Confesó doble crimen, pero no le creyeron y 32 años después finalmente lo atrapan en Connecticut

Un hombre y su hijo fueron hallados con las gargantas cortadas y atados con cables
Confesó doble crimen, pero no le creyeron y 32 años después finalmente lo atrapan en Connecticut
Willie McFarland
Foto: Hamden Police Department

Willie McFarland, un delincuente sexual condenado en Connecticut, ha sido acusado de un doble homicidio cometido hace 32 años.

Lo más insólito es que en 1996 confesó haber casi decapitado a un hombre y su hijo, pero por falta de evidencia física los fiscales rechazaron varias solicitudes de una orden de arresto.

Finalmente McFarland, hoy de 52 años y residente de New Haven, fue arrestado el miércoles por los asesinatos en agosto de 1987 de Fred Harris (59) y su hijo Greg Harris (23).

Ambos fueron encontrados muertos en su casa de Hamden con las gargantas profundamente cortadas, después de ser atados con cables telefónicos, informó el diario Hartford Courant.

En 1996, mientras estaba encarcelado por agresión sexual, McFarland admitió haberlos matado, pero los investigadores no pudieron acusarlo porque ninguna evidencia física lo relacionaba con el crimen.

Sólo ahora los avances en las pruebas de ADN confirmaron lo que McFarland había confesado 23 años antes.

“Un crimen que ninguno de nosotros olvidará jamás”, dijo el detective Ronald Smith. “Hemos estado viviendo con ese caso durante muchos, muchos años y lograr que finalmente termine con un arresto, es una sensación increíble”.

Apenas unas horas después de los asesinatos de 1987, McFarland fue arrestado en New Haven por agredir sexualmente a otra persona con un cuchillo.

Una semana después, fue entrevistado por los asesinatos extremadamente atroces”, pero insistió en que no estaba involucrado y sólo conocía al joven Greg Harris del negocio de lavado de autos donde trabajaban juntos.

Pero nueve años más tarde, preso e infectado con VIH, dijo que había encontrado la religión y confesó el doble homicidio.

Entonces la policía de Hamden buscó por años una prueba física y finalmente un guante amarillo encontrado dentro de la casa de los Harris lo ataron a los asesinatos a fines del año pasado.