Cantando la historia de ser inmigrante

La música es el medio de expresión más antiguo de la humanidad. Cuando no había palabras, había sonidos. La música fue primero.
Gracias a la música nuestros antepasados cantaban su dolor, cuando no existían palabras o estaban prohibidas. Así nacieron las serenatas,  los blues, los boleros, las rancheras, los lamentos una manera de llorar y reír cantando.
La música es acción y oposición, es la  voz del corazón expresando alegría o dolor.
Mi hijo nació cantante y después de 15 años de estudios y entrenamiento se convirtió en tenor.
El año pasado me sorprendió con un libreto enorme lleno de escalas y notas musicales: “mamá acabo de parir mi historia”, me dijo. Su biografía se convirtió en canción.
Leí el texto y en sus palabras también encontré mi historia, vi a mis compañeros y vecinos. Las luchas, triunfos, derrotas y conquistas de muchos que, como mi hijo y yo, vinimos de paso y nos fuimos quedando. Ahora somos inmigrantes, trabajadores  construyendo sueños, aportando y creando. No “ladrones”, no “traficantes”, nada de eso “señor” Donald.
Mi hijo sin querer se convirtió en inmigrante y de eso habla y canta en su musical.
Como muchos trabajó en restaurantes para cubrir el pago de sus estudios, después de quedarse sin beca, gracias a los ataques en Nueva York, que transformó en enemigos a  todos los extranjeros. Aprendió a  lavar platos, a cocinar y a servir mesas, aprendió de todo. Trabajaba y estudiaba, estudiaba y cantaba y hoy después de 4 años de trabajo, presenta su musical.
‘Inmigrante’  se estrenará en septiembre en el Teatro Aguijón de Chicago, allí estás tú y yo, nosotros, los extranjeros, cocinándonos a fuego lento en un restaurante en donde intentamos despertar de la pesadilla, para disfrutar del “sueño”.

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