Te regalo tu paquetote

Hace como tres décadas, cuando abrieron los vuelos hacia Cuba desde Venezuela, mi esposo y yo decidimos ir a conocer el ‘paraíso socialista’ en donde no había analfabetas y la medicina era gratis.
Éramos jóvenes así que el ‘paquete’ que ofrecía hermosas playas, música, el mejor ron del mundo y gente que pensaba como nosotros era algo que había que aprovechar.
A medida que pasaban los días la realidad se hizo más clara, en aquel hotel  para turistas en donde nuestros amigos no tenían cabida empezamos a sentirnos presos.
En la calle se prostituían mujeres y hombres de la misma manera. La igualdad del pueblo que tanto se  predicaba no era otra cosa que la igualitaria pobreza en donde nadie tenía nada.  El colmo lo sentimos el día que nos íbamos, cuando la señora de la limpieza nos pidió que le regaláramos un cepillo de dientes usado, un peine y el shampoo que nos sobraba.
Nos fuimos con el sabor amargo de aquella muestra de socialismo latino. Mi hija tenía entonces sólo cinco años.
Nunca hubiera imaginado que 35 años después Venezuela sería un país miserable, en donde como no se consigue nada se hace cola para todo. Eso ocurría en Cuba, no en la rica nación petrolera.
Por eso para el cumpleaños de mi hija le regalé un viaje a Brasil. Por una semana quería rescatarla de la angustia de no saber si habrá leche, jabón o papel toilette, que por unos días no hiciera cola, que disfrutara del sol, de caminar en la calle sin temor a ser atracada.
No fue fácil despedir a mi hija, me duele que siga allá, en un país sin salida, en donde cada vez es más común que la gente viva encerrada, creyendo que el miedo es normal.