La crisis de salud mental entre los latinos de Chicago está frenando su futuro económico

El impacto de las redadas en la salud mental y la economía de los latinos es severo y afecta sus oportunidades de estabilidad y movilidad económica

La falta de tratamiento de salud mental tiene impactos en el bienestar y la economía de las personas y de las comunidades. (La Raza / Firefly-Gemini)

La falta de tratamiento de salud mental tiene impactos en el bienestar y la economía de las personas y de las comunidades. (La Raza / Firefly-Gemini) Crédito: Impremedia

Cuando agentes federales de inmigración realizaron redadas en los vecindarios latinos de Chicago el otoño pasado, en el contexto de la Operación Midway Blitz desatada en septiembre de 2025, el impacto visible de familias separadas, trabajadores detenidos y niños obligados a quedarse en casa y faltar a la escuela fue solo una parte del daño.

Los esfuerzos intensificados de aplicación de leyes migratorias por parte de la administración Trump también se manifestaron en ansiedad crónica, depresión que dificulta presentarse al trabajo y niños cuyo miedo no tratado se convierte en algo que toma años revertir. Y en el sur y suroeste de Chicago, zonas con escasos recursos para la atención de la salud mental, ese daño se está convirtiendo en una crisis económica.

“Este tipo de tácticas y maniobras alteran enormemente la dinámica familiar, las conexiones con el sistema de salud y pueden tener impactos duraderos en los miembros de nuestra comunidad de muchas maneras”, dijo Matt Davison, director ejecutivo de NAMI Chicago, quien ha pasado meses haciendo trabajo comunitario en La Villita y Pilsen. “Fomenta la desconfianza hacia el gobierno, lo que lleva a que las personas se sientan incómodas o incapaces de acudir a citas médicas, por ejemplo, y eso va de la mano con un aumento del aislamiento, la ansiedad y la depresión”.

Antes de que llegaran agentes federales en septiembre, las comunidades latinas del sur y suroeste de Chicago ya enfrentaban una severa falta de servicios de salud mental.

El costo de padecimientos de salud mental de los estadounidenses, en específico para los trabajadores, se estimó en $477,500 millones en 2024, según datos del estudio ‘Unwell and Unproductive: The Economic Toll of America’s Mental Health Crisis’ (‘Enfermos e improductivos: el coste económico de la crisis de salud mental en Estados Unidos’), publicado en Michigan Journal of Economics. Esto señala claramente el severo peso para la economía y la movilidad económica, tanto de las personas como de las comunidades, tiene la falta de acceso a servicios de salud mental. Y si esta situación continúa, dice este estudio, el costo total para la economía estadounidense de este problema ascendería a $14 billones (trillions) en 2040.

El Dr. Anoop Takher, jefe de psiquiatría del Hospital St. Anthony, dijo que incluso el tiempo de espera para recibir atención ya era suficientemente dañino.

“Si estamos en un punto donde hay que esperar dos o tres meses para una cita, eso solo provoca un empeoramiento del funcionamiento psicológico”, dijo Takher. “Al final, todo se reduce al tiempo y a poder llegar a esa población lo suficientemente temprano como para tener un impacto antes de que se deterioren aún más en su funcionamiento general”.

Los adultos y jóvenes latinos tienen aproximadamente la mitad de las probabilidades de recibir servicios de salud mental en comparación con sus pares no latinos, y cuando logran acceder a esos servicios, es menos probable que reciban atención basada en evidencia, según investigaciones publicadas por la University of Illinois Chicago.

Según la National Alliance on Mental Illness, solo el 35.1% de los adultos hispanos con enfermedades mentales recibieron tratamiento en 2020, en comparación con el promedio nacional de 46.2%. Más de la mitad de los jóvenes hispanos con problemas graves de salud mental no recibieron tratamiento.

