Piden la paz

En su parada en Chicago, la "Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad", que está recorriendo casi todo Estados Unidos, hizo un llamado al cese de la violencia en Chicago

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Piden la paz
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La “Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad”, que estuvo del 2 al 4 de septiembre en Chicago, hizo un llamado al fin de la guerra antidrogas en México, que tiene repercusiones también en este lado de la frontera.

En una plática breve con La Raza, el poeta y activista mexicano Javier Sicilia, uno de los líderes de la caravana, explicó por qué piensa dejar el movimiento y habló de política y de su plan para frenar la violencia y alcanzar la paz.

“Bueno, es un buen peldaño para conseguir la paz, especialmente en Chicago que es una ciudad emblemática de la prohibición del alcohol y de la droga y como resultado parece que es la ciudad más violenta. El presidente norteamericano Franklin Roosevelt tuvo razón al legalizar el alcohol porque al hacerlo empezó a controlarlo. No se va acabar el crimen pero la guerra sí. Ésta es una de las rutas fundamentales”.

“Aunque nosotros nos hemos quejado de las armas y Estados Unidos con justa razón dice que es un problema de la corrupción de su gobierno, el asunto de las armas se ha vuelto internacional, y ahora se ha convertido en binacional México-Estados Unidos.

Nosotros en menos de seis años tenemos 70 mil muertos, es un país destrozado, hay 20 mil desaparecidos, 50 mil desplazados y 400 personas que mueren diariamente por adicciones.

Estados Unidos invierte cantidades de millones de pesos en México, en esa violencia en México. ¿Por qué no invertirlos en tejido social?, ¿en campañas regulatorias? Al legalizar o regular la droga pueden pasar muchos impuestos que servirían precisamente para la paz”.

“Esperamos tocar al menos a los legisladores federales y poder establecer ese diálogo, ese puente; ojalá se logre algo, sembrar esa semilla, esa inquietud”.

“La caravana es un grupo mexicano que viene a dialogar, no solamente a protestar; es decir, que si no nos ayudan son cómplices del crimen y a la larga les va hacer mucho daño. Somos vecinos, así que tenemos que encarar la problemática juntos. Es un proceso que hemos desatado, esperamos que vaya teniendo eco con el transcurso del tiempo y todavía nos falta Washington”.

“Nosotros no lo sabemos, nosotros nos movemos de acuerdo a expectativas. Esperamos que esto sea una buena siembra y termine a mediano plazo. Este asunto, que ya es grave, tiene que ser prioridad en las agendas públicas de la gente binacional”.

“Sí, tengo que retirarme un rato, soy un escritor, un poeta, un hombre de aulas, he tenido que hacer esto porque creo que como ciudadano, cuando los gobiernos se extravían y empiezan a servir a intereses oscuros, el ciudadano tiene que salir a hacer lo que se llama diplomacia ciudadana, que es lo que hemos hecho”.

“No se ve muy prometedor; es decir, son las elecciones de la ignominia, gana con el 19% y el otro candidato genera una tensión en medio de una guerra. Si el presidente Peña Nieto y los demás partidos no buscan un gobierno de unidad nacional, con todas las agendas, teniendo como prioridad la ruta de la paz, lo único que auguro es que si Peña Nieto se convalida de la misma manera que Felipe Calderón, muy cuestionado, va a seguir administrando el dolor y el infierno”.

En Chicago, la “Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad”, que está conformada por una comitiva de alrededor de 150 personas, realizó varias actividades.

Durante el recorrido que hizo la Caravana en La Villita, el pasado 3 de septiembre, María Guadalupe Muñoz mostró a La Raza la fotografía de su hermano Víctor Muñoz, desaparecido desde 1993 en Ciudad Juárez, Chihuahua.

Muñoz era teniente de infantería del Ejército de México. Su caso se ha presentado ante la Organización de Estados Americanos (OEA), porque según su hermana, a nivel interno (México) no han recibido justicia.

“La versión del ejército es que mi hermano desertó; pero la realidad es que él tuvo dificultades con sus superiores porque tenía información con respecto al tema de narcotráfico. Esto afectaba intereses personales de altos mandos militares, motivo por el cual fue desaparecido”, denunció Guadalupe Muñoz.

La Caravana, que es un esfuerzo en conjunto con el Movimiento por la Paz y la Justicia de México (MPJD), la Alianza Nacional de Comunidades Latino Americanas y Caribeñas (NALACC) y otras organizaciones e iglesias de Estados Unidos, ha sido apoyada por varios.

Como la violencia también acampa en la zona fronteriza, gritando arengas a voz en cuello y con una cruz en la mano que decía “No olvidados”, encontramos a Enrique Morones, activista y fundador de la organización “Ángeles de la frontera”, con sede en San Diego, California.

Morones, junto a otros integrantes de su organización, reparten agua en el desierto para que la gente no muera al cruzar la frontera entre San Diego y Tijuana.

“Hace cuatro meses le dijimos a Javier Sicilia que con gusto apoyaríamos esta caravana por la paz y es por eso que hoy estamos aquí en Chicago”, comentó Morones a La Raza.

Según el sacerdote y activista José Landaverde, de la Misión Católica Anglicana Nuestra Señora de Guadalupe, y quien estuvo a cargo de la marcha en La Villita, la caminata congregó alrededor de 1,000 personas.

Blanca Rodríguez, quien vive en el suburbio de Aurora, dijo que vino apoyar la marcha porque sus familiares en el Distrito Federal, en México, son testigos de la violencia y ella aquí también lo es de la violencia que se vive en Chicago y alrededores.

Según la NALACC, Chicago se ha convertido en una plaza importante en los EE.UU. para el contrabando de drogas y en la capital mundial del homicidio debido a la violencia callejera con armas de fuego.

Este panorama de violencia no es ajeno para Julieta Bolívar. “Las pandillas molestaban mucho a mis hijos, por eso tuve que salir del barrio para que ellos no corrieran ningún riesgo, me parece increíble que ahora estemos pasando por esta zona (oeste de la avenida Pulaski) que de noche es intransitable por su peligrosidad”, indicó.

Después de dos horas y media de caminata los caravaneros y los acompañantes llegaron hasta la iglesia New Mount Pilgrim Missionary Baptist, ubicada al oeste de la Ciudad. Antes de ingresar al templo se veía de lejos un cartel que decía ‘Descansa en paz Sergio Núñez’.

Según la familia Núñez, que viven en Chicago, el fenecido fue traído de Cuernavaca, Morelos, a Chicago a la edad de un año. A los 22 años fue a México de vacaciones, lo secuestraron, y 24 horas después fue encontrado muerto en un lote baldío. Otra residente de Chicago, María Juana Sánchez, dio su testimonio en la iglesia y contó que a su hermana Guillermina, de 74 años, también le mataron a su hijo en México. “A mi sobrino lo torturaron, le sacaron uña por uña porque no quiso dar una cuota”.