gatos viejos, podría sentarse en el alféizar de la ventana y esperar. Chicago enfrenta tres tipos de problemas, los cuales vienen de distintas direcciones y amenazan con chocar: a) la necesidad de encontrar la solución financiera para seguir pagando las pensiones públicas; b) el envejecimiento constante de la población, con la consabida presión que eso ejercerá sobre el mercado inmobiliario, los costos de la vida, la salud pública y los programas gubernamentales; c) la necesidad de generar un diálogo político que involucre a la comunidad afroamericana y a los grupos latinos.

García, o quien quiera ser alcalde en 2019 (digamos, Toni Preckwinkle), debería mirar estos temas. E irse preparando.