Columna del Editor: Un pasajero, un avión

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Columna del Editor: Un pasajero, un avión

Nosotros, los ciudadanos a pie de Estados Unidos, somos el pasajero que fue arrastrado y abusado en el vuelo 3411 de United Express (operado por Republic Airways) este domingo en Chicago.

Y la aerolínea es el estado, sus instituciones y su cultura.

El pasajero de 69 años es indefenso frente a quienes lo dominan todo, comenzando por la narrativa.

Si quieren, lo pueden echar a la fuerza del avión, donde estaba ya sentado, acomodado. Aunque pagó por el pasaje.

Si quieren, pueden vender más pasajes que asientos en el aeroplano. Como todos.

Y cuando quieren, llaman a las policías – local, del aeropuerto, o una fuerza armada privada – sabiendo que los agentes harán lo que les pidan. Porque vivimos en una sociedad militarizada, en donde la violencia es absolutamente tolerada si viene de la autoridad.

La ley está de su lado, porque la escribieron.

De nuestro lado, el derecho a la protesta. Los teléfonos móviles con cámaras de video que transmiten la información inmediatamente. Los medios sociales, que aún no han sido controlados. Sirven como herramientas de la democracia pública.

La aerolínea, como el estado, domina entonces la narrativa. Su CEO publica inicialmente una declaración cínica, impersonal, escrita o revisada por un ejército de abogados, donde se lava las manos y culpa a la víctima; y manda un mensaje a sus propios empleados, a cargo de cumplir sus edictos, alabándolos y justificando lo que hagan.

Porque lo hicieron en nombre de él.

Su soberbia no es sino su conciencia de una realidad, desde sus puestos de poder como ejecutivos de una de las empresas más grandes del mundo.

El ataque, el desprecio infinito, el descargo de responsabilidades, la crueldad hacia quien sin embargo paga, se ensaña con todos. Pero es difícil suponer que el mismo trato degradante y violento sería deparado a un hombre blanco.

Poco importa que el CEO de la empresa, Oscar Muñoz sea latino, un mexicoamericano de California. A este nivel, lo que importa es su función. Y la asume tal como los accionistas, los dueños, esperan de él.

Y poco importa la ofensiva de relaciones públicas en la que la empresa finalmente se disculpa, porque se debe, no a un arrepentimiento, sino a la caída de las acciones de la empresa y la reacción de sus clientes en China, importante fuente de ingresos para United. Y a que su reacción inicial, de culpar a la víctima y carente de compasión y humanidad, solo logró exacerbar más la indignación pública.

Pero siguen los intentos para culpar a la víctima. Lamentablemente, los medios nos hacemos cómplices. Algunos, “desenmascararon” al atacado, de quien hasta ese momento se dudaba que dijese la verdad al afirmar que es un médico.

El doctor David Dao, de Elizabethtown, Kentucky, dice un medio, tiene un pasado turbulento, porque hace 13 años, en 2004, fue condenado por delitos relacionados a la droga. No agregan nada de su esposa, también víctima, la Dra. Teresa Dao. O de sus cinco hijos, cuatro de ellos también médicos.

Rápidamente, alguien se encargó de que el prontuario del Dr. Dao se convierta en un elemento importante, como si fuese justificante del abuso al que se le sometió, a pesar de que no guarda ninguna relación con el incidente.

El incidente es típico de una sociedad donde el cliente ya no tiene la razón. En donde el consumidor ya no es el elemento más importante. Para United, ello tiene sentido. Después de todo, 2016 fue el mejor año de su existencia.

Y mientras reducen el servicio a los pasajeros “comunes” y lo aumentan a quienes pueden pagar miles de dólares en lugar de un par de centenares, sus ejecutivos se felicitan mutuamente por su buena fortuna.

por Gabriel Lerner
Director Editorial de La Opinión