ICE le cierra las puertas a religiosos en centro de detención en California

No es la primera vez que los religiosos sufren este tipo de medidas

La decisión de ICE prendió las alarmas

La decisión de ICE prendió las alarmas Crédito: ice.gov

Con el fin de mantener en la oscuridad las conidiciones dentro del centro de detención para inmigrantes en Otay Mesa, ICE decidió tomar una drástica medida.

Las autoridades migratorias suspendieron el acceso de voluntarios religiosos a un centro de detención de inmigrantes en el sur de California, interrumpiendo así un programa de asistencia que data de más de ocho años, según confirmaron hoy activistas.

De acuerdo con una portavoz de la Primera Iglesia Unitaria Universalista de San Diego, el argumento expuesto ha sido que el grupo religioso se rehúsa a firmar un acuerdo que incluye no transmitir a la prensa las condiciones del interior del inmueble.

El grupo Almas Ofreciendo Oídos Amorosos y Compasivos (SOLACE) se vio sorprendido una vez que se les revocó el permiso a finales de agosto pasado para visitar a inmigrantes en el centro de detención de Otay Mesa, como lo han hecho desde que se inauguró el programa en 2012.

“Se siente como si ellos quisieran silenciar a nuestros voluntarios”, dijo a Efe Angela Fujii, coordinadora del programa de visitas.

“Nuestra lealtad es con los inmigrantes que visitamos, así que si nos dan permiso de compartir su historia, esa es parte de nuestra misión, y abogar para una política migratoria más humana”, resaltó Fujii.

Una portavoz del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) sostuvo hoy que el permiso fue “temporalmente suspendido”.

Expuso que, luego de una preauditoría, se determinó que dicho grupo no cumplía con los lineamientos establecidos en el Modelo Nacional de Detención Basado en Desempeño (PBNDS), actualizado en 2016.

Pero no es la primera vez que esta agrupación religiosa enfrenta una situación similar.

En 2013, fueron suspendidos por seis meses debido a que se les pidió a voluntarios firmar un acuerdo de confidencialidad, aunque finalmente no hubo necesidad de ello y se les permitió regresar, recordó Fujii.

En esta ocasión, ICE les notificó que para poder visitar de nuevo el centro, los voluntarios deben firmar un “código de ética” de la compañía CoreCivic, que opera dicha instalación.

Amanda Gilchrist, directora de asuntos públicos de CoreCivic, indicó a Efe que “los acuerdos y requisitos de capacitación para todos los voluntarios son para la seguridad personal y protección de los propios detenidos”.

Sin embargo, SOLACE considera que la recién actualizada cláusula de confidencialidad es una violación a su derecho protegido por la Primera Enmienda.

Fujii señaló que antes de este incidente había una buena relación de trabajo con las autoridades migratorias.

Desde el origen del programa se han realizado cerca de 1,500 visitas al centro de Otay Mesa a través de grupos de 25 voluntarios.

Su labor ha sido escuchar a los internos y transmitir su historia previo acuerdo verbal, dado que el acceso de documentos o incluso de un lápiz o bolígrafo es limitado en el centro.

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