Riqueza, empleo y desigualdad

Mientras tanto, la participación de los latinos en la fuerza laboral se ha más que duplicado desde 1990, alcanzando casi el 20% de la fuerza laboral de Estados Unidos. Sin embargo, la representación latina en puestos ejecutivos prácticamente no ha cambiado, ampliando a 450% la brecha entre participación laboral y oportunidades de ascenso, según el Hispanic/Latino Behavioral Health Center of Excellence. Expertos en salud mental afirman que esa brecha se amplía aún más cuando se toma en cuenta el sufrimiento psicológico no tratado.

Estudios realizados por McKinsey and Co. señalan que, aunque se han registrado avances, los latinos enfrentan todavía un rezago considerable en lo relacionado a salarios y riqueza de los hogares. Los latinos nacidos en Estados Unidos tienen un ingreso mediano anual de $38,848 y los latinos nacidos en el extranjero de solo $31,700, en comparación con el ingreso anual de los trabajadores no latinos, que es $52,942.

La riqueza mediana de los hogares latinos, añade McKinsey and Co., fue de solo $36,000 en 2019, mientras que la de los hogares blancos fue en ese año $188,200. Además, 34% de los hogares latinos tienen una riqueza familiar de menos de $10,000 y solo un 3% la tiene de $1 millón o más, cifra que es 16% para los hogares blancos.

En contrapartida, 44% de los latinos destinan dinero en apoyo de un familiar y 32% envía remesas a familiares fuera de Estados Unidos. El estudio de McKinsey and Co, estima que la riqueza de los hogares latinos podría ser $18,000 dólares más alta si el 40% de las remesas se invirtieran durante 10 años en lugar de ser enviadas fuera del país. Con todo, esto resulta difícil pues la economía de millones de familias fuera de Estados Unidos depende en gran medida de las remesas que reciben.

El impacto económico de las redadas es significativo también en otros aspectos. Según datos de un estudio de The Rent Brigade y Palenque LSNA, organizaciones que apoyan a personas que rentan su vivienda y luchan por vivienda asequible, la Operación Midway Blitz en Chicago causó que el ingreso promedio semanal de los participantes en la encuesta cayera de $693.79 a $509.14, una pérdida de 27%, y casi 20% de los inmigrantes que rentan vivienda deben al menos un mes, lo que los pone en creciente riesgo de ser desalojados. Un 35% de los encuestados dijo que tiene familiares o vecinos que enfrentan desalojo a causa de la pérdida de ingreso desde que comenzaron las redadas de inmigración. Todo ello incrementa las presiones a la salud mental y merma las posibilidades económicas de los latinos e inmigrantes.

Cuando el miedo mantiene a los trabajadores en casa

Los momentos de crisis, como los de la comunidad inmigrante enfrentando redadas a gran escala, pueden incrementar los padecimientos de salud mental y ahondan la desigualdad económica. Por ejemplo, durante la pandemia de covid-19, un estudio al respecto publicado en la revista ‘Dialogues in Health’ en Chicago se observó que en los barrios del oeste y sur de la ciudad, donde residen gran parte de las comunidades latinas e inmigrantes, los niveles de tensión por salud mental fueron más altos que en los barrios del centro y el norte y que, también, las desigualdades económicas fueron mucho más grandes en los barrios del oeste y el sur que en los barrios del centro y norte.

La Operación Midway Blitz, iniciada en septiembre de 2025, provocó ondas de choque entre la fuerza laboral inmigrante de Chicago. Las denuncias por robo de salario en Chicago aumentaron un 28% en 2025 en comparación con el mismo periodo del año anterior, y funcionarios de la ciudad atribuyeron directamente parte del incremento al clima creado por la ruda aplicación de leyes migratorias, ya que los trabajadores tenían más miedo de denunciar abusos.

Vecindarios antes llenos de vida quedaron vacíos mientras trabajadores permanecían escondidos en casa, temerosos de salir. Quienes sí acudían a trabajar describían vivir con miedo constante de ser detenidos.

