Un imperio creativo protegiendo el medioambiente

A los 64 años, Álvaro Vásquez Osorio fue finalista en un concurso de emprendedores en Los Ángeles por su empresa colombiana de fabricación de palés hechos con biomasa de tallos de flores
Sigue a La Raza en Facebook
Un imperio creativo protegiendo el medioambiente
Álvaro Vásquez Osorio, creador de Bioestibas con algunas de las estibas elaboradas con tallos de hortensias./Cortesía

Cuando faltaban apenas unos años para que Álvaro Vásquez Osorio se jubilara, este colombiano, nacido en Medellín, reunió a su esposa y sus tres hijos para analizar qué iba a hacer. Un horizonte que no podía ser pasivo para un ingeniero y abogado que hasta entonces, según cuenta él mismo y recogen las hemerotecas colombianas, ha trabajado tanto en el sector público como el privado en su país.

Vásquez, que se describe como padre y abuelo –un hombre de familia–, ha sido un emprendedor en el mundo editorial, ha presidido la Sociedad Antioqueña de Ingenieros y Arquitectos, fue director de Planeación de Medellín. También fue secretario de Hacienda nombrado por el que fue Gobernador de Antioquía (y luego presidente) Álvaro Uribe, ministro consejero en la embajada de Argentina y gerente del Instituto para el Desarrollo de Antioquía.

A la vista de su hoja de vida y sus experiencias, durante esa reunión su hijo mayor le dijo que antes de analizar proyectos era importante ver qué le había ido bien y qué le había ido mal en la vida. “Y en ese proceso me di cuenta que tengo 1,000 defectos”, dice entre risas este hombre que ya ha cumplido los 64 años. Hacer este ejercicio le pareció “interesantísimo” y lo recomienda. “Nunca es tarde para hacerlo”.

Ese momento fue el inicio de una nueva etapa emprendedora que le está llevando por buena parte del mundo y la semana pasada hasta Los Ángeles donde fue finalista del Chivas Venture, una plataforma global de la marca de licor Chivas Regal que apoya proyectos de emprendimiento con impacto social y económico con un fondo anual de un millón de dólares. El proyecto con el que se reconocía a este emprendedor es Bioestibas, una empresa de fabricación de estibas o palés (las plataformas de carga para distribuir y almacenar mercancías) con tallos de hortensias que se consideran residuos. Han sido los terceros en la competición internacional.

Bioestibas, creada en 2014, da una nueva vida al tallo de unas flores que normalmente se quema (lo que es contaminante) y permite salvar de la tala a miles de árboles que cada año se destinan a fabricar palés.

Estibas o palés fabricadas con tallos de hortensias reciclados./Cortesía

Vásquez comenzó esta empresa con la idea de encontrar oportunidades y materializarlas. “En Colombia dicen que tenemos mucha iniciativa, pero muy poca acabativa, dice bromeando, usando este divertido “neologismo” para satirizar el hecho de que se empiezan muchas cosas que luego se abandonan por el camino. Por eso se puso metas y condiciones.

“La primera es que teníamos que ser diferentes, hacer algo que no hicieran ya otros en Colombia. Queríamos empezar algo en lo que fuéramos únicos”, detalla. “La segunda condición es que tenía que ser un negocio grande o rápidamente escalable y por último, lo que hiciera tenía que ser ambientalmente perfecto, no solo amigable, sino perfecto y si no, no se hace”.

Hay una parte de la empresa que se apoya en la responsabilidad social además medioambiental. Bioestibas compra tallos a 122 mujeres con pequeños cultivos de la región donde tienen la fábrica, en La Ceja (cerca de Medellín) en la que emplea a 21 personas.

Una de las cosas que destaca este hombre que dice que nunca es tarde para emprender, crear, contribuir y dejar huella, es que hay que ser “perseverante, persistente y tener disciplina de control”. “El primero peso de utilidad (ganancias) que tuvimos en Bioestibas fue este año, hemos trabajado tres años para ganar el primer peso, ahora estamos ganando todos los meses y cada vez más”, cuenta para explicar que está viendo a muchos jóvenes emprendedores impacientes “que quieren crear un Facebook y ser millonarios en tres meses, eso solo ocurre una o dos veces”.

Bioestibas, que produce ahora 3,500 palés mensualmente y el 90% se destinan a la exportación,  no es la primera empresa pos-jubilación de Vásquez. Es la cuarta y algunos de sus hijos se han incorporado a ellas.

Álvaro Vásquez Osorio fundador de Bioestibas, con parte de su personal en la fábrica en las cercanías de Medellín (Colombia)./Cortesía

La primera que puso en marcha fue Disa, que hace suministros hospitalarios, mascarillas médicas. “Hacemos cinco millones y medio de unidades al mes, tiene 72 empleados y pequeñas plantas cerca de Medellín“. La segunda es Bioflu con la que se hacen limpiezas de aguas invadidas por plantas contaminantes que impiden la navegación y la vida acuática. Qué hacer con ese material de biomasa que se retiraba del agua fue la primera piedra sobre la que se construyó Bioestibas porque Vásquez está invirtiendo en investigación y está viendo posibilidades.

Los tallos de flores fue la biomasa perfecta para sus palés y tiene planes para la de las plantas contaminantes. Una cuarta empresa, Batimetría, hace topografía bajo el agua, “y es muy rentable”.

Con los rendimientos de cada empresa abre la siguiente si puede porque una de las cosas que no quiere es pedir dinero al banco. “Si tuviera 30 años lo haría”, pero a su edad no le parece responsable dejar compromisos financieros a su familia. El dinero inicial para poner en marcha todas estas empresas salió de dos propiedades que vendió. Ahora, dice que cuando la caja “avanza, se avanza”. “Crecemos al ritmo que la caja permita”. El empresario colombiano dice que también ha conocido el fracaso en una empresa y no quiere tomar riesgos innecesarios.

Y la empresa avanza por que las estibas son muy rentables. Ahora, mientras piensa en incrementar su capacidad a 33,000 mensuales y tantea una posible empresa conjunta para hacerlas en EEUU, ha descubierto en una feria de madera una nueva técnica de impresión de tableros para hacer aglomerados con la que puede usar el mismo material de sus estibas. Y con ello hacer materia prima para muebles. Eso elevaría aún más la rentabilidad de lo hecho con ese material cuyo destino ha sido tradicionalmente el fuego por considerarse inservible.

Vásquez tiene en mente lanzar una quinta empresa, Mangoil, para hacer aceite de mango. Y seguir jugando al tenis. Dice que se lo está pasando bien y se mantiene en forma.

Un cocinero clave

Para hacer las estibas Vásquez compró la maquinaria en China y contaba con un ingeniero de este país para que le ayudara con la capacitación para ponerla en marcha. El problema es que le negaron el visado al técnico asiático. “Nos tocó contratar un cocinero chino de un restaurante de un pueblo cercano  a Medellín para que nos tradujera todo del cantonés. Tardamos nueve meses en lo que teníamos que haber hecho en un mes. Fue difícil”.

Otra dificultad que enfrentó fue que al empezar la producción a todo el mundo le encantó por los beneficios sociales y ambientales, “pero no compraban”, lamenta el empresario, “por la resistencia al cambio. Tuvimos que demostrar que nuestros palés eran 2.4 veces más resistentes que los de madera”. Además de hacer pruebas de resistencia públicas, Vásquez se inscribió en concursos de emprendimiento y conseguimos una exposición que nos legitimó. “El potencial para crecer está abierto”.