“Cada evento de El Niño tiene características únicas”: lo que sabemos -y no- sobre el fenómeno de este año

El doctor en Ciencias de la Atmósfera, Leandro Díaz, anticipa que la intensidad de El Niño aumentaría a fin de año, con posibles impactos globales.

Aunque su magnitud podría ser comparable a eventos históricos como los de 1997-1998 y 1982-1983, el experto advierte que el contexto actual de calentamiento global sin precedentes genera incertidumbre sobre cómo se manifestarán sus efectos esta temporada. (Mateus Rodrigues / Pexels)

Aunque su magnitud podría ser comparable a eventos históricos como los de 1997-1998 y 1982-1983, el experto advierte que el contexto actual de calentamiento global sin precedentes genera incertidumbre sobre cómo se manifestarán sus efectos esta temporada. (Mateus Rodrigues / Pexels) Crédito: Pexels

El mundial de fútbol no quedará como el único protagonista de este 2026, también lo hará el fenómeno climático de El Niño, aunque con algunos efectos menos alegres.

Instaurado en el Pacífico tropical, El Niño se caracteriza por modificar las temperaturas en las regiones central y oriental del Pacífico ecuatorial. Ello provoca alteraciones en la atmósfera que se pueden extender por meses. La pregunta es cuán intenso será este año.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó el pasado 3 de julio que se prevé una rápida intensificación del fenómeno de julio a septiembre. La temperatura de la superficie del mar se estima que superará los 2°C en regiones clave.

Diversos medios de comunicación han bautizado a El Niño de este año como “el súper Niño” o “El Niño Godzilla”. Para comprender la magnitud del fenómeno, Huella Zero conversó con Leandro Díaz, doctor en Ciencias de la Atmósfera (Universidad de Buenos Aires) e investigador climático argentino.

La OMM advirtió que el fenómeno de El Niño tiene una rápida evolución y sería un fenómeno fuerte entre julio y septiembre. ¿Qué significa esa rápida evolución?

La manera en que monitoreamos este fenómeno es a través de la evaluación de la temperatura del agua de la superficie del mar y en niveles más profundos. Lo que estamos observando en los últimos meses es un rápido incremento de esa temperatura. Empezamos el 2026 con un período de enfriamiento, que era una fase del otro fenómeno, La Niña.

En pocos meses pasamos a tener temperaturas que ya se encuentran por encima de lo que consideramos el umbral de inicio de El Niño. Confirmamos que tenemos un Niño establecido y que ya tenemos un calentamiento en esa zona. Y se espera que vaya incrementando su intensidad hacia fines de año.

¿Cómo incidiría esta rápida evolución en eventos climáticos extremos, como las olas de calor, los huracanes o las tormentas?

La energía que se libera por el calentamiento que el fenómeno de El Niño genera en el Pacífico tropical termina perturbando la atmósfera y eso impacta en diversas regiones, incluyendo las más remotas del planeta. Es decir, sus efectos no se restringen a la zona del Pacífico tropical, sino que tienen un impacto global.

El fenómeno de El Niño tiende a debilitar la actividad de huracanes en el Caribe, resultando en un menor número de estos eventos. Pero en la zona del Pacífico, al estar más cálida, podría haber una intensificación en la formación de huracanes. Si bien se deben analizar los eventos climáticos individualmente, esta es la tendencia general observada en los registros históricos.

Además, El Niño altera la atmósfera globalmente, lo que provoca lluvias más intensas en algunas regiones y sequías extremas en otras.

¿Cómo altera El Niño la interacción entre el océano y la atmósfera para llegar a potenciar estos eventos extremos a nivel global?

Durante un evento de El Niño, la energía almacenada en el océano se libera a la atmósfera, lo que genera patrones de circulación atmosférica anómalos. Esto implica la intensificación de sistemas de baja y alta presión, alterando la circulación típica en cada región.

Así, se crean zonas con condiciones más propicias para las precipitaciones, asociadas a movimientos verticales ascendentes del aire, y zonas con condiciones más secas, vinculadas a movimientos descendentes. Aunque estos movimientos verticales son sutiles, son clave para comprender los efectos de El Niño.

