La innecesaria y peligrosa politización de la pandemia

La innecesaria y peligrosa politización de la pandemia
El gobernador de Georgia prohibió el mandato de llevar barbijos en público.
Foto: Chandan Khanna / AFP / Getty Images

Esta semana, Estados Unidos alcanzó un nuevo récord de contagios y muertes por COVID-19. Según el registro independiente de la Universidad Johns Hopkins, hasta el viernes 17 de julio se habían reportado 3,622,709 casos confirmados y 138,910 muertos.

A esta altura, creo que a nadie le quedan dudas de que el nuevo coronavirus llegó para quedarse, al menos por más tiempo del que cualquiera se hubiese imaginado a comienzos de año.

El COVID-19 es un virus que hasta hace pocos meses nos era totalmente desconocido; un virus que los científicos del mundo entero siguen descubriendo día a día. Muchas de las presunciones iniciales acerca de la enfermedad han sido refutadas, y aún quedan incontables preguntas por contestar.

Si bien se han reportado investigaciones prometedoras a nivel global, hasta el momento no existe vacuna o cura que lo detenga. El COVID-19 amenaza a todos por igual: demócratas, republicanos, latinos, negros, blancos.

Y sin embargo, desde el comienzo de la pandemia, la Administración Trump, así como otros gobiernos y líderes del mundo han tratado de manipular la situación, politizando la existencia y propagación del virus, criticando las medidas de seguridad, cercenando las libertades individuales del pueblo.

Se puede entender que un líder, en el ámbito que sea, quiera apaciguar a su gente, darle confianza y esperanza. No se puede entender que un gobierno insista en tergiversar los hechos, ocultar la verdad y minimizar la urgencia y magnitud de la enfermedad.

Lo poquito que sabemos hasta el momento es que el uso de barbijos, la distancia social y la higiene ayudan a detener su propagación. No es mucho, pero es algo. ¿Por qué ignorar, o peor aún, rechazar los pocos consejos que tenemos? El partido político de un individuo y el uso de barbijos no son, o no deberían ser, mutualmente exclusivos.

Esta semana, el gobernador de Georgia, el republicano Brian Kemp, respondió al brote de contagios en su estado firmando una orden ejecutiva que prohíbe a las ciudades y condados obligar a la comunidad a llevar barbijos en público. Kemp incluso demandó al Concilio de Atlanta y a la alcaldesa Keisha Lance Bottoms por mantener el mandato del uso de mascarillas en la ciudad.

Según Kemp, requerir el uso de barbijos es “ir demasiado lejos” y un mandato difícil de hacer cumplir.

Es realmente difícil entender por qué la respuesta a 131,275 casos y 3,104 muertes en ese estado es prohibir a las autoridades imponer medidas de seguridad. Es aún más difícil de entender cuando la respuesta viene de un gobernador que tan solo un año atrás firmó una de las legislaciones más radicales en contra del aborto.

En el mundo de Kemp, es totalmente aceptable que un grupo de políticos de turno decida lo que las mujeres podemos hacer y dejar de hacer con nuestro cuerpo. Es aceptable para Kemp que el gobierno intervenga en decisiones tan personales y privadas, pero no es aceptable pedirle al pueblo que use mascarillas, en medio de una pandemia inédita. Para el gobernador imponer medidas de protección es ir “demasiado lejos”.

Lamentablemente Kemp no es el único. La negación de la realidad parece ser el leitmotiv de este gobierno. A pesar de los 138,000 muertos, y más de 3.53 millones de casos, Trump y sus acólitos insisten en politizar la enfermedad, ignorando estadísticas, pedidos de ayuda y evidencia innegable.

Entiendo que en pocos meses iremos a las urnas. Entiendo los esfuerzos de las campañas electorales. Lo que no entiendo es la propaganda política montada alrededor de esta terrible pandemia. Boicotear las pocas medidas de seguridad que conocemos hasta el momento es innecesario, peligroso e irracional.

Si queremos sobrevivir a esta crisis, tenemos que desnudar la pandemia de cualquier connotación política. Necesitamos un frente común para evitar que el COVID-19 se siga llevando a nuestros seres queridos.

Cuando politizamos la pandemia perdemos todos.