Un vistazo a cuatro décadas de lucha latina pro inmigrante en Chicago
La comunidad latina ha sido muy activa en defensa de la legalización y los derechos de los inmigrantes y en contra de la criminalización y represión
Manifestantes con banderas de México y Estados Unidos se unen a los miles que se reunieron en la Plaza Federal de Chicago, el 10 de marzo de 2006, para protestar contra la iniciativa HR 443, conocida como la ley Sensenbrenner. Crédito: AP
La comunidad inmigrante mexicana y latina de Chicago ha luchado por más de cuatro décadas por los derechos de los inmigrantes y por la defensa de su cultura y de su idioma, el español.
En entrevistas, varios líderes que han sido clave en la defensa de la creciente comunidad de inmigrantes mexicanos y latinos en Chicago compartieron con La Raza testimonios de esa lucha cívica de décadas.
Los mexicanos han vivido en Chicago desde la década de 1910, cuando tuvo lugar la Revolución Mexicana, y hasta la fecha son ahora un factor importante en el crecimiento de la ciudad, de su comercio, su economía y su cultura. Otros inmigrantes latinos han aportado también desde entonces.
Carlos Arango, un líder mexicano que arribó a Chicago en 1975, recordó para La Raza que, desde finales de la década de 1970 y durante la de 1980, la comunidad empezó a luchar contra las sanciones que el gobierno quería imponer contra cualquier compañía que diera trabajo a una persona indocumentada.
La comunidad, dijo Arango, se opuso rotundamente a las iniciativas de ley conocidas como Simpson-Mazzoli y Simpson-Rodino, que si bien incluyeron opciones de legalización de indocumentados imponían medidas de sanciones y prohibiciones a la contratación de indocumentados que fueron consideradas discriminatorias y de perfil racial contra los hispanos.
El 4 de julio del año 1983, dijo Arango, se llevó a cabo una marcha por la calle 26, en La Villita, en contra de la iniciativa Simpson-Mazzoli. Arango añadió que el 19 de octubre de 1985 hubo una protesta masiva en la Plaza de las Américas en el centro de la ciudad.
Ahí, Jesús ‘Chuy’ García, que entonces era concejal, y el reverendo Jesse Jackson participaron en ese evento, organizado por la Red Nacional por los Derechos de los Inmigrantes y Refugiados.
La iniciativa Simpson-Mazoli fue aprobada bajo el nombre Immigration Reform and Control Act (IRCA). Fue firmada por el entonces presidente Ronald Reagan en 1986 y permitió la legalización de cerca de tres millones de inmigrantes en todo el país, quienes pudieron “arreglar” su estatus y recibir la residencia permanente.
También, Arango recordó que desde el 1 de mayo de 1976 la comunidad mexicana rescató esta fecha del olvido y comenzó a marchar en Pilsen cada año desde esa fecha.
A finales de la década de 1970, apuntó Arango, en Pilsen se luchó en el contexto del caso ‘Silva v Bell’ en el cual se defendieron los derechos de solicitantes de visas originarios del hemisferio occidental de inmigrar a Estados Unidos.
El abogado Kalman D. Resnick, quien trabajaba para la Fundación para la Asistencia Legal de Chicago, llevó este caso a las cortes. En ‘Silva v Bell’ se demandó al gobierno federal luego de que este asignó a los cubanos que ingresaban al país y que tenían posibilidad de recibir la residencia legal a la cuota de visas para personas de países del hemisferio occidental, afectando con ello las posibilidades de estas personas de inmigrar a Estados Unidos. Este caso se resolvió favorablemente y se recuperaron 145,000 visas para ser asignadas a solicitantes.
Rudy Lozano, uno de los líderes jóvenes que luchaban por los inmigrantes y organizó a los latinos de Chicago para impulsar su poder político, fue asesinado el 8 de junio de 1983.
Pero su conexión y apoyo al alcalde Harold Washington dio fruto cuando este alcalde, el primer afroamericano en el cargo, firmó una orden ejecutiva en marzo de 1985 que prohibía a empleados de la ciudad, incluyendo la policía, preguntar por el estatus de los inmigrantes.
Esto sentó las bases para que Chicago se convirtiera en la primera ciudad santuario en el país.