La OMM señala que El Niño dura entre nueve y 12 meses, pero considerando las dinámicas actuales del calentamiento global, ¿se están volviendo estos ciclos más impredecibles o prolongados?

Los fenómenos climáticos, como El Niño, suelen intensificarse a fines de año (de diciembre a febrero, entre octubre y noviembre) y debilitarse en otoño. Esta es la tendencia habitual, y no hay indicios de que vaya a ser diferente en el evento actual.

Sí existe incertidumbre debido a los niveles de calentamiento global sin precedentes, lo que limita la capacidad de comparación con eventos pasados. Aunque no hay evidencia que sugiera un comportamiento muy diferente a fenómenos anteriores en cuanto a su temporalidad, la interacción de estos eventos con un planeta cada vez más cálido plantea interrogantes.

Una vez que finaliza El Niño, ¿quedan consecuencias climatológicas en el planeta?

Este año se espera que la temperatura media global sea particularmente alta, posiblemente batiendo récords. Esta tendencia se suma a lo que ya se observa, aunque podría haber eventos que moderen temporalmente este calentamiento. En general, el próximo año se anticipa como uno de los más cálidos.

Las explicaciones sobre el fenómeno de El Niño lo describen como un proceso oscilatorio. Una vez que libera su energía, el sistema vuelve a una condición más neutral. Por lo tanto, no sería inusual que después de un evento de El Niño se presentara uno de La Niña. Aunque es impredecible, se estima que estos eventos se repiten en ciclos de dos a siete años.

Nos basamos en modelos que anticipan estos eventos, aunque con cierto grado de incertidumbre, similar a los pronósticos del tiempo meteorológico. La precisión aumenta a medida que nos acercamos a la fecha del evento. Después de cada suceso, se realiza un análisis para aprender y mejorar la comprensión del complejo sistema climático, que presenta múltiples interacciones.

¿Existen ya herramientas o modelos de predicción que nos permitan adaptarnos a esta velocidad del fenómeno?

Los científicos utilizan modelos de predicción atmosférica para monitorear este tipo de fenómenos. Aunque se pueden usar herramientas similares para eventos intensos específicos dentro de ellos, la monitorización climática se centra en informes de agencias como la OMM o el Centro de Predicción Climática de Estados Unidos, así como de informes de los servicios meteorológicos nacionales.

Estos informes proporcionan un seguimiento continuo de la situación, considerando las particularidades de cada país y sus zonas más vulnerables. La información obtenida de estos monitoreos y las condiciones actuales permite la toma de decisiones. En Argentina, por ejemplo, las zonas históricamente sensibles a estos fenómenos están atentas a la situación, buscando implementar acciones preventivas o prepararse para los posibles escenarios.

Es importante destacar que, si bien se pueden prever los efectos promedio en cada región, cada evento de El Niño tiene características únicas. Por ejemplo, la lluvia intensa puede afectar diferentes regiones en distintos eventos, lo que genera impactos diversos.

¿Realmente estamos bajo un Súper Niño (o como lo llamaron distintos medios “El Niño Godzilla”), o es algo más moderado?

Los modelos de pronóstico indican una alta probabilidad de que ocurra un evento de El Niño intenso. Los modelos actuales sugieren que existe una gran posibilidad de que la intensidad de El Niño supere los dos grados, lo que lo calificaría como “muy intenso”.

Es importante destacar que el término “Niño Godzilla” fue utilizado en 2015-2016 para referirse a un evento de El Niño particularmente intenso en ese momento. Sin embargo, su intensidad fue comparable a eventos anteriores como el de 1997-1998 y 1982-1983.

Aunque la intensidad pueda ser similar a eventos pasados, el contexto actual de calentamiento global es diferente. Los eventos anteriores ocurrieron en un mundo más frío y con menos contaminación, lo que podría influir en cómo se manifiestan los efectos de un El Niño intenso en la actualidad.

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