Los pacientes hablan

Adilia Valencia fue víctima de un robo en una tienda de carros en el que por ajuste de cuentas mataron a su jefe y compañero de trabajo. Ella se salvó de milagro, pero las escenas fueron de tal magnitud que los ataques de pánico, la depresión y la ansiedad aún no dan tregua.

Esta guatemalteca comenzó a tomar antidrepresivos y por otras patologías en su organismo llegó a ingerir hasta 48 pastillas diarias, por ocho años.

“Que Dios nos ilumine para que esta clínica no se cierre, que nos den la oportunidad de poder seguir con nuestras terapias. Este es nuestro segundo hogar, donde vamos a desahogarnos y a ayudarnos unos con otros”, dijo Valencia, quien se atiende desde hace 10 años en la clínica de Logan Square.

A María Ruiz la depresión post parto le trajo complicaciones de bipolaridad y depresión crónica. También fue víctima de violencia doméstica. “Esperamos que toda esta lucha por salvar las clínicas haga eco porque lamentablemente no se nos toma en cuenta. Le dices a una persona que sufres de depresión, ansiedad o algún tipo de bipolaridad y te tildan de loca. En mi caso trabajo como intérprete médico. La gente desconoce que si tú tomas tu medicina y vas al médico puedes vivir una vida normal”, testificó Ruiz.

A Florencia Cano la depresión la dominó por completo al punto que su madre y su hermana tenían que darle de comer en la boca, bañarla y peinarla. Además de presentar estos síntomas, la mujer de 41 años también perdió peso, no podía dormir y estuvo internada en el hospital psiquiátrico por 10 días hasta que llegó al Northwest Mental Health Center, a donde asiste desde hace ocho años.

“Me tomó mucho tiempo confiar en mi terapeuta que habla español, la considero parte de mi familia, me da consejos, sugerencias, el saber que ya no la voy a ver me pone un poco nerviosa y con miedo, ella me ha ayudado mucho. Si estoy mejor es gracias a mi familia y a mi terapista”, testificó Cano.