Sacerdote cruza como indocumentado

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Por Antonio Zavala

Unas historias a veces se desbordan de la realidad y parecen más bien historias de ficción que de la vida real.

Un caso que ejemplifica esto es el del Reverendo Gary Graf, de la iglesia Católica St. Gall, en Gage Park, quien voló hace dos semanas a Tucson, Arizona, y después viajó en bus al lado mexicano de la frontera.

Después de pasar tres días en una casa de huéspedes en Nogales, Sonora, con cerca de 27 inmigrantes, el sacerdote escaló la barda de veinte pies de alto y volvió a territorio norteamericano.

Graf dijo a la prensa que quería saber lo que los inmigrantes hispanos experimentan para poder llegar aquí.

Tres días después de haber regresado a Nogales, Arizona, el admirable cura se “entregó” a la policía del Condado de Santa Cruz, en Arizona, la cual lo dejó en libertad.

Hasta ahí me gustó esta interesante historia.

Porque Graf después no habló contra los riesgos y peligros que enfrentan los inmigrantes para poder llegar aquí, como yo esperaba.

Graf se concentró en comentar a la prensa que él pidió a los inmigrantes de su parroquia que “pidan perdón” por haber llegado a este país sin permiso.

Un amigo mío que supo del viaje de Graf me comentó que el sacerdote solo fue a la frontera.

“Hubiera ido hasta el centro de México, en donde la gente vive en la pobreza y en donde en realidad comienza la odisea para llegar a este país,” dijo mi amigo.

En mi opinión cualquier persona que está escapando de la violencia o el hambre para llegar a otro lugar, no tiene por qué pedir perdón.

Al contrario, debemos admirar el coraje y la sensatez de esos inmigrantes que lo arriesgan todo por darles una vida mejor a sus hijos.

Ahora, si solo los gobiernos entendieran eso.

Antonio Zavala es periodista y trabaja como corresponsal de la Agencia EFE en Chicago. Comentarios o sugerencias a ixtlah@gmail.com