Cosas que hacíamos antes de la pandemia de covid-19

Tenemos que desarrollar una fe de acero para pensar que algún día esos días felices tienen que volver a todos nosotros

En Chicago la pandemia ha afectado con fuerza a los latinos.
En Chicago la pandemia ha afectado con fuerza a los latinos.
Foto: Scott Olson / Getty Images

Antes de la pandemia de covid-19 cuando nos encontrábamos en la calle con algún conocido nos saludábamos de mano y nos dábamos un abrazo. Ahora ya no hacemos eso. Ahora si nos encontramos con algún conocido, nos tocamos codo con codo o pie con pie y nos separamos seis pies aparte.

Antes festejábamos los cumpleaños y celebrábamos fiestas de quinceañeras o los aniversarios de los matrimonios. Ahora las reuniones en grupos grandes están restringidas porque pueden resultar fatales.

Antes de la pandemia visitábamos a nuestros amigos y familiares. A veces tomábamos vino y reíamos.

Ahora ya no reímos tanto.

Antes bromeábamos más con los amigos. Ahora ya no vemos a los amigos tan seguido y ya no estamos de tan muy buen humor para hacer chistes y bromas. La vida se ha tornado demasiado seria.

Antes de la pandemia a veces íbamos al cine, a esas grandes salas de sueños colectivos y nos sentíamos cómplices del placer de disfrutar y escaparnos de la realidad por unas cuantas horas. Ahora ya no nos podemos escapar de esta manera. Los cines permanecen cerrados y además con la gravedad de lo que acontece, ya nadie está pensando tanto en divertirse.

Antes de la pandemia visitábamos los centros de compras para caminar, comprar regalos y comer ahí en el food court. Ahora tenemos temor de las grandes concentraciones de gente. Y si vemos a una persona sin su mascarilla, le sacamos la vuelta. ‘Qué insensible persona’, pensamos y nos alejamos.

Antes de la pandemia a veces asistíamos a la iglesia más cercana y escuchábamos la misa ahí sentados al lado de otros feligreses. No sentíamos temor de contraer algo a pesar que estábamos tan cerca que podíamos escuchar sus oraciones e inclusive nos pasábamos la canasta de las limosnas uno al otro sin pensarlo dos veces. Al final de la misa nos dábamos la mano y nos sentíamos muy a gusto de ser parte de la humanidad. Ahora la pandemia nos prohíbe ir a misa.

Antes de la pandemia no escuchábamos en la televisión las estadísticas diarias de los casos de covid-19. Ahora cada día nos dan el número de casos y los fallecimientos como si estuviéramos en una guerra. Por esa razón a veces ya no queremos ver las noticias.

Antes de la pandemia a veces teníamos reuniones regulares con nuestros amigos y colegas en un restaurante un día a la semana. Ahí platicábamos, comentábamos la política y los sucesos en nuestras comunidades o barrios.

Ahora ese círculo social está suspendido y solo nos comunicamos esporádicamente a través de las redes sociales como Twitter o WhatsApp. Pero no, no es lo mismo que estar sentados juntos alrededor de una mesa en un restaurante tomando café y platicando y riendo en voz alta.

Ahora ya no sabemos si esos días regresaran. Tenemos que desarrollar una fe de acero para pensar que algún día esos días felices tienen que volver a todos nosotros.