VIDEO: Guajango, el “tequila” de los ecuatorianos

Para la fiesta y la buena salud
VIDEO: Guajango, el “tequila” de los ecuatorianos
El guajango es popular en los Andes de Ecuador. EFE/José Jácome.

QUITO — El guajango es una bebida espirituosa, una especie de tequila dulzón, elaborado con el zumo de un penco o agave que crece en el sur andino de Ecuador y que, según los habitantes de la comunidad indígena de Gera, cura resfriados y aviva las fiestas en la tierra del sol.

Este licor aparece en Gera durante la Navidad y en el Inti Raymi (Fiesta del sol, en quichua andino) que se celebra en la época del solsticio de verano (junio), la temporada de las cosechas, aunque las familias guardan raciones para otras celebraciones comunitarias.

Francisco Lima Macas, un dirigente de Gera, conoce el proceso de elaboración de la bebida y las diversas propiedades y servicios que se obtienen durante su preparación.

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El agave se cultiva en los linderos de los terrenos de las más de cien familias que integran esta comunidad, pero crece también en el perímetro de El Mirador, un balcón natural desde donde se divisa el fértil valle de Saraguro, en la provincia andina de Loja, en el sur ecuatoriano.

Lima Macas es un experto al momento de abrirse paso entre las afiladas hojas del penco para llegar a su corazón, donde coloca un recipiente para recoger el zumo de la planta durante varios días, a veces más de veinte.

Ese zumo, llamado mishqui, es también usado como una bebida refrescante, que no contiene pizca de azúcar y que resulta muy agradable en las largas jornadas de la faena agrícola en esta localidad.

El mishqui, además, es usado por los habitantes de la región como medicamento, pues cura resfriados y hasta el reumatismo, y es “muy bueno para los riñones”, según Lima Macas.

Además, el mishqui hervido suele ser mezclado con machica o harina de cebada para formar una especie de masa o “chapo”, que es una delicia y “un gran alimento” para niños y adultos.

Preparación de guajango. EFE/José Jácome

Esta bebida es guardada por las familias de Gera en recipientes de barro donde se fermenta y da paso al guajango, el licor que deleita a los mayores, especialmente a los turistas que vistan esta región de Ecuador para disfrutar del llamado “turismo comunitario o vivencial”.

Gera, situada en un sector periférico de la ciudad de Saraguro, se ha integrado a una red de turismo impulsado por este Municipio, que desde hace algunos años apostó por entregar a la comunidad el manejo turístico de la zona.

Por ello, son muchas las familias que han adecuado sus viviendas para acoger a visitantes nacionales y extranjeros que opten por pasar sus vacaciones conviviendo con la comunidad.

Sobre todo, llegan de Estados Unidos, Holanda, Francia, Alemania y otros países europeos, pero también del vecino Perú, de Colombia y algunos ecuatorianos de otras regiones.

Segundo Sarango, alcalde de Saraguro, considera que el “turismo comunitario” es una apuesta que cada vez gana espacio, por el interés creciente de volver a convivir con la naturaleza y dejar de lado, aunque sea un poco, al vertiginoso mundo de la tecnología.

Los turistas, explicó Sarango, pueden llegar a Saraguro en familia con la intención de “convivir con la agricultura, cosechar los productos que brinda la tierra, prepararlos y ser parte de esa relación con la Madre Tierra”.

“Los niños son también parte de esto y los padres se involucran con los valores comunitarios”, añadió el alcalde al destacar que uno de los principios del turismo vivencial que se practica en esta región es involucrar a los visitantes con la vida diaria y con las fiestas que se suceden a lo largo del año.

Una gastronomía sana, exenta de productos químicos en el cultivo, así como una relación estrecha con el medioambiente, provocan en los visitantes una reacción positiva, porque es como si renovasen sus energías.

Para los turistas más audaces, en la zona también existen varias cascadas consideradas por las comunidades como sagradas, por la claridad de sus aguas que purifican el alma y el cuerpo.

Después del chapuzón en las gélidas aguas de las cascadas de Saraguro, el guajango se convierte también en un cálido elixir