El Tajín: La ciudad del fulgor

La ciudad del olor a vainilla y los hombres que adoraban el fulgor que antecede al relámpago
El Tajín: La ciudad del fulgor
Tajín corrido (Juan Carlos Gutiérrez Barraza)
Foto: Cortesía / Juan Carlos Gutiérrez Barraza

Una ciudad construida y habitada por la cultura “Totonaca” (600 a 900 d.c.) que habría de marcar la historia de los pueblos mesoamericanos en cuanto a su relevancia en la costa norte del Estado de Veracruz.

Para los totonacas era de suma importancia las relaciones amistosas y la convocatoria de las comunidades para el “Juego de Pelota”, que no era otra cosa que una ofrenda para el curso y orden cosmológico que suscita el transitar humano por esta tierra.

Proyecto urbano (Forto: Juan Carlos Gutiérrez Barraza)

La producción simbólica en esta región fue inmensa y con una tendencia hacia la centralización de todo el poder en la figura del líder, forjando de este modo la autoridad total tanto en el terreno ideológico y como económico que se necesitaba para formar una primera instancia de gobernación que más tarde se convertiría en lo que conocemos como Estado.

Foto: Juan Carlos Gutiérrez Barraza

El diseño de la ciudad es único en todo México, las decoraciones hechas con nichos no tienen símiles alrededor de las zonas arqueológicas del país.

Pirámide de los Nichos (Juan Carlos Gutiérrez Barraza)

El Tajín consta de “La pirámide de los Nichos” ( llamada así por el número de tableros en la fachada principal, que suman un total de 365), Plazas públicas en relieves estratégicos para el convivio, y 17 “Tlachtlis” o campos para el juego cósmico- religioso.

Arqueología veracruzana (Foto: Juan Carlos Gutiérrez Barraza)

Los antiguos indígenas totonacas adoraban el fulgor que antecede al relámpago, reverenciaban ese poder que impone, destruye y vitaliza el ambiente y que significó sacritud celeste.

Construcción totonaca (Foto: Juan Carlos Gutiérrez Barraza)

Al incursionar dentro de la zona se percibe un aroma a vainilla, a una humedad que se adhiere a la piel con sutileza, así como las construcciones llevan a otro mundo, la vegetación hace gráficos psicodélicos en la visión del incauto atrapado por la magia de lo que aún respira.