“Saludos desde Culiacán, Sinaloa”

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Por: Fabiola Pomareda

Hace un par de semanas un diario local publicó una portada sobre Culiacán, Sinaloa (México), en la que se hacía referencia a las cruces urbanas o santuarios y se volvía a machacar la distinción de esta ciudad del norte de México como “la cuna del narcotráfico y la violencia relacionada con las drogas”.

Yo sabía que en pocos días estaría visitando esas tierras después de 11 años de no poner un pie allí. Y toda mi vida he tenido la experiencia de que al mencionar “Sinaloa” o especificar “Culiacán” a un mexicano, lo primero que piensa la gente es en drogas y violencia.

Cuando comenté sobre mi viaje también recibí una postal vía redes sociales, en la que se veía una metralleta, con tres gotas de sangre que manchaban una pared, y más abajo se leía “Saludos desde Culiacán”…

Pero para muchos sinaloenses, su esencia real la conforman otros valores y no esos estereotipos que promueven los narcocorridos y los medios de comunicación. Si bien en Culiacán, como en todo México, se lamenta la realidad de la violencia, la militarización, la corrupción y la pobreza, ni una sola vez en los cinco días que estuve allá escuche la palabra “narco”.

Lo que sí hice fue pasear por el malecón al borde del río Tamazula, lleno de puestecitos; disfrutar de deliciosa comida, como los tacos de cabeza de la Juárez, lugar repleto de familias y parejas en una noche de viernes; y comer exquisitos tacos de birria dorada y consomé donde los Palazuelos, en una mañana de domingo.

Sinaloa es una tierra hermosa donde, como en todo México, la raza vive lo mejor que puede. Decenas de familias disfrutaban de las playas de Altata viejo, con sus catamaranes y restaurantes, donde nunca se acaban los camarones aguachile, el cambute, los ostiones, las copas campechanas y todo lo que se desee frente al Pacífico. Al mismo tiempo, los nuevos desarrollos turísticos van sumándose en Altata nuevo.

En la ciudad numerosos bares y restaurantes, construcción de obras públicas y nuevos residenciales; en el campo, plantíos de tomates y hortalizas.

Cierto que no todo es maravilla. Llegando del aeropuerto, en medio de un bochornoso calor y viajando por la avenida Alvaro Obregón, mi primera imagen fue ver seis camionetas con torreta y dentro milicias que vestían pasamontañas, chalecos antibalas y metralletas, patrullando la ciudad. La gente se ha acostumbrado a la militarización en la guerra contra el narco.

Culiacán no es un paraíso; pero definitivamente no es esa imagen explotada por los medios de comunicación y los narcocorridos.

Fabiola Pomareda es periodista y editora general del periódico La Raza. Síguela en Twitter: @FabiolaPomareda