Y en 1994, recordó Arango, en Chicago se luchó también, en solidaridad, contra la Proposición 187 de California que pretendía negar acceso a la educación, cuidado médico no de emergencia y servicios sociales a personas indocumentadas.
En todas las luchas en Chicago, señaló Arango, el apoyo y la alianza entre la comunidad mexicana y las iglesias ha sido clave.

Las megamarchas de 2006 en Chicago
Omar López es un líder tranquilo que pocas veces alza el timbre de su voz para hablar, pero lo que él propone suele tener un alcance grande.
López, un inmigrante que llegó en la década de 1960 de su natal San Luis Potosí (México), fue uno de los principales actores que motivaron a cientos de miles de personas a salir a marchar el 10 de marzo de 2006.
En esa marcha, se estima, marcharon 300,000 personas en Chicago y luego, el 1 de mayo del 2006 salieron medio millón a marchar, como lo hicieron también multitudes en otras ciudades del país.
López dijo que la principal motivación para tomar las calles fue la iniciativa ley Sensenbrenner, que criminalizaba a los indocumentados y a cualquier persona que ayudara a una persona indocumentada.
Dicha iniciativa había avanzado en la Cámara de Representantes en diciembre de 2005.
López dijo a La Raza que él empezó a hablar con clubes de cuadra, clubes atléticos, clubes de oriundos y con varios líderes como Carlos Pérez.
Sorprendido por el interés, López dijo que todos los medios acudieron a una conferencia de prensa que él y otros convocaron.
La activista Emma Lozano, de Chicago, había viajado a California en donde los grupos ahí decidieron que Chicago tuviera la primera marcha contra la ley Sensenbrenner el 10 de marzo de 2006.
Y ese día, como si hubiera sido un rebosante río lleno de la humanidad, 300,000 personas caminaron por las calles de Chicago exigiendo un fin a la ley Sensenbrenner, que al final fue derrotada. Otros de los líderes que participaron en la organización de las marchas de 2006 fueron, por ejemplo, Jorge Mújica y Javier Salas.
El movimiento santuario nace en Chicago
Elvira Arellano era una joven inmigrante mexicana que limpiaba aviones en el aeropuerto O ‘Hare de Chicago.
Pero nadie sospechó que su arresto por ser indocumentada crearía un movimiento nacional de dar santuario en las iglesias a los indocumentados.
Arellano dijo a La Raza que, para evitar ser detenida y deportada, ella entró a la Iglesia Metodista Unida Adalberto de Chicago el 15 de agosto de 2006.
Ahí se refugió, junto con su pequeño hijo Saúl, por un año hasta el 16 de agosto de 2007.
“Después de que yo ingresé a esta iglesia a pedir santuario y protección contra ser arrestada, otras familias sin documentos entraron [en el país] a otras iglesias”, dijo Arellano a La Raza.
El santuario, dijo Arellano, está basado en la creencia cristiana de “dar la bienvenida al extranjero, dar un bocado al hambriento y algo de beber al sediento”. Desde entonces Arellano ha sido una activista destacada en favor de los derechos de los inmigrantes.
‘Queremos amnistía para tu tía y la mía’
Emma Lozano, activista conocida a nivel nacional, dijo haber estado luchando en favor de la dignidad y los derechos de los inmigrantes desde que vivía su hermano Rudy Lozano.
“Siempre hemos estado luchando por los derechos de los mexicanos”, dijo Lozano.
Esto ha incluido luchas contra las escuelas sobrepobladas, en favor por mantener a la educación bilingüe, y en defensa los derechos y la cultura, explicó Lozano.
Lozano dijo a La Raza que hasta la fecha se sigue luchando por mantener a Chicago como una ciudad santuario contra los ataques de la administración federal actual de Donald Trump.
Lozano dijo estar consciente de que otro presidente, Barack Obama, prefirió “salvar a los bancos” que promulgar una reforma migratoria durante su primer mandato.
Ahora con los nuevos ataques a los inmigrantes del país, Lozano dijo que los casos de abuso a los inmigrantes se deben investigar y los responsables deben ir a la cárcel.
“Los crímenes contra los inmigrantes y también la separación de los niños son crímenes contra la humanidad”, declaró esta líder méxicoamericana.
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