Momentos de oro para salvar vidas y frenar la violencia en Chicago: Metropolitan Peace Academy

La Metropolitan Peace Academy y sus trabajadores de alcance en las calles realizan un trabajo directo e intenso en los vecindarios, en especial con jóvenes que son parte de pandillas o han cometido delitos, para ayudar a víctimas y a victimarios a romper el ciclo de violencia. El trabajo de Ricardo Estrada y Jesús Salazar, entre otros, en esa institución se basa en haber ellos mismos experimentado y superado la violencia para luego proyectar su compromiso, conocimiento y empatía para ayudar a otros, en especial a jóvenes, y prevenir la violencia en barrios latinos de Chicago

Jesús Salazar en las instalaciones de la Metropolitan Peace Academy en Chicago. (Aileen Ocaña / La Raza)

Jesús Salazar en las instalaciones de la Metropolitan Peace Academy en Chicago. (Aileen Ocaña / La Raza)  Crédito: Impremedia

El programa Metropolitan Peace Academy representa una esperanza tangible en la lucha contra la violencia al ofrecer programas y apoyo fundamental para transformar comunidades y promover la paz. Como parte integral de la organización Metropolitan Family Services, Peace Academy se mantiene como un ejemplo del poder transformativo de iniciativas comunitarias en el fomento de la paz.

La Raza charló con Ricardo Estrada, director ejecutivo de Metropolitan Family Services, una de las instituciones de asistencia históricas de Chicago y de Illinois con 167 años de existencia. Metropolitan Family Services es la institución no religiosa de su tipo más grande de Illinois. Enfocada en educación, empoderamiento, estabilidad económica y salud emocional, sus servicios se ofrecen en toda el área metropolitana de Chicago.

La sinergia entre Metropolitan Family Services y Peace Academy representa un poderoso compromiso con el bienestar integral de nuestra comunidad. Mientras Metropolitan Family Services se destaca por su dedicación a proporcionar recursos y apoyo a familias, Metropolitan Peace Academy se aboca a la promoción de la paz y el desarrollo personal. Al unir fuerzas forman una alianza que trasciende las fronteras de los servicios sociales y la educación para construir un entorno donde se entrelazan la armonía familiar y el crecimiento personal.

Metropolitan Peace Academy surgió de y para apoyar a la iniciativa Communities Partnering 4 Peace (CP4P), una alianza que lidera el trabajo de alcance en las calles y de organizaciones trabajando en justicia restaurativa para reducir la violencia de armas en Chicago con un enfoque integral.

Estrada recuerda que durante 2016, cuando los niveles de la violencia en Chicago crecieron de manera dramática, él mismo se cuestionó: “la violencia no era nuestro enfoque, no estábamos en esa rama, somos una gran institución con reputación, pero no teníamos la capacidad o el entrenamiento para atacar la violencia”.  Así que unieron fuerzas con líderes y otras organizaciones y mediante fondos locales, privados y públicos, comenzaron su estrategia de disminución de violencia, recaudando datos e información para arrancar su propio programa que hasta ahora sigue vigente y tiene éxito, graduando a líderes creadores de paz.

Así surgió Metropolitan Peace Academy, del compromiso de generar paz.

Estrada no lograba entender cómo era que la ciudad de Los Ángeles, en California, tenía más paz en sus vecindarios: “somos comunidades similares y allá hay más paz que en Chicago”, se preguntaba Estrada. Los Ángeles cuenta con Urban Peace Institute, que también es una institución que trabaja en crear paz en sus comunidades. De hecho, Metropolitan Peace Academy en sus inicios contrató personal de Urban Peace de Los Ángeles para que ellos impartieran el primer curso de entrenamiento y luego Metropolitan Peace Academy creó su propio currículo, ajustado a las necesidades de Chicago, logró avanzar y ha profesionalizado a sus trabajadores de alcance en las calles (street outreach workers).

