A la sombra de la Cumbre de la OTAN

Los funcionarios han promovido la cumbre de la OTAN y a Chicago como ciudad 'global' mientras se ignoran los problemas locales de desempleo, recortes en servicios públicos, edificios abandonados y las secuelas de la guerra a nivel local, denunciaron activistas y líderes

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Existe una lista de las joyas arquitectónicas que los delegados asistentes a la Cumbre de la OTAN pueden visitar durante su estadía en la ciudad. Pero en esa lista no están incluidas las esquinas calientes para las pandillas que se dividen La Villita por la 28 y la Hamlin, ni los edificios abandonados con tablas de madera que cubren puertas y ventanas al oeste de Humboldt Park, ni los centros donde los veteranos de las guerras de Irak y Afganistán reciben ayuda para buscar empleo o para enfrentar las cicatrices emocionales y las horribles secuelas que les dejó la guerra.

Sin embargo, un grupo de residentes y activistas de la ciudad se encargarán de que los periodistas que vendrán de otras ciudades de Estados Unidos y del resto del mundo realicen un recorrido por varios barrios del Chicago ‘real’.

Activistas de la coalición Grassroots Collaborative han organizado unos recorridos turísticos con los que planean llevar a los corresponsales a que hablen con líderes comunitarios y conozcan dónde viven cientos de familias trabajadoras en La Villita y Englewood, por ejemplo, de forma paralela a lo que sucederá en el centro de convenciones de McCormick Place y sus alrededores.

Este fin de semana (19 al 21 de mayo) se reunirán en Chicago jefes de estado y delegados que asisten a la Cumbre de la Organización de Naciones del Atlántico Norte (OTAN), tratado de defensa militar que lidera la presencia de tropas aliadas en Afganistán.

Y mientras las autoridades de la ciudad, el comité organizador, la policía y los agentes federales se mueven en frenesí con las medidas de seguridad ante las anunciadas protestas y las actividades programadas para los invitados, un grupo de activistas cree que al querer promocionar este evento ‘global’ se está ignorando lo ‘local’.

Según los activistas del Grassroots Collaborative, “Chicago muestra mal sus prioridades” pues “las corporaciones de Chicago gastarán $14 millones tan sólo en fiestas de la OTAN mientras el alcalde Emanuel cierra la mitad de las clínicas de salud mental, escuelas y aprieta a la clase trabajadora”.

Tan pronto como Chicago fue escogida para albergar la Cumbre, en junio del año pasado, la maquinaria del alcalde Rahm Emanuel empezó a moverse.

World Business Chicago, un grupo ‘sin fines de lucro’ compuesto por líderes empresariales, fue elegido para supervisar la Cumbre, y el Comité organizador dirigido por Lori Healey fue creado bajo su sombrilla protectora.

Como el alcalde ha prometido en numerosas ocasiones que los costos asociados al evento no serán asumidos por los residentes de la Ciudad, World Business Chicago empezó a recaudar fondos privados para conseguir entre $40 y $65 millones, monto que se espera cuesten la seguridad y los actos especiales para este evento.

El 29 de marzo de este año el comité organizador anunció que había logrado recaudar $36.5 millones en donaciones privadas para la cumbre diplomática y que a eso había que sumar los $19.1 millones en fondos federales que serán reembolsados por los gastos en seguridad.

Pero la noticia no fue bien recibida por todos.

Grupos comunitarios, religiosos y laborales entregaron una carta al alcalde pidiéndole que todo ese gasto relacionado con la Cumbre fuera equiparado dólar por dólar con inversión en los barrios de la ciudad, a través de la creación de un fondo especial que se podría usar para mantener abiertas bibliotecas y clínicas en muchos barrios que tienen una necesidad desesperada de empleos, escuelas, vivienda y servicios básicos.

Activistas de la organización Stand Up Chicago comentaron que “no era sorpresa que World Business Chicago cabildeó intensamente para atraer esta cumbre a Chicago”, considerando su naturaleza corporativa.

“Es probable que sean sólo unos cuantos intereses corporativos los que se beneficien económicamente de esto”, declaró Stand Up, en una carta dirigida al alcalde. “Está claro que después de que se gasten muchos millones en este evento, 99% de nuestra ciudad aún tendrá necesidad de programas y servicios que siguen sin financiamiento”, continuó.

