window._taboola = window._taboola || []; var taboola_id = 'mycodeimpremedia-network'; _taboola.push({article:'auto'}); !function (e, f, u, i) { if (!document.getElementById(i)){ e.async = 1; e.src = u; e.id = i; f.parentNode.insertBefore(e, f); } }(document.createElement('script'), document.getElementsByTagName('script')[0], '//cdn.taboola.com/libtrc/'+ taboola_id +'/loader.js', 'tb_loader_script'); if(window.performance && typeof window.performance.mark == 'function') {window.performance.mark('tbl_ic');}

Humberto Perales, periodista con “amplia conciencia sobre su comunidad, su raza y la cultura”

Un tributo a Humberto Perales, periodista excepcional de la década de 1980 en La Villita que trabajó en los periódicos La Raza y El Mañana

El periodista Humberto Perales con su hija Gabina. (Cortesía Familia Perales)

El periodista Humberto Perales con su hija Gabina. (Cortesía Familia Perales) Crédito: Cortesía

Eran los inicios de la década de 1980 en esta ciudad perdida y encontrada que siempre ha sido cuna de grandes periodistas.

Allá por el año 1982 logró hacer su aparición en Chicago el primer diario en español del Medio Oeste, llamado ‘El Mañana’.

Por primavera vez, desde que se tiene memoria colectiva, un periódico en español, la lengua de Cervantes, de Juárez y de Alfonso Reyes, veía la luz del día en Chicago.

Yo para esos años había empezado a trabajar en una de las bibliotecas públicas del barrio de Pilsen.

Aunque me gustaba el trabajo de ordenar libros y contestar preguntas de referencia, yo quería hacer otra cosa.

Y es por eso que, en ese tiempo, yo había comenzado a tomar cursos de periodismo en la Universidad Roosevelt y en el Columbia College de Chicago.

Para esos años, yo ya me sabía las cuatro reglas que un editor le había dado al joven escritor Ernest Hemingway cuando este empezó a trabajar para el ‘Kansas City Star’ allá por el año 1917.

Las cuatro reglas eran estas: usa oraciones cortas, usa primeros párrafos cortos, usa un inglés vigoroso; se positivo, no negativo.

Así que armándome de valor un día del verano de 1982 fui a las oficinas del diario ‘El Mañana’ en La Villita.

Hablé con la recepcionista, le dije que quería aplicar para ser reportero.

Me dieron unas formas y luego hablé con el editor Humberto Perales y luego con el publicador del periódico Gorki Téllez.

Y, de repente, me dieron la chamba, como se dice en la comunidad. Mi tarea diaria era cubrir una noticia o mas bien buscarla y verificarla y luego regresar al periódico a redactarla y escribirla.

Todo esto me resultó muy interesante y nada de aburrido y como decían en las novelas policiacas de antaño: entré en mi elemento.

Humberto Perales, editor

Humberto Perales, mi editor, había inmigrado a Chicago a comienzos de la década de 1970.

Él había nacido en el 3 de marzo de 1941 en Toluca, México. En Chicago él había logrado encontrar trabajo en el semanario La Raza que era entonces manejado por Cesar Dovalina, un empresario mexicano.

No sé si fue un robo de talento o de cerebro, como se dice, pero en 1982 Perales se convirtió en el editor del diario ‘El Mañana’. El diario se armaba en las oficinas del 2700 S Harding Ave. en La Villita.

El equipo editorial consistía en Humberto Perales como editor, Salvador Montoya como reportero policiaco, yo como reportero comunitario y Oscar Méndez y Zeke Montes como fotógrafos.

En un pequeño espacio al entrar yo tenía mi escritorio y ahí con una máquina de escribir yo redactaba mis notas.

Luego se las entregaba personalmente a Perales, quien se ocupaba de corregirlas en una oficina interior.

Perales, con una pluma roja, corregía algún error y luego daba la nota a las linotipistas que reescribían la nota en linotipo.

Al mismo tiempo que Perales iba recibiendo notas, también iba diseñando las páginas y llenándolas con las noticias del día.