Formar profesionales de la paz

En 2018, Metropolitan Peace Academy comenzó sus servicios como academia y lograron graduar a 25 trabajadores de alcance en las calles. Su programa se concentra en formar a trabajadores profesionales de alcance en las calles, enfocando su currículo en no violencia, servicios informativos de trauma y justicia restaurativa. El entrenamiento consta de 144 horas en 18 semanas, un esquema diseñado por tres profesionistas con doctorado. El curso ofrece créditos que son reconocidos por los Colegios Comunitarios de la ciudad de Chicago. Entre los asuntos a estudiar figuran las experiencias adversas durante la infancia, el impacto de la violencia en la comunidad, la salud mental y el bienestar psicológico, entre muchos otros tópicos.

No obstante, uno de los grandes retos sigue siendo reclutar a los futuros trabajadores de alcance en las calles, que son personas que estuvieron involucradas en el crimen o en pandillas, pero maduraron y decidieron cambiar sus vidas, se transformaron y aún tienen influencia en la calle para calmar situaciones. Estrada aseveró que con el entrenamiento que ofrece Metropolitan Peace Academy estas personas pueden actuar como mensajeros de paz y conseguir que la comunidad confíe en ellos.

Recurrir a personas que estuvieron involucradas en el crimen o en pandillas, mencionó Estrada, “es una estrategia antigua, que se ha usado siempre de diferentes maneras. Hasta los Black Panthers la utilizaron. El problema es que los policías, la comunidad, los políticos no creen que sea efectiva, no confían en que la colaboración de esas personas que fueron criminales y que formaron parte del problema vaya a funcionar”.

La estrategia de Estrada ha sido criticada porque, según sus propias palabras, “encontrar a un buen street outreach o trabajador de alcance en la calle es más difícil que encontrar a un buen policía, porque a un policía lo sacas de la universidad, de la academia, pero a un street outreach la mayoría de ellos fueron prisioneros, tienen felonías, fueron encarcelados por lo menos una década, han salido y han tenido que dejar esa vida atrás, han retomado una nueva misión, han decidió sanar y no ha sido fácil”.

Por lo tanto, identificar y encontrar a un buen street outreach para sanar a la comunidad sigue siendo uno de los tantos desafíos. Así, Metropolitan Peace Academy apoya a futuros trabajadores de alcance en la calle, que fueron criminales y ahora están libres, para que se reintegren a la comunidad y los asisten en temas legales, civiles y servicios de justicia para poder obtener un trabajo, para rentar una vivienda, para que sus derechos sean respetados, para tener una adaptación normal a su nueva vida.

La labor de Metropolitan Peace Academy va más allá de formar creadores de paz en nuestras comunidades. Estrada siente gran satisfacción al compartir que Light in the Night es una práctica en contra de la violencia, replicada del programa de la ciudad de Los Ángeles. Durante los veranos pasados, al implementar esa actividad en las zonas ‘calientes’ de Chicago, refiriéndose a las comunidades más afectadas por la violencia, en Metropolitan Peace Academy se han percatado que nunca se ha registrado un evento violento en esos vecindarios. Light in the Night son reuniones en parques donde la comunidad comparte música, poesía, deportes o arte, con actividades se llevan a cabo de jueves a domingo durante el verano desde el atardecer y hasta la medianoche. Cada vecindario diseña su programación de acuerdo con sus gustos y necesidades.

Nueve son las comunidades más violentas, todas ellas localizadas en el oeste y sur de Chicago, en donde se registran más homicidios o intentos de homicidio. Son las zonas en que Metropolitan Peace Academy participa y desarrolla programas para frenar la violencia, comenta Estrada. Según indicó Ricardo Estrada, el 85% de las personas que han muerto o están haciendo uso de armas de fuego son afroamericanos y por esa razón se hace más labor en generar paz en esos vecindarios.  “Los latinos comenzaron a decir ‘¿y nuestras áreas qué?, aquí también hay violencia’, pero las estadísticas indican que la ayuda se necesita mayormente en zonas afroamericanas”, afirmó Estrada.

