Un tributo a los trabajadores esenciales de la pandemia

A todos los que trabajaron para ayudar a otros durante la pandemia, ya que se ve la luz al final del túnel, les damos las gracias de todo corazón

Un tributo a los trabajadores esenciales de la pandemia
Trabajadores esenciales de Chicago y su ‘Muro de los Agradecimientos’. Foto (Cortesía Claudia Lira)
Foto: Cortesía

Rindamos un tributo a los trabajadores esenciales, a todos esos que con su trabajo y sacrificio nos ayudaron durante los días más amargos de la pandemia ya que las cosas van de nuevo rumbo a la normalidad.

Así que quitémonos el sombrero y mandemos un aplauso de todo corazón a los bomberos, policías, paramédicos, enfermeros y enfermeras que dieron todo por salvar vidas, aun en lo más agudo de la pandemia como fue en 2020 cuando pensábamos que el cielo se nos iba a caer.

También a todos los obreros y obreras que, como la sal de la tierra que son, mantuvieron las fábricas abiertas y las máquinas andando para que el resto de nosotros tuviéramos los productos y servicios que necesitábamos para nuestro bienestar.

También un aplauso a los choferes del transporte público que continuaron trabajando en sus rutas, ya sea por las calles o por el tren elevado, para llevarnos a diferentes partes de la ciudad.

Igual a los trabajadores de entrega de comida a domicilio que estuvieron al pie del cañón para llevarnos alimentos de los diferentes restaurantes durante lo más grueso de la pandemia.

También a los cocineros, lavaplatos y meseras y meseros de los restaurantes que, armándose de valor y apretándose el corazón, estuvieron ahí para que el resto de nosotros tuviéramos un respiro de alivio.

Y gracias a todos los trabajadores de las compañías de paquetería que, con la dedicación a su trabajo, nos trajeron, en medio del horror de esta pesadilla global, nuestros paquetes a domicilio, lo que nos alegró la vida al recibir un libro, una película en DVD, ropa o zapatos o lo que fuera ya que en medio de la cuarentena estábamos aislados y llenos de incertidumbre por no saber lo que pasaría.

Gracias a los cajeros y cajeras de los supermercados a lo largo de la ciudad que cada día hicieron acto de presencia para que nosotros pudiéramos llevar la comida a nuestros hogares. ¿Sin ellos que hubiéramos hecho?

También un aplauso a los choferes de taxis y los servicios de Uber, Lyft y otros que poniendo el temor a un lado salieron cada día a transportar a los peatones que necesitaban llegar a su destino.

Y no olvidemos nunca a los trabajadores de las empacadoras de carne en Illinois, en Iowa y en otros lugares que al comienzo de la pandemia arriesgaron sus vidas, muriendo muchos, cuando aún los patrones no comprendían el impacto de este horrible virus. Su sacrificio no fue en vano pues nos ha hecho más conscientes de que todos somos pequeños engranajes de una máquina gigante que se llama sociedad y hemos aprendido que todos dependemos de otros.

Y aunque los gobiernos ayudaron mucho en particular con el rescate económico a los contribuyentes, en realidad fue la sociedad civil, como en el caso del terremoto de 1985 en la Ciudad de México, la que surgió a la altura de la ocasión para mantener la sociedad funcionando.

A todos estos segmentos de la población, ya que se ve la luz al final del túnel, les damos las gracias de todo corazón.