La pelea por el manchego, roquefort y parmesano entre México y Europa

La Unión Europea pretende que se prohíba usar el nombre de algunos de sus quesos en los productos elaborados en México
La pelea por el manchego, roquefort y parmesano entre México y Europa
Europa no quiere que se use el nombre de sus quesos en productos elaborados por México. Getty
Foto: Getty

¿Cuál sería un nuevo nombre para el queso manchego en México? Es una pregunta que desde hace algunos meses empieza a formularse en el país.

Y es que la Unión Europea solicitó al gobierno mexicano que se prohíba usar el nombre de 56 quesos originarios del viejo continente.

La idea es que solamente a los productos lácteos elaborados en Europa se les llame con el nombre original, como se les conoce en todo el mundo.

La propuesta está sobre la mesa en las negociaciones para modernizar el Tratado de Libre Comercio entre las dos economías, en vigor desde 1996.

Pero también forma parte de una campaña que la Unión Europea mantiene desde hace varios años para proteger algunos de sus productos.

En el caso mexicano, puede afectar severamente a la industria lechera, de la que dependen 1,1 millones de empleos según datos oficiales.

La Secretaría de Economía sometió el tema a consultas con productores y empresarios.

Hasta ahora la respuesta es negativa, afirma Miguel García, presidente de la Cámara Nacional de Industriales de la Leche (Canilec) de México.

“No hay elementos para que el país otorgue la protección que pide la Comunidad Europea”, explica a BBC Mundo.

“Los nombres de los quesos en cuestión se consideran genéricos, son de uso común muy usados en el lenguaje corriente y en las prácticas comerciales”.

La Unión Europea, en cambio, advierte que no busca sólo proteger a sus productores con estas medidas, sino evitar la comercialización de productos falsos o que utilicen los nombres en perjuicio de estas mercancías.

Un ejemplo ocurrió en España donde recientemente se detectó la venta de espárragos supuestamente originarios de Navarra, pero que en realidad procedían de China y Perú.

Y en realidad no es un asunto tan novedoso. El caso más conocido es el de la champaña, que sólo puede utilizarse en los vinos producidos en la región de Champagne, Francia.

El resto de los productos con características similares se denominan vinos espumosos o en el caso español, cavas.

Cuestión de identidad ¿o de mercado?

¿Cuál es el fondo del problema? Oficialmente la Unión Europea pretende que se reconozca la identidad de origen para más de 300 productos distintos.

Se trata de un concepto para definir alimentos, vinos y otras mercancías o servicios con un origen geográfico concreto, y que tienen además características o una reputación de su lugar de origen.

Generalmente esa identidad se refiere al nombre del sitio donde se elabora.

Es el caso, por ejemplo, de los quesos manchego, creado en la región de La Mancha, España, o el parmesano, originario de Parma, Italia.

Esos y otros productos como feta (Grecia) o roquefort (Francia) se fabrican desde hace varias décadas en México, incluso antes de que surgiera la UE.

Lo que pretende Europa es crear un registro vinculante de denominación de origen, lo que se traduciría en el monopolio de los nombres de productos originarios en el continente advierten especialistas.

Ya lo ha conseguido en algunos casos como en el acuerdo comercial entre Estados Unidos y Corea del Sur.

En las cláusulas del convenio se establece que algunos quesos con nombres europeos, como roquefort, manchego o parmesano elaborados por estadounidenses no pueden venderse en el mercado coreano.

Algo parecido se pretende con México. La petición a la Secretaría de Economía es que no se permita usar los nombres originales en los productos elaborados en el país.

“La Unión Europea quiere establecer un monopolio donde ellos confiscan los nombres que han sido comunes y genéricos por muchos años”, le dice a BBC Mundo Jaime Castañeda, director del Consorcio para los Nombres Comunes de Alimentos.

“Lo quieren monopolizar para sus propios productores, apropiarse de un mercado desarrollado por alguien más”.

“Lo quieren monopolizar para sus propios productores, apropiarse de un mercado desarrollado por alguien más”.

En cambio, según productores de queso de la Unión Europea lo que buscan es “reciprocidad”, es decir, que se otorgue la misma protección a sus exportaciones como la que se otorga en importaciones mexicanas.

Por ejemplo, la Fundación del Consejo Regulador de la Denominación de Origen del Queso Manchego de España sostiene que usar este nombre en productos no elaborados en La Mancha les “hace mucho daño, en México especialmente”.

El problema es que la variedad de manchego que se produce en este país suele ser una mezcla de leche de oveja y vaca, o sólo de éste último asegura el organismo.

El original se elabora con leche de la oveja de raza manchega y se madura entre 30 días y dos años como máximo.

Del comercio exterior dependen 30 millones de empleos, según datos de la Unión Europea.

“Sin mala fe”

En fondo, pues, es una estrategia comercial que en el caso mexicano no tiene razón de ser, insiste el presidente de Canilec.

“En México, esos nombres no han sido usados con mala fe, intentando confundir o engañar al consumidor al hacerle creer que son quesos europeos”, explica.

Un ejemplo es el queso manchego, el de mayor consumo en el país entre las variedades originarias de Europa.

Los consumidores de este país están acostumbrados al producto mexicano, al que utilizan en formas que no serían posibles con el original, como al fundirlo en las tradicionales quesadillas.

Y aseguran que no hay confusiones. Un estudio reciente de Canilec revela que el 95% de los mexicanos no saben que el queso manchego es originario de La Mancha.

Tampoco identifican que se trate de un producto de leche de oveja, ni que se elabora con un proceso especial de maduración que eleva considerablemente su costo.

A quienes les gusta el manchego original lo compran en tiendas gourmet y pagan su precio sin problemas, afirma Miguel García.

“El consumidor mexicano conoce el sabor del queso manchego, la apariencia del producto mexicano, sabe sus costos y en ningún momento lo confunde. Por eso decimos que son términos de uso común”, insiste.

“Aún si la gente supiera que el queso manchego se elabora con leche de oveja y está madurado, no cambiaría su tendencia de consumo. Por eso decimos que no hay ningún daño ni perjuicio a los productores de Europa”.

“Defenderse como si fuera un ladrón”

Quienes se oponen a la solicitud de la Unión Europea dicen que monopolizar el nombre de los quesos europeos en México causaría pérdidas a muchos.

El Consorcio para los Nombres Comunes de Alimentos advierte, por ejemplo, que la falta de competencia sería un incentivo para aumentar los precios, además que bajaría la oferta de productos en las tiendas.

Los productores perderían mercados que construyeron en décadas, lo cual provocaría cierre de empresas, granjas y desempleo.

La Canilec ve difícil que esto suceda, en primer lugar porque en el país no existen leyes para concretar la identidad de origen.

Pero en el Consorcio para los Nombres Comunes de Alimentos no son tan optimistas.

La consulta que emprendió la Secretaría de Economía no es una buena señal, dice Jaime Castañeda, porque realmente quien debe comprobar que el nombre de sus quesos no es de uso común es la UE.

“Es penoso que se esté forzando a que la víctima, en este caso el productor de queso mexicano, deba defenderse como si fuera un ladrón”, afirma el especialista.

“Deberían decirle a la Unión Europea que si quiere que se proteja su indicación geográfica tiene que esperar a que se apruebe una ley, porque en este momento no hay”.

BBC Mundo solicitó a la posición oficial del gobierno mexicano a la Secretaría de Economía, pero no hubo respuesta.