Por consiguiente, para mostrar respeto y apoyo, y para hacer más local o personalizar la labor de los trabajadores de alcance en las calles de cada comunidad afectada por la violencia, Metropolitan Peace Academy entrena a candidatos de organizaciones que ya están haciendo labor en vecindarios latinos y que son aliados, como New Life en La Villita y Precious Blood Ministry of Reconciliation en Back of The Yards. Además de la capacitación, Metropolitan Peace Academy apoya a esas organizaciones, que también son parte de CP4P, con recursos provenientes de fondos públicos y privados, para que ellos mismo puedan crear sus programas y estructuras y hagan su propio trabajo de alcance en sus calles y vecindarios.

Personalidades acudieron a la inauguración de las nuevas instalaciones de Metropolitan Family Services. (Cortesía Levern Danley)
Crédito: Cortesía

Esfuerzos para promover la paz

Para consolidar la rama de la formación de trabajadores de alcance en las calles, recientemente Metropolitan Peace Academy estrenó instalaciones, localizadas en Pilsen: una construcción moderna, con oficinas, aulas y salas de conferencia que son espacio de estudio y progreso. El senador Dick Durbin y fondos públicos y privados apoyaron la edificación de este inmueble. Pero, señaló Estrada, lo difícil no es construir edificios, es mantenerlos, conseguir fondos, es trabajo de todos los días para hacer que el proyecto tenga éxito.

Estrada evocó que cuando contrató a Bryant Vaughn, quien actualmente es el director ejecutivo de Metropolitan Peace Initiatives, le dijo: “si tú haces que esto sea un éxito, puedes ir a cualquier otro lugar y replicar este proyecto”, refiriéndose a Metropolitan Peace Academy, que es la academia donde se imparten todas las iniciativas de paz. El proyecto sigue progresando para lograr disminuir los números de la violencia, los esfuerzos y colaboraciones han crecido y ahora mismo trabaja con 27 comunidades y 13 instituciones para reducir la violencia en Chicago.

Estrada no es ajeno a la violencia, él mismo y su familia fueron víctimas de esta, viviendo en el vecindario de La Villita. Al cuestionarlo sobre las diferencias en la experiencia de sufrir violencia que se da en comunidades afroamericanas y en las latinas, Estrada indicó que el tema de la familia es diferente, pues prevalece la integración de familia entre los latinos. El sistema de pandillas también es diferente. Antes había crimen bien organizado entre los afroamericanos y ahora ya no, explicó Estrada, quien añadió que, en cambio, los latinos tienen más liderazgo en sus células de crimen organizado.

Sobre cómo se miden el impacto y los resultados de Metropolitan Peace Academy, Estrada indicó: “cuando el programa comenzó la violencia bajó y luego con la pandemia se elevó la violencia. El año pasado [2023] se notó una baja, así que la violencia está en un constante sube y baja”.  El propósito de Estrada es disminuir la violencia a los niveles de antes de 2016. Apoyados en la infraestructura que han creado con Metropolitan Peace Academy y las iniciativas de paz, Estrada confía en que pueden lograrlo.

Por su tamaño y población, indicó Estrada, Chicago debería tener el mismo éxito que New York o Los Ángeles en reducir la violencia y deberían registrarse anualmente 200 homicidios en Chicago.

Lastimosamente la realidad es distinta: 2023 cerró en Chicago con más de 600 homicidios. Por ello, una de las metas a largo plazo es contabilizar menos de 250 homicidios anualmente en Chicago. Ese es el reto de Arne Duncan, de la organización Chicago-CRED y de muchos otros líderes que también trabajan para traer paz a las comunidades, aseveró Estrada. Él está consciente de que para lograrlo se requiere triplicar el número de trabajadores de alcance en las calles, unos 300 trabajadores extra. Por eso Metropolitan Peace Academy ofrece sus recursos, para que las personas que tengan el compromiso de sanar a la comunidad sean entrenadas y puedan trabajar para hacer menguar la violencia.

Estrada considera que hay tres acciones o cambios que son importantes para impulsar la seguridad en las comunidades latinas de Chicago. Primero: “la seguridad de nuestra comunidad es responsabilidad de todos, de padres, maestros, políticos, sacerdotes, pero si no la tomamos con responsabilidad no se va a lograr”. Segundo: “los policías no son nuestros enemigos, tiene que ser responsables por sus acciones, nosotros somos parte importante para traer paz en nuestras comunidades, la policía debería acoger programas como Metropolitan Peace Academy, porque si salimos adelante también su trabajo como policías atacando la violencia será más eficiente”. Tercero: “las dependencias del gobierno, instituciones, deben invertir más en intervención de violencia comunitaria”.

Ciertamente, Metropolitan Peace Academy sigue siendo una de las prioridades para Metropolitan Family Services, aseveró Estrada, quien cuenta con una trayectoria profesional respaldada con licenciatura en sociología, teología y filosofía.  Aún tiene en su memoria que no tenía bien claro a dónde dirigir su camino profesional, pero escuchó del trabajo social y comenzó a laborar en ese campo, luego obtuvo una maestría en la Universidad de Chicago para enfocarse en consejería y administración y de ahí surgió la oportunidad de liderar Metropolitan Family Services. Desde 2011 se ha mantenido como su presidente y director ejecutivo.

Jesús Salazar se desempeña como gerente de campo de los programas de Metropolitan Peace Academy. (Aileen Ocaña / La Raza)
Crédito: Impremedia

La labor de los pacificadores

Jesús Salazar es uno de los cuatro latinos graduados de la primera generación de Metropolitan Peace Academy en 2018 y ahora se desempeña como gerente de campo de los programas de Metropolitan Peace Academy. Salazar es claro ejemplo del éxito de Metropolitan Peace Academy al reclutar a individuos que fueron parte del problema, que formaron parte de una pandilla, que experimentaron la cárcel y que se reformaron para luego ser acreditados como trabajadores de alcance en las calles mediante entrenamiento profesional.

Salazar experimentó la cárcel en 2010, fungió como perpetrador y víctima. En su familia, hermanos, tíos y primos eran pandilleros, así que él también se hizo pandillero.  “Cuando creces eres inspirado por esa gente y los modelos a seguir están envueltos en pandillas, no siempre es malo, algunos de ellos son buenas personas y tienen buenas acciones”, agregó Salazar.

La última vez que Salazar estuvo en la cárcel tenía 30 años. Recuerda que miraba a su alrededor. La gente en la celda representaba todas las distintas generaciones de su vida: muchachos, jóvenes de su misma edad y señores de 60 años encarcelados. Ahí se reflejó a futuro en las tres etapas de su vida. Se dijo a sí mismo: “ese ‘Don’ que está ahí sentado en la cama voy a ser yo, a esa edad encarcelado”.  En ese momento decidió cambiar el rumbo de su vida.

Al concluir su condena, Salazar solicitó ayuda a Jorge Roque, quien desde hacía tiempo se desempeñaba como mentor y lo orientaba para que se alejara de los malos pasos, lo buscaba y le insistía que dejara las pandillas. A él y a otros jóvenes Roque los mantenía concentrados en deportes, en actividades, hablando de distintos temas, de la vida. Salazar participaba activamente en los grupos de mentores, pero cuenta que no se decidía a dejar la violencia, siempre regresaba a las calles, era necio.

La historia de transformación de Salazar es notable, con todas las vicisitudes que lo llevaron a reflexionar y retomar su vida. Ahora, como parte de Metropolitan Peace Academy, su rol profesional ha cambiado constantemente: el verano pasado lo promovieron y ahora es gerente de campo para Metropolitan Peace Academy. Él ha cursado todos los entrenamientos de Metropolitan Peace Academy, desde el primer momento se enamoró de esta iniciativa y también ha participado en los entrenamientos de gerente de casos y de servicios de víctimas. Por eso lo contrataron, vieron su interés, lo invitaron a solicitar trabajo en la academia y lo hicieron parte del equipo. Salazar está tan involucrado en la misión de Metropolitan Peace Academy que, además de impartir clases, porque es experto en todos los temas que forman parte del entrenamiento, también diseñó una clase llamada ‘Historia de Chicago y pandillas, la versión latina’.

Salazar indicó que la violencia afecta a los latinos también y explicó que el problema se remonta a la gran migración en el sur de Chicago, cuando  comunidades escapando del rechazo, la persecución y la discriminación de otros estados del país llegaron a establecerse en Illinois, que ofrecía  oportunidades de trabajo y más tolerancia en estas tierras. Sin embargo, a juicio de Salazar, las primeras generaciones de latinos que se implicaron en pandillas lo hicieron debido a la discriminación que sufrían por su raza, color, lenguaje, tenían que defenderse. Fue así como construyeron coaliciones para pelear por sus derechos como latinos. Pero Salazar añadió que en 1980 tomó un rumbo muy diferente la alianza de fuerzas de grupos de color, debido a la epidemia de la droga crack. Las pandillas se transformaron entonces a causa de que comenzaron a participar en la distribución de drogas y pelearon por territorios, explicó Salazar.

Sobre el trabajo de estos mentores y pacificadores, Salazar indicó que son individuos que estuvieron involucrados o vivieron la violencia y ahora enseñan a los jóvenes porque ellos la vivieron y fueron parte de ella, son personas que tienen la capacidad para conectar y guiar a la comunidad con servicios y muchos otros recursos. Salazar insiste que cuando eres un mentor eres mentor de por vida. Él mismo fungió como mentor, era líder, conocía cómo funcionaban las pandillas y logró ser un interruptor de la violencia. Y, en efecto, aún sigue siendo mentor o coach de softball en La Villita para un grupo de jóvenes y su temporada comienza desde la primavera hasta el otoño.  Muy contento, Salazar compartió un reconocimiento que adorna su oficina en las nuevas instalaciones de Metropolitan Peace Academy. Él ha recibido premios como jugador y entrenador de softball y le gusta este deporte por su gran tradición.

Los momentos de oro contra la violencia

Metropolitan Peace Academy representa una gran esperanza para comunidades e individuos que sufren o experimentaron violencia y el entrenamiento profesional que reciben los participantes es para que puedan obtener un trabajo, para reintegrarse y regresar cosas buenas a su comunidad, comentó Salazar. Él reflexiona que si nunca se hubiera acercado a Metropolitan Peace Academy y a desempeñarse como trabajador de alcance en las calles no tiene idea del rumbo que hubiera tomado su vida. Sus inicios como trabajador de alcance en las calles comenzaron con las organizaciones Enlace y YMCA, ahí aprendió a trabajar con jóvenes y con programas de intervención de violencia.

Durante la entrevista con La Raza Salazar recibió una alerta en su teléfono y luego explicó: “es una balacera, un joven fue baleado, su condición es crítica, el incidente se registró en una zona caliente o hot spot en el vecindario de Back of the Yards”.

Son las 5:26 pm en lunes, en situaciones como esta los trabajadores de alcance en las calles asignados al área donde sucede el incidente se encargan de estar pendientes de la condición del joven herido, ofrecen guía a los familiares con interpretación en el hospital, especialmente si existe la barrera del lenguaje. Ya que se recupera la víctima se presentan los llamados golden moments o momentos de oro, la oportunidad de visitar a la víctima para hacer labor para alejarla de la violencia.

De una manera sensible, Salazar simuló cómo sería su acercamiento con la víctima: “mijo, ¿cómo estás?, necesitas pensar qué pasó, fue algo serio por lo que pasaste, por fortuna estás vivo, ¿qué vas a hacer ahora de tu futuro?”.  “Le hablas para calmar su ira, su coraje, para que no opte por la venganza, para que reflexione y evite más dolor para su familia y para que logre salvarse”, explicó Salazar.