El diario El Mañana tenía el servicio en español de la Agencia AP y de Notimex de México. De ahí Perales sacaba noticias de interés para la comunidad hispana de Chicago.

Ya una vez formadas las 12 o 16 páginas, otros empleados hacían las placas, que quiere decir que les tomaban fotos con un aparato especial.

Estas placas luego alguien las llevaba a la imprenta y ahí se imprimía el diario ‘El Mañana’ en español.

Otros dos empleados luego distribuían el diario por toda la zona de Chicago.

Para los que son jóvenes, por favor anoten esto: esto era en aquel remoto tiempo en que aún no existían ni internet ni las redes sociales ni tampoco los teléfonos inteligentes.

Si había teléfonos de oficina y teléfonos públicos pero los teléfonos públicos solo los usaba Superman para cambiarse de ropa y salir volando de ahí.

Yo hacia las 2 pm terminaba mi trabajo a menos que tuviera una asignación por la tarde.

De esta manera, queridos lectores, ahí conocí a las reinas de la belleza de las cámaras de comercio; a los directores de dichas cámaras. También a los atletas sobresalientes; a los jefes de policía de los distritos locales; a los directores de las escuelas; a los políticos y a los varios activistas que siempre tenían una protesta por alguna u otra causa.

En un diario se vive día a día con las dos caras de la humanidad: hay muchos que hacen el bien y hay muchos otros que hacen el mal.

El periodista Humberto Perales con su hija. (Cortesía Familia Perales)
Crédito: Cortesía

‘Una personalidad más grande que su profesión’

Uno un día escribe de alguien que logró abrir su propio negocio, pero también de alguien que cayó preso por cometer algún delito.

Un reportero llega a un punto en que ya casi no quiere creer en la humanidad. Pero a pesar de tanto mal, siempre a un periódico llega alguien buscando hacer el bien.

“Para ser reportero tienes que ser un cínico”, me dijo una vez Perales.

De alguna manera mi editor me estaba indicando que no hay que creer hasta no verificar lo que alguien te dice.

Lo que me acuerdo de Perales es que era medio alto y un poco obeso, pero tenía un gran sentido de la humanidad.

Con esto quiero decir que simpatizaba con la gente humilde, amaba la lectura y era un hombre de familia.

Otro reportero que también conoció a Humberto Perales fue Ezequiel Banda Sifuentes.

“Humberto tenía una personalidad más grande que su profesión”, dijo Sifuentes. “Su ser iba más allá del reportero y del periodista”.

“Era extenso, con una amplia conciencia sobre su comunidad, su raza y la cultura”, dijo Sifuentes.

Sifuentes me conto que allá por 1975 o 1976, Perales lo motivó a ir hasta el suburbio de Evanston en donde en la Universidad Northwestern se realizaba una presentación del autor argentino Jorge Luis Borges.

El diario ‘El Mañana’ cerró allá por el año 1989 y los que escribían o colaboraban ahí se fueron a otros periódicos o fundaron sus propias publicaciones como Zeke Montes, que luego fundo su revista ‘Teleguía’.

Perales falleció el 16 de agosto de 2012. Yo y mi esposa y mis dos hijos pequeños fuimos a la casa de una de sus hijas a sahumar y bendecir sus cenizas, ya que en ese entonces éramos parte de la danza azteca.

En Chicago, Perales tuvo dos hijas y un hijo. Ellos le sobreviven y son Arturo Enríquez, Gabina Jiménez y Alfonsina Jiménez.

Si Humberto Perales viviera, él se daría cuenta que el periodismo actual es totalmente diferente al que practicábamos allá en la remota década de 1980. Pero en otro sentido es un periodismo igual de interesante.

La cobertura editorial de La Raza es posible en parte gracias al apoyo de la iniciativa Press Forward y del Chicago Community Trust.

Suscríbete al boletín de noticias de La Raza  y recibe en tu email noticias de y para la comunidad hispana de Chicago. Visita laraza.com/newsletter.

En esta nota

Líderes con historia Reportajes Chicago
Contenido Patrocinado