Muchos venezolanos solicitantes de asilo recién llegados tienen limitaciones para leer y escribir

La doctora Ana Gil García, fundadora de la Alianza Venezolana, dijo a LLNC que la causa es la erosión del sistema educativo en Venezuela

La doctora Ana Gil García, fundadora de la Alianza Venezolana y líder cívica en Chicago. (Cortesía)

La doctora Ana Gil García, fundadora de la Alianza Venezolana y líder cívica en Chicago. (Cortesía) Crédito: Cortesía

Una de las principales líderes de la comunidad venezolana en Chicago ha enfatizado elementos clave de la situación en la que se encontraron muchos de los migrantes venezolanos que llegaron recientemente a Estados Unidos solicitando asilo: que llegaron al país bien educados y preparados para integrarse. La realidad, advierte, es mucho más compleja.

La Dra. Ana Gil García, profesora emérita de la Universidad de Northeastern Illinois y fundadora de la Alianza Venezolana, dijo en una entrevista reciente con el Latino Local News Collaborative (LLNC) que pudo constatar que una parte significativa de los venezolanos que llegaron a Chicago como solicitantes de asilo tiene graves limitaciones para leer y escribir en español.

Bajo nivel educativo de venezolanos solicitantes de asilo

El hallazgo surgió durante el trabajo que la Alianza Venezolana realizó en los 28 refugios que abrió la ciudad para atender a los más de 60,000 migrantes que llegaron entre 2022 y 2024.

Nos dimos cuenta de que si le entregamos algo para leer, dicen ‘no tengo tiempo, yo estoy haciendo otras cosas’, ya allí me di cuenta es que no saben ni leer ni escribir. Eso fue un problema desde el día uno”, dijo Gil García a LLNC, red de medios hiperlocales que incluye a La Raza en Chicago, La Esquina Texas en Houston y Philatinos.com y 2PuntosPlatform en Filadelfia.

La causa, explicó Gil García, es el colapso sistemático de la educación pública en Venezuela bajo décadas de chavismo y madurismo. Gil García dijo que los maestros, que llegaron a ganar apenas un dólar diario, emigraron de Venezuela en masa. En su lugar, afirmó Gil García, el gobierno recurrió a estudiantes de preparatoria como docentes improvisados, y los niños de primaria llegaron a recibir clases apenas dos días a la semana. El resultado, indicó la entrevistada, fue una generación entera que creció sin acceso real a la educación formal.

Gil García señaló que la mayoría de los migrantes venezolanos que llegaron a Chicago tenía entre 25 y 35 años, lo que significa que crecieron completamente bajo ese sistema educativo en crisis. Muchos, dijo la doctora, nunca conocieron una Venezuela democrática ni una escuela funcional.

El problema se volvió crítico cuando organizaciones educativas en Chicago intentaron ofrecer clases de inglés en los refugios a los venezolanos recién llegados. Era imposible enseñar un segundo idioma a personas que no dominaban la lectura y escritura en el primero.

“¿Cómo van a aprender inglés cuando no saben leer y escribir en su propia lengua?”, dijo la doctora.

Gil García también dijo que alertó a las agencias estatales sobre esta brecha, señalando que distribuir recursos sin atender esa necesidad básica era reproducir el mismo modelo de control que usaba el gobierno venezolano: dar para callar y no para desarrollar.

La situación también afecta a los hijos de estas familias. En muchos hogares, son los niños quienes terminan actuando como intermediarios entre sus padres y el sistema: en la escuela y en citas médicas, por ejemplo.

A pesar de este panorama, la doctora también recordó el impacto positivo que tuvieron estos niños migrