El déficit fiscal ya está llegando al bolsillo de los estadounidenses

Entre los impactos del déficit fiscal están alzas en las hipotecas y préstamos de auto, y menos dinero para infraestructura o servicios para la población

Las finanzas sanas son clave para las personas, las empresas y los países. (Pexels/Karolina Grabowska)

Las finanzas sanas son clave para las personas, las empresas y los países. (Pexels/Karolina Grabowska) Crédito: Pexels

Durante años, el déficit fiscal y la creciente deuda de Estados Unidos parecían un problema lejano, reservado para Washington y los economistas. Hoy la situación es diferente. La deuda ha alcanzado niveles históricos y sus consecuencias comienzan a sentirse en algo mucho más cercano: el bolsillo de las familias estadounidenses.

El problema no comenzó con Donald Trump, pero tampoco terminó con él. En 2016, el déficit federal era de aproximadamente $585,000 millones. En 2019, antes de la pandemia, ya se acercaba a $1 billón (o $1 trillion en Inglés). La pandemia provocó un salto extraordinario, hasta más de $3 billones en 2020. Pero lo preocupante es que, una vez superada la emergencia, el déficit no regresó a los niveles anteriores. En los últimos años se ha mantenido alrededor de $1.4 a $1.9 billones anuales. El gobierno federal gastará aproximadamente $1 billón o más solamente en intereses de la deuda en 2026. En agosto de 2016, la deuda nacional en total estaba justo por debajo de los $20 billones. En los últimos 10 años, la deuda se ha duplicado hasta alcanzar los $40 billones (o $40 trillion en inglés).

Y la trayectoria continúa. El Congressional Budget Office (CBO) proyecta un déficit cercano a $1.9 billones para 2026. Eso significa que el gobierno federal está gastando casi $2 billones más de lo que recauda en un solo año.

El costo de pedir prestado

¿Por qué debería importarle esto a una familia que nunca compra un bono del Tesoro?

Porque el gobierno no obtiene ese dinero gratis. Para cubrir el déficit tiene que pedir prestado, emitiendo bonos. Y cuanto más dinero necesita pedir prestado, mayor puede ser la presión sobre los mercados de crédito y sobre las tasas de interés.

Pensemos en una familia que quiere comprar una casa de $400,000. Una diferencia de un punto porcentual en la tasa hipotecaria puede significar cientos de dólares adicionales cada mes y decenas de miles de dólares más durante la vida del préstamo. No todo ese aumento es consecuencia del déficit federal —la Reserva Federal, la inflación y otros factores también influyen—, pero una deuda pública elevada contribuye a mantener elevado el costo del dinero.

Lo mismo ocurre con un automóvil. Un préstamo de $35,000 puede parecer manejable cuando las tasas son bajas. Con una tasa significativamente mayor, el comprador puede terminar pagando miles de dólares adicionales en intereses. Una deuda que parece pertenecer al gobierno termina apareciendo en la mensualidad de nuestra casa o nuestro automóvil.

Menos dinero para invertir

Existe además un costo menos visible.

Las empresas también necesitan pedir dinero prestado para comprar equipos, abrir nuevas instalaciones, desarrollar productos o contratar trabajadores. Cuando financiarse se vuelve más caro, algunas empresas retrasan inversiones o reducen sus planes de expansión.

Eso puede traducirse en menos contratación, menores aumentos salariales y menos crecimiento de la productividad.

En otras palabras, la deuda pública no solamente puede afectar cuánto pagamos. También puede afectar cuánto podemos ganar.

¿Y el gasto en defensa?

El gasto militar es otra parte importante de la conversación. Durante la primera administración Trump, el gasto en defensa aumentó significativamente. Pero nuevamente, el problema no es exclusivamente de una administración o de un partido.

Estados Unidos tiene compromisos militares globales y una política de defensa que cuenta con amplio respaldo bipartidista. El problema fiscal surge cuando el gasto en defensa aumenta mientras otros gastos federales también crecen y el gobierno no genera suficientes ingresos para pagarlos.

El resultado es que una parte cada vez mayor del presupuesto debe financiarse con deuda.

El número que debería preocuparnos

Quizás la cifra más reveladora no sea el tamaño de la deuda, que ya resulta difícil de imaginar, sino lo que cuesta mantenerla. Como ya mencione la CBO proyecta que Estados Unidos gastará aproximadamente $1 billón en intereses netos de la deuda en 2026 (otra vez, $1 trillion en inglés).

Un billón de dólares solamente para pagar intereses.

Ese dinero no construye una carretera, no financia una nueva empresa, no aumenta el salario de un trabajador y no reduce el precio de una hipoteca. Es el costo de haber acumulado deuda en el pasado.

Y si las tasas de interés permanecen elevadas y la deuda continúa creciendo, ese costo seguirá aumentando.

El problema no es solo cuánto debemos

Por eso, la pregunta ya no debería ser solamente ¿cuánto debe Estados Unidos?, sino ¿cuánto nos está costando esa deuda a cada uno de nosotros?

En términos nominales, la deuda equivale a unos $117,000 por cada estadounidense. Pero no llega como una factura directa. La pagamos de otras maneras: una hipoteca más cara, un préstamo con mayor interés, menos inversión y empleos, salarios que crecen más lentamente o precios más altos.

El déficit puede parecer una cifra abstracta en Washington, pero cuando se mantiene cerca de $2 billones anuales, deja de ser solo un problema contable.

La deuda pública se acumula, genera intereses y, tarde o temprano, alguien paga la factura. La pregunta es: ¿cuánto nos costará y qué futuro estamos dejando?

-Ramiro J. Atristaín-Carrión es economista, asesor financiero y profesor

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