Hace 10 años miles de inmigrantes salieron a marchar contra la Ley Sensenbrenner
Me imagino a un niño preguntar a su papá en dónde estaba el 10 de marzo del 2006 y el padre contestando “Marchando, mi hijo, marchando”. En efecto hace 10 años unas 300,000 personas salieron a marchar ese día desde el Parque Unión hasta la Plaza Federal en el centro de Chicago.
Esa marcha, y otra el 1 de mayo del mismo 2006 en la cual se calcula que participaron medio millón de personas, definitivamente derrotaron a la Ley Sensenbrenner (SB 4437), la cual no solo criminalizaba a los inmigrantes sino a toda aquella persona que les brindara cualquier tipo de ayuda.
Esa ley, promovida por el representante federal republicano Jim Sensenbrenner de Wisconsin, ha sido la pesadilla más cercana a la Alemania nazi que hemos sufrido. Pero la comunidad inmigrante no tuvo tapujos para salir a las calles a bloquearle el paso.
Ante esta fecha de seguro habrá mucha plática dentro de la comunidad hispana sobre el significado de esta marcha. Una pregunta en la mente de todos es si esta marcha y las que siguieron significaron un movimiento.
En mi opinión no fue un movimiento si no una combustión espontánea contra de una ley draconiana que pretendía ver a los inmigrantes como una zozobra sin considerar, como ahora lo vemos, que los inmigrantes son la sangre que corre por las venas de este país y que sin inmigrantes su economía nomás no crece.
Yo tuve la oportunidad de participar en las reuniones previas a la marcha en la Casa Michoacán. Lo que vi fueron partes desiguales juntarse para hacer frente a un mal común. Sin embargo, después de la marcha los grupos no fueron capaces de sobrellevar sus diferencias y lograr una reforma migratoria.
En las reuniones había grupos que bajo otras circunstancias nunca trabajarían juntos ni mucho menos asociarse unos con los otros. Había líderes de diferentes partidos políticos mexicanos, grupos de oriundos, grupos religiosos, organizaciones de migrantes, coaliciones de ayuda a los hispanos, sindicatos laborales y grupos cívicos de esos que organizan cada año los tributos a la patria.
Estos grupos difícilmente podrían llegar a un acuerdo en otras circunstancias pero la amenaza de ver a millones de personas arrestadas por el solo hecho de ayudar a un inmigrante recalcó en la mente de todos estos grupos para salir juntos a marchar.
Los mas ingenuos, o los más románticos quizás, suelen llamar a esta marcha y a las otras que siguieron a partir del 10 de marzo del 2006 la ‘primavera inmigrante’. No sé por qué lo hacen pues no se logró nada más que detener a la HB4437 en sus traques antes de que llegara al escritorio del presidente Bush.
Después de esta y otras marchas siguió el perfil racial, las detenciones bajo Comunidades Seguras, las deportaciones y la megarredada de 2008 en Postville, Iowa, lo que nos dio a entender desde entonces que la alfombra a la entrada de este país dice “Los hispanos no son bienvenidos”.