Homenaje a José G. González, pionero del arte chicano

José G. González, pintor y promotor de arte de décadas atrás en Pilsen, está pasando por momentos débiles de salud. Aun así su mente está clara y recuerda los tiempos del auge del Arte Chicano cuando él encabezó la organización Movimiento Artístico Chicano (MARCH).

De origen  mexicano, González nació y creció en Indiana y luego radicó por muchos años en Sur Chicago. Luego, en un momento audaz,  se mudó a Pilsen, el centro del huracán del arte durante los 70.

José tuvo una vida interesante. Estudio en la Universidad Notre Dame y en la Escuela del Instituto de Arte de Chicago. Luego trabajó, en los años 50 cuando esto era la excepción para un artista latino, como diseñador gráfico.

Algunos lectores recordarán a este icono del arte chicano por las exhibiciones ‘Mexposicion’ y ‘Mexposicion 2’ en los 70 cuando trajo las fotografías de Agustín Casasola. Nunca antes alguien había montado exhibiciones como estas afuera del barrio para dar a conocer el arte mexicano.

Luego el siguió abriendo paso al trabajo de los artistas locales, que se beneficiaron con los espacios abiertos a nivel de ciudad.

Un sueño de José era fundar un museo mexicano y casi lo logró pero las fortunas políticas cambiaron de repente y él se quedó fuera en la sombra mientras otros aprovecharon el momento político y lograron hacer realidad la existencia de un museo mexicano.

José era partidario del alcalde Harold Washington y bajo su administración jugó un papel importante en el reconocimiento de la cultura mexicana e hispana. A punto de lograr fundar su museo, Washington falleció de un ataque al corazón y al entrar la nueva administración del nuevo alcalde, Richard M. Daley, José se quedó fuera del nuevo esquema político.

A pesar de su salud, José me escribe de vez en cuando en letra manuscrita como se hacía en tiempos pasados.  Su salud es frágil, me dice.

José cuenta que su estimada madrecita vivió hasta los 84 años y él ahora tiene 83 y quiere de menos llegar a esa edad. Le deseo que viva por muchos años y que recuerde que se le agradece todo el trabajo que realizó como pionero en el campo del arte.

José aún se pone a pintar de vez en cuando. Hace bosquejos de paisajes  y personajes. Una de mis historias favoritas de él es cuando, en su juventud en los años 50, se fue manejando a San Miguel Allende, Guanajuato, con unos amigos en un Oldsmobile viejo a reencontrarse con sus raíces mexicanas.

Igual como si fuera una película del género ‘road movies’, José logró llegar a varias ciudades de Mexico junto con sus amigos hasta que al fin se quedó a estudiar arte en San Miguel Allende.

La vida de José y sus experiencias en el mundo del arte chicano están plasmadas en el libro ‘Bringing Aztlan to Mexican Chicago. My Life My Work My Art’, editado por Marc Zimmerman (University of Illinois Press, 2010). Le deseamos lo mejor a este artista del pueblo.