La directora de centros de salud mental de Chicago, Kadijat Alaka, señaló que la pérdida de los principales proveedores económicos de una familia debido a detención o deportación crea una segunda ola de crisis de salud mental dentro de los hogares. La presión financiera empeora la ansiedad y la depresión, lo que a su vez dificulta que otros miembros de la familia mantengan productividad en la escuela y el trabajo, dijo.

La lucha por mayores servicios de salud mental en Chicago ha sido larga. Por ejemplo, en 2021, pacientes, terapistas, activistas y concejales electos se reunieron afuera de la clínica pública de salud mental cerrada en Woodlawn, en el sur de Chicago. (Cortesía BPNC)
Crédito: Cortesía

Entre las preocupaciones más alarmantes a largo plazo planteadas por médicos y defensores comunitarios está el efecto sobre los niños, muchos de ellos ciudadanos estadounidenses, que observan cómo sus familias se fracturan bajo la presión migratoria.

Después del anuncio de la Operación Midway Blitz, la asistencia general en las Escuelas Públicas de Chicago cayó a más del doble del ritmo registrado el año anterior. En escuelas con alta población inmigrante, la caída fue mucho mayor.

Davison dijo que el efecto dominó también alcanza a niños que no son directamente afectados.

“A menudo pienso en niños que se quedan fuera de la escuela por miedo a ICE y otros agentes, y uno se pregunta qué impacto tiene eso no solo en el estudiante que se quedó en casa, sino también en el compañero que se sienta a su lado y piensa: ‘¿Dónde está mi amigo? ¿Por qué no está aquí?’”, dijo. “No creo que exista investigación significativa ni comprensión sobre lo que significa vivir con ese tipo de estrés y tensión constante día tras día”.

De acuerdo con cifras de la oficina del gobernador de Illinois, en 38 de los 77 barrios de Chicago se registraron bajas en la asistencia de alumnos a las escuelas en el contexto de la Operación Midway Blitz. La no asistencia a clases con frecuencia impone cargas adicionales a los padres, pues a veces deben faltar a su trabajo para cuidar a sus hijos que se quedan en casa o enfrentan complicaciones adicionales, lo que afecta, en principio, su trabajo y sus ingresos.

Casi uno de cada cuatro jóvenes latinos presenta síntomas depresivos, una de las tasas más altas del país, y los jóvenes latinos también presentan mayores tasas de ideación suicida, trastorno de estrés postraumático, trastorno por uso de sustancias y riesgo de ansiedad en comparación con sus pares blancos no hispanos, según investigaciones publicadas en una revista científica revisada por pares. Estudios también han encontrado que niños que han vivido deportaciones o cuyos familiares han sido deportados o detenidos presentan tasas más altas de enfermedades cardíacas, asma, diabetes, depresión, ansiedad, ideación suicida y TEPT.

Las experiencias adversas en la infancia no tratadas y el estrés tóxico son la raíz de algunas de las condiciones de salud más comunes y costosas, y agravan desigualdades sociales, económicas y de salud durante generaciones, según investigadores de UT Health San Antonio.

Takher dijo haber visto en tiempo real las consecuencias de la intervención tardía en la clínica pediátrica de salud mental SPARK de St. Anthony.

“Si un niño tiene un trastorno de ansiedad que al principio puede tratarse con psicoterapia y quizá medicamentos, y dejamos que esas respuestas se conviertan en tendencias más arraigadas de personalidad, entonces esas respuestas se expanden hacia diferentes aspectos de la vida diaria”, dijo. “Una vez que eso ocurre, es mucho más difícil tratarlo porque muchas áreas de la vida ya están afectadas”.

Los costos no terminan en la infancia, dicen expertos en salud mental. Una generación de niños con trastornos de ansiedad no tratados, ausentismo escolar y problemas de conducta relacionados con trauma enfrenta peores resultados educativos y menor capacidad de ingresos en la adultez. Un mal bienestar mental durante la niñez está asociado con mayores riesgos de encarcelamiento, dependencia de servicios sociales y suicidio, según investigaciones publicadas en la revista Pediatrics & Child Health.

En su artículo ‘Immigration Policies Harm Families’ Economic Wellbeing and Mental Health’ (‘Las políticas de inmigración perjudican el bienestar económico y la salud mental de las familias’), Ernesto Castañeda, director del Laboratorio de Inmigración de la American University, señaló que “la detención y el menosprecio de los padres por parte de las autoridades ante sus hijos puede generar una sensación de inseguridad. Los niños perciben la separación de sus padres como un abandono, lo que se traduce en una disminución de su autoestima y su autoeficacia”. Castañeda traza una relación directa entre la salud mental, la movilidad económica y la tensión por causas de inmigración, señalando que “cuando se reducen las vías legales para solicitar asilo y para los trabajadores poco cualificados, la migración internacional se vuelve más costosa, peligrosa, estigmatizada, criminalizada y, posiblemente, traumática. Esto reduce la productividad de los trabajadores y los recursos emocionales que los inmigrantes pueden dedicar a la crianza de las próximas generaciones de estadounidenses”.

Los personas y familias que sufren tensión a causa de las redadas de inmigración ven reducidas sus capacidades laborales y de educación y con ello se afecta su nivel económico.
Crédito: Shutterstock

La erosión de la confianza causada por el miedo

Uno de los obstáculos más persistentes para cerrar la brecha de tratamiento en salud mental no es únicamente la disponibilidad de servicios, sino también la erosión de confianza que hace que las comunidades duden en buscarlos.

Davison dijo que años de trabajo comunitario pueden deshacerse rápidamente.

“Hay que tener presente que son comunidades con las que pasamos mucho tiempo tratando de construir confianza debido a la comprensible desconfianza que hemos provocado durante años, y ahora, de un solo golpe, hemos destruido mucho de eso debido a estas horribles tácticas de terror de ICE y otros”, dijo.

Las personas latinas muestran una fuerte preferencia por buscar ayuda inicialmente a través de apoyos informales, como familia, amistades y líderes comunitarios, mientras que la desconfianza válida hacia el sistema médico lleva a muchos a retrasar la búsqueda de ayuda profesional, según investigaciones de la Universidad de Illinois en Chicago.

La aplicación de leyes migratorias ha profundizado esa reticencia. Davison dijo que la línea de ayuda gratuita y confidencial de NAMI Chicago, disponible los siete días de la semana y accesible en múltiples idiomas en todo el condado de Cook, ha visto un cambio notable en quienes llaman. Históricamente, muchas personas llamaban buscando recursos para un hijo o familiar. Ahora, dijo, más personas llaman buscando ayuda para sí mismas, en medio de una angustia emocional aguda.

El Hospital St. Anthony es un hospital comunitario independiente, sin fines de lucro y basado en la fe, que ha servido durante más de un siglo a las comunidades del oeste y suroeste de Chicago, brindando atención a vecindarios como La Villita, North Lawndale, Brighton Park, Barrio de las Empacadoras, Pilsen y el suburbio de Cicero, sin importar la capacidad de pago de los pacientes.

Su recién inaugurada clínica de salud conductual para adultos, una expansión del programa pediátrico SPARK, ahora ofrece evaluaciones psiquiátricas y manejo de medicamentos para adultos, con servicios de psicoterapia planeados una vez que se contrate a un terapeuta.

“Creo que Chicago tiene muchísimo trabajo por delante si quiere ofrecer servicios de salud mental significativos para nuestra comunidad latina. Creo que están ignorados, desatendidos y abandonados de maneras enormes en ese aspecto”, dijo Davison. “Una vez que logramos que vecindarios y comunidades digan: ‘Está bien, estoy listo para hablar de salud mental’, que ya es algo grande, y luego miran alrededor y dicen: ‘Bueno, aquí no hay nada para ustedes’, eso es justamente con lo que estamos lidiando”.

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