Trump en la Casa Blanca: 100 días de caos y pocos logros en el bolsillo

Trump se regodeó de su habilidad para hacer “tratos” y, ajeno al mundo de la política en Washington, prometió “vaciar el pantano” y reformar el sistema

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Trump en la Casa Blanca: 100 días de caos y pocos logros en el bolsillo
100 días de Trump

WASHINGTON.- Como candidato, Donald Trump prometió “arreglar” Washington pero, al cumplir mañana 100 días en el Despacho Oval,  la anulación de “Obamacare” no arranca, su política migratoria y su propuesta tributaria generan disensión, y el resto de sus promesas sigue en limbo.

Durante la contienda, Trump se regodeó de su habilidad para hacer “tratos” y, ajeno al mundo de la política en Washington, prometió “vaciar el pantano” y reformar el sistema.

Pero al cumplir este hito, en el que los presidentes logran sentar el tono y rumbo de su agenda, Trump ha canalizado parte de sus energías a atacar a la prensa como “enemigo del pueblo”, y ha hecho frente a una lenta confirmación de su Gabinete, y a controversias en torno a algunos de sus principales asesores.

Además, el Congreso continúa una investigación por la injerencia de Rusia en las elecciones, y los posibles nexos de algunos miembros de su campaña con Moscú.

Asimismo, algunas de sus propuestas han sido frenadas en los tribunales, como la veda a inmigrantes musulmanes o la supresión de fondos a ciudades “santuario”.

Grupos defensores de los inmigrantes, como el Concejo Nacional de La Raza (NCLR), han criticado la “fuerza de deportación” de Trump, dirigida contra la mayoría de los inmigrantes indocumentados, y el hecho de que la Casa Blanca no ha abierto un diálogo con la comunidad.

“La comunidad se siente bajo ataque, porque en sus primeros 100 días ha puesto en marcha políticas que perjudican a los inmigrantes, y su Administración promueve una falsa narrativa que pinta a todos como criminales”, se quejó Janet Murguía, presidenta de NCLR.

Sin “luna de miel”

Trump no sólo no ha tenido la tradicional “luna de miel” con el Congreso sino que, pese a la aritmética que maneja la Casa Blanca, la mayoría de sus 30 órdenes ejecutivas tienen apenas una carga simbólica, o sólo inician una revisión de las políticas en vigor.

Su Administración no ha puesto un solo ladrillo en su prometido muro fronterizo porque su propio partido no alcanza consenso sobre cómo financiarlo, pero sí ha logrado movilizar a la mayoría de la comunidad hispana en su contra.

La anulación de “Obamacare”, una de sus principales promesas electorales, ni siquiera fue sometida a voto por falta de apoyo incluso entre los conservadores, y la nueva versión no tiene mejores augurios.

Aunque ha promulgado 28 leyes, Trump aún no ha logrado una sola victoria legislativa significativa.

Los senadores republicanos tuvieron que alterar las reglas parlamentarias para confirmar a Neil Gorsuch como juez vitalicio en el Tribunal Supremo, capaz de alterar el rumbo de muchos asuntos de la vida nacional por generaciones.

Impacto de medidas

Trump criticó en 2016 el volumen de órdenes ejecutivas que firmó “por todas partes” su antecesor, Barack Obama. Ahora, sus asesores destacan que Trump ha firmado más órdenes ejecutivas en este período que ningún otro presidente desde Franklin D. Roosevelt.

Pero lo que cuenta, según observadores, es el contenido e impacto de esas medidas, y buena parte de éstas han sido para empezar a borrar el legado de Obama.

El barómetro de la Historia

Al llegar al hito de 100 días, una tradición que comenzó con la era de Roosevelt, Trump afronta el escepticismo de su propio partido y ataques frontales de la oposición por su impulsividad y sus políticas.

Trump ganó la presidencia con promesas de poner a EEUU “de primero” y en octubre de 2016 divulgó un “Contrato con el Votante Estadounidense”, pensado en particular para un sector “abandonado” por Obama.

Ese “contrato” incluyó un “plan de acción de 100 días”, con unas 60 promesas, centrado en la seguridad nacional, el proteccionismo económico y el combate a la corrupción.

Un vistazo al documento confirma que, hasta esta semana, Trump sólo ha cumplido cinco de esas promesas, algunas han sido modificadas o están bloqueadas, y no ha tomado acción alguna en el 60% del resto.

Trump aún no ha enviado al Congreso su plan para una multimillonaria inversión en la infraestructura; su reforma tributaria carece de detalles – lo poco que se sabe ha generado críticas-, y la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) aún no arranca.

Además, al toparse con un complejo proceso legislativo, Trump ha tenido que moderar o recalibrar sus posturas en muchas áreas: no ha declarado a China como un “manipulador de divisas”; ordenó un ataque militar contra Siria; la organización trasatlántica OTAN ahora resulta imprescindible, y casi todo lo demás es negociable.

En la arena diplomática, Trump no ha hecho en este período un sólo viaje al exterior –Obama ya había visitado nueve países, según el Departamento de Estado-, y ha tenido roces con México, uno de los principales aliados de EEUU, por su propuesta del muro y la amenaza de salirse del NAFTA.

Descontento popular, y una tropa de leales

Una encuesta de la empresa Gallup, divulgada ayer jueves, señaló que el 52% de los votantes desaprueba del desempeño de Trump hasta la fecha, y sólo el 43% le da buenas calificaciones.

Mientras, una encuesta del Centro de Políticas de la Universidad de Virginia indicó que el 93% de quienes votaron por Trump aprueba de su gestión, y tienen pocos “arrepentimientos”.

Sin embargo, de entre ese grupo de fieles votantes, sólo el 42% aprueba “firmemente” la gestión de Trump, mientras que el 51% lo “aprueba algo”.

Aunque la mayoría de los encuestados se mostraron satisfechos con el rumbo del país, sí expresaron preocupación por el uso prolífico de Twitter por parte de Trump, y por su incapacidad de anular “Obamacare”.

Otras encuestas recientes han señalado que, salvo sus más fieles seguidores, la mayoría de los estadounidenses desaprueba de su gestión.

Tanto la oposición demócrata como grupos cívicos afines han prometido mantener una “resistencia” contra las políticas de Trump.

Los demócratas, claro está, se frotan las manos ante la posibilidad de que los desaciertos de Trump les ayuden en los comicios de 2018.