De Ecatepec a Tijuana en busca de su hijo
Verónica Rosas no se da por vencida para dar con el paradero de Diego Maximiliano Rosas Valenzuela, que fue secuestrado en el 2015
TIJUANA.- Muy cerca de la garita de cruce peatonal fronterizo de San Ysidro, Verónica Rosas se colgó la foto de su hijo al cuello para que el rostro del quinceañero Diego Maximiliano Rosas Valenzuela, secuestrado el 4 de septiembre de 2015, se grabara en la mente de los transfronterizos.
En los últimos meses, todas las pistas del posible paradero del muchacho lleva a esta región y quizás más allá.
“Rezaremos por él’’, dijo un conmovido transeúnte en cuanto recibió una papeleta con los pormenores: la foto, los números telefónicos de contacto, los datos para la recompensa que ofrece la Procuraduría General de la República de hasta 1.5 millones de pesos para cualquier información.
Verónica estuvo a finales de marzo en varios puntos de la frontera acompañada por gente de la organización Por Nuestros Desaparecidos en California, un psicólogo, un sociólogo y un padre de familia quien, como ella, también tiene un hijos sin rastro entre los 72,000 desaparecidos y 10,542 secuestrados registrados en el país entre 2012 y 2017.
Viajó desde el Estado de México y, para ser más preciso, de Ecatepec: el municipio con mayor índice de secuestros en la entidad que a su vez es la de mayor número de plagios en el país con 8,842 casos reportados oficialmente además de la cifra negra que ronda el 90%. O sea, el mismísimo infierno.
Con pocos días de permiso en el trabajo que le dio la empresa de alimentos para perros Malta Clayton —para la que ella trabaja como vendedora y ha sido muy solidaria desde el secuestro de Diego—, ella aprovechó todo el tiempo en Tijuana para divulgar información.
Luego del cruce fronterizo fue a terminales de autobuses, a mercados y calles, visitó a las tres procuradurías de los municipios de Ensenada, Tijuana y Mexicali, habló con funcionarios y en el último minuto antes de regresar a el Estado de México se plantó en el tobogán del avión por si acaso algún viajero sabía algo.
De todas esas actividades, su mayor impacto fue la visita a los Servicios Médicos Forenses para descubrir a cientos y cientos de archivos de cuerpos sin reconocer. No supo cuantos eran, no quiso contarlos, pero las imágenes de torturas, golpes y toda la saña que había caído sobre los infortunados se apilaban y se apilaban en los escritorios y en su corazón.
“En Mexicali no tienen archivos, pero en las otras dos ciudades me permitieron entrar a ver todos los libros de los cuerpos, imágenes con fotos, detalles, muy triste, muy lamentable porque, al igual que otros estados a los que he visitado buscando a Dieguito (Morelos, Guerrero), no hay bases de ADN y no hay esta prueba básica para la búsqueda de desaparecidos porque no hay presupuesto’’, resume Verónica.
A Diego lo secuestró un vecino de Ecatepec, un menor de edad que formaba parte del 5.75% de niños que participan en los secuestros en México, según Isabel Miranda de Wallace, fundadora de Alto al Secuestro, que cuenta con las estadísticas más certeras en el país con base en denuncias a la organización civil y las que le comparten los estados.
“Esto tiene que ver con la falta de comunicación en su casa (de los plagiarios), el chavo que empieza con malas compañías y deja la escuela y los padres siguen sin hacer caso’’, detalla.
El joven delincuente que secuestró a Diego hoy, está sentenciado: le dieron poco más de tres años, una resolución que le molesta a Verónica: como madre soltera ha vivido sola el dolor del plagio y mutilación de los “falangitos’’ de su hijo cuando ella no pudo pagar por el rescate.
“No podría juntar el dinero que querían ni durante toda la vida’’, dijo.
Un día dejaron de llamar. Los otros dos detenidos tampoco quieren decir nada, si lo mataron o no. La pista de Tijuana la obtuvo ella y solo ella y la considera una de las más sólidas pues algunos de los secuestradores más temidos del país han sido capturados en esta ciudad fronteriza a donde han trasladado sus tentáculos para cruzar la línea si hace falta.
“Estoy cerca de mi hijo, voy a Ecatepec para juntar dinero y fuerzas pero regresaré pronto’’, dice Veronica a quien todos los caminos, como a muchos, la llevan a Tijuana.
Mientras tanto, ayuda a otras madres con las que formó la organización Uniendo Esperanzas Estado de México que busca ayudar a padres de la región que buscan a sus hijos. El martes pasado encontraron a una niña de 14 años: se la habían llevado de Ecatepec a Cuautla, en el vecino Morelos. No tan lejos como Tijuana.