Gracias a los golden moments los trabajadores de alcance en las calles han visto mucha respuesta positiva. Salazar fue mentor de muchos chicos que buscaban dejar las pandillas, los ayudó a conseguir trabajo. Igualmente, en su camino ha conocido a muchos otros jóvenes que han sido baleados y han muerto, pero aun así considera que hay muchos casos exitosos en donde los chicos reconstruyen sus vidas.

En el pasado, Salazar no conocía los estándares profesionales para desempeñarse como trabajador de alcance en las calles, pero Metropolitan Peace Academy ha contribuido mucho en su desarrollo personal y profesional. Y es que, cuando era adolescente, no sabía cómo expresar sus emociones y recuerda que cuando mataron a uno de sus amigos no supo cómo desahogarse. Su reacción inmediata fue venganza como una forma de pena y alivio para sanar su dolor.

En Metropolitan Peace Academy se habla de inteligencia emocional, se aprende a no reaccionar sin control, a procesar y corregir pensamientos, todo para evitar normalizar la conducta de la violencia. Mediante un trabajo holístico, en Metropolitan Peace Academy se ofrece entrenamiento para tratamiento del trauma, se estudian temas de opioides y otras drogas y de violencia. Metropolitan Family Services impulsa un método de comunicación en el que se evitan ciertas palabras, tales como abuso, la cual se asocia con algo negativo. Y es que, según Salazar, personas que consumen drogas pueden estar ligadas a violencia o convertirse en generadoras de violencia. Este nuevo estilo de comunicación y el ser más cuidadoso con las palabras que utilizan en sus interacciones tiene gran poder sanador. Las palabras tienen poder.

Salazar tiene infinidad de historias de chicos que han logrado rehabilitar sus vidas. Resuena una en la que el joven consumía alcohol y estaba complicando sus relaciones de familia, profesionales y sociales. Al ser parte de Metropolitan Peace Academy pudieron asistirlo con mentorías y conversaciones a detalle, conocieron su historia y concluyeron que las razones que conectaban a este individuo con el alcohol eran la ausencia de una figura paterna, la falta de apoyo, no saber cómo reconciliar la pérdida de su papá, quien también bebía. Todo ello detonó su consumo inadecuado de alcohol. 

Por fortuna o desgracia, la violencia, las pandillas, la cárcel eran un camino que a Salazar le tocó tomar, o experimentar, y ahora con testimonio propio puede compartir esas vivencias con jóvenes. Hay una conexión empática que permite a los jóvenes identificarse con mentores que han vivido lo mismo. A los 19 años Salazar fue encarcelado por primera vez. Recuerda que tenía mucho frío y hambre en esa prisión. Son historias que comparte con los jóvenes: “si sigues en ese camino te puede pasar lo mismo que a mí”, les dice Salazar. También está consciente de que en las calles hay mucha presión por las pandillas, los amigos, pero cada uno elige su propio camino.

Para traer paz a las comunidades se requieren más trabajadores de alcance en las calles y Salazar recomienda que los interesados en participar en Metropolitan Peace Academy deben aprender a ser humildes, estar abiertos a transformarse, al conocimiento, a no juzgar y estar dispuestos a proveer servicios y soluciones al problema de la violencia.  No todos logran concluir el entrenamiento y no cualquiera es elegido para ser parte de la academia. Hay retos distintos y muy únicos con los que cada candidato tiene que lidiar, muchos de ellos no cuentan con un título universitario, no tienen experiencia laboral o no son muy sabios con las tecnologías. Hoy en día la mayoría de los jóvenes se comunican a través de redes sociales y es a través de estas plataformas que también lanzan amenazas entre grupos o pandillas. En Metropolitan Peace Academy se ofrece entrenamiento para entender e interpretar esos sistemas de comunicación entre los jóvenes, a quienes participan de la academia se les guía para descifrar mensajes e intervenir antes de que escale a hechos violentos o mortales. Cada año Metropolitan Peace Academy ofrece dos entrenamientos de 18 semanas cada uno, comenzando de enero a agosto y de agosto a diciembre.

Si hay algo que le satisface a Salazar es ser maestro, compartir historias, datos, estadísticas, todo lo que implique un reto mental lo hace feliz. De hecho, personas le han mencionado “eres más inteligente de lo que pensé”. Y es que este oriundo de La Villita no fue a la universidad, siempre ha sido autodidacta, le gusta pensar más allá de lo establecido y este año comenzará sus estudios en ciencias de la computación en Daley College.  Salazar ha desempeñado trabajo de alcance en las calles durante 17 años. Así sobrevivió y ha crecido profesionalmente, ha creado alianzas en vecindarios latinos. Jesús Salazar aspira ser un digno representante de la comunidad latina.

Coloridos murales en las instalaciones de la Metropolitan Peace Academy en Chicago. (Aileen Ocaña / La Raza)
Crédito: Impremedia

Superar retos y resistencias

El gran reto de Metropolitan Peace Academy, coincidieron Salazar y Estrada, es que la comunidad no necesariamente apoya el trabajo de alcance en las calles y juzgan esta labor, no colaboran. Hay resistencia por parte de ciertas escuelas al uso de instalaciones o gimnasio para torneos deportivos o esparcimiento recreacional para jóvenes, ciertos vecindarios se resisten a aceptar programas después de la escuela. El propósito de Metropolitan Peace Academy con sus iniciativas de paz y trabajadores de alcance en las calles es prevenir en lugar de solo interrumpir la violencia. En esa organización consideran que instituciones y líderes a cargo de escuelas deben abrir sus puertas para que jóvenes y niños puedan ser influenciados positivamente, para que conozcan los programas y puedan ser informados sobre temas de violencia. La paz es posible, pero se requiere de la participación de toda la comunidad, evitando divisiones. Salazar todavía tiene en su memoria, aún con cierto desánimo, que cuando él creció en La Villita “todos los vecinos solían verse como familia, hoy en día eso no se ve, se percibe una sensación de que los barrios no son comunidad”.

Casi al final de su entrevista con La Raza a Salazar le avisaron que el joven reportado herido gravemente por un arma de fuego había fallecido. El golden moment ya no existió para ese joven y su familia. ¿Qué hacer en momentos así? Salazar respondió que ahora se tiene que trabajar con la familia del joven fallecido, con los amigos, para que no sufran amenazas, para que no haya una próxima víctima, para que no haya venganza de sangre por sangre. Lo que más le duele a Salazar es que, a pesar de todos los esfuerzos que se llevan a cabo, siguen muriendo jóvenes en Chicago. Es muy trágico.

La dedicación de Metropolitan Peace Academy para fomentar paz entre las comunidades de Chicago es admirable y esencial. Combinando educación, servicios de alcance en las calles y participación de comunidades, esa organización ha logrado progreso tangible para construir vecindarios más seguros. Metropolitan Peace Academy provee a sus estudiantes herramientas y recursos para promover cambios positivos, promueve el diálogo y alimenta relaciones con las comunidades, lo que es vital para crear sociedades más equitativas y armoniosas. Los esfuerzos de expansión, progreso e impacto de Metropolitan Peace Academy implican que sus integrantes seguirán construyendo una cultura de paz y entendimiento. Eso genera esperanza en un futuro más inclusivo y seguro para las comunidades de Chicago.

Contacto con Metropolitan Family Services y Metropolitan Peace Academy

Dirección: 101 North Wacker Drive, 17th Floor Chicago, IL 60606

Teléfono: 312-986-4000

Correo electrónico: contactus@metrofamily.org

Sitios web: www.metrofamily.org, metropolitanpeaceinitiatives.org y metropolitanpeaceinitiatives.org/metropolitan-peace-academy

Página de Facebook: www.facebook.com/MetroFamChicago y www.facebook.com/MetropolitanPeaceAcademy

La producción y publicación de este reportaje de La Raza han sido posibles gracias al apoyo del Chicago Community Trust a través de su programa Cross Community Impact.

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