Los organizadores consideran “negligente destinar tal suma de dinero para un evento de un solo fin de semana que beneficia al 1%”.

Además de los $39 millones que se espera que se gasten en seguridad y servicios públicos, el comité organizador calcula gastar alrededor de $14 millones en fiestas, cenas y actividades públicas para las delegaciones y los invitados, se informó.

Por ejemplo, se planea que la primera dama Michelle Obama lleve de paseo a las esposas de varios dignatarios al sur de Chicago para luego asistir a una cena privada en el Art Institute of Chicago. También se han planificado ‘cenas de trabajo’ entre los mandatarios en el estadio Soldier Field, el Planetario Adler y el Chicago Cultural Center.

Amisha Patel, directora del Grassroots Collaborative, criticó que “el alcalde Emanuel puede recaudar $60 millones para la élite global en un segundo, y aún así nuestros barrios sufren de edificios abandonados e inseguros, violencia y altísimo desempleo”.

El comité organizador de la Cumbre, por su parte, anuncia una derrama económica gracias al evento. De acuerdo con un estudio preparado por la firma Deloitte y dado a conocer recientemente en un almuerzo en el City Club of Chicago, se espera que la Cumbre genere $128.2 millones en gastos en restaurantes, hoteles y tiendas de la ciudad, $3 millones en recaudación de impuestos locales, ocupación hotelera equivalente a 49,300 noches y cerca de 2,200 empleos temporales.

La presidenta de World Business Chicago, Rita Athas, aseguró que además de estos beneficios económicos inmediatos “probablemente habrá beneficios económicos a largo plazo, como expansión de oportunidades de negocios y reconocimiento global”.

Y el alcalde enalteció: “Son 3,000 periodistas extranjeros y 60 jefes de estado que vendrán a Chicago. Somos una ciudad de clase mundial con un potencial de clase mundial. Siempre nos va bien cuando la gente viene a Chicago y Chicago puede contar su historia”.

Aún así, hay quienes piensan que todo consiste en una idea inflada sobre la sonada ‘imagen global’.

Charles Brown es un líder comunitario con la organización Action Now y vive en Englewood. En un video en el que el Grassroots Collaborative promociona los recorridos turísticos a los barrios ‘reales’ de Chicago, Brown explicó por qué cree que se han definido mal las prioridades albergando la Cumbre de la OTAN y reconoció que teme por su seguridad, la de sus vecinos y la de los niños, por el crimen y el alto número de edificios abandonados en su barrio.

“Es una vergüenza que nos dejen aquí mientras se promociona este evento en el centro. Sólo si mantenemos los barrios viables es que la ciudad será viable. Debemos cuidar unos de otros”, dijo Brown.

“Han cortado los impuestos a las corporaciones y ahora estas compañías entran en un pacto para donar y apoyar el evento de la OTAN aquí. Quienes van a sacar ganancia de esto no va a ser la ciudad sino las corporaciones”, continuó Brown.

El pastor de La Villita Community Church Víctor ‘Vic’ Rodríguez, líder comunitario ligado a la organización Enlace Chicago, también denunció que mientras la Cumbre vendrá y se irá, nada cambiará para los niños y jóvenes de este barrio, que no tienen suficientes lugares seguros para jugar o estar después de clases.

“Estos son niños sin voz, así que ¿a quién le importa?”, cuestionó.

“Esta cosa de la OTAN no va a cambiar nada porque no vendrán a ver esta parte de Chicago, sólo verán la media verdad. Pero se les debería recordar que no están viendo un Chicago completo, no están viendo a la gente que hace trabajar a Chicago”, dijo el religioso.

“Creo que un 10 por ciento de esos 14 millones de dólares podrían hacer tanto bien aquí en nuestra comunidad… cuando hay organizaciones que están buscando 600 dólares para comprar equipo nuevo para que 120 niños puedan estar fuera de las calles por un año”, especificó.

“Catorce millones de dólares en vino, comida y música parece un pecado cuando tienes niños sin un lugar para jugar, niños a los que sus padres no los dejan salir por miedo a la violencia de las pandillas. Con 700,000 dólares tendríamos una nueva cancha de futbol para el Gary Ortiz campus. Pero creo que estarán mejor gastados en botanas y vino… espero que sea un buen vino…”, añadió Rodríguez.