El castigo a los Jackson

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Jesse Jackson Jr. y su esposa Sandi lo tenían absolutamente todo. Estaban en la cúspide de una carrera política agraciada por un nombre legendario en la política norteamericana. Disfrutaban de un nivel económico privilegiado con dos hijos preciosos. El futuro les deparaba una buena vida. No les resultó suficiente.

Ambos deseaban más poder, influencia, dinero, lujos. Anhelaban la vida de las parejas más influyentes de Washington. Los cargos de representante federal por Illinois y concejal de Chicago les quedaron chicos. Envidiaban el prodigioso y fulgurante éxito de parejas como los Obama: poder y fama.

Jackson Jr. siempre pensó que estaba destinado a una carrera política que lo condujera a las más altas esferas del poder en Washington. Tenía el pedigrí de su padre, el reverendo Jesse Jackson. Su apellido le abrió las puertas y le garantizó ganar votos. Tenía carisma y era agraciado físicamente. Atributos todos que le garantizaban una carrera como senador federal y una vida llena de privilegios, prestigio, excelente sueldo y una envidiable pensión.

Pudo más la corrupción. Jackson Jr. y su esposa Sandi cayeron en la trampa de pensar que su prestigio y relativo poder les haría impunes. Echaron por la borda un futuro provisorio por el espejismo de lujos aberrantes pagados con dinero obtenido ilegalmente de fondos de campaña: relojes, abrigos de piel, vacaciones, cabezas de alce empotradas, artículos firmados por famosos.

En junio de 2012, tras una larga ausencia de su cargo en el Congreso, Jackson Jr. inició una sospechosa alta médica justo cuando las autoridades federales estaban cerrando el círculo para acusarlo de corrupción. Sus abogados usaron su supuesta depresión bipolar como paliativo para su sentencia.

La debacle y el castigo a los Jackson debe servir de lección a los políticos de Illinois, un estado que tuvo la infamia de tener hasta recientemente a dos gobernadores en la cárcel al mismo tiempo.

Quizá Jesse Jackson Jr. y Sandi planean beneficiarse por su infamia vendiendo los derechos para un libro o una película. No serán los primeros ni los últimos.

Ambos tendrán para siempre un récord criminal.

Periodista radicado en Chicago. Sguelo en Twitter: @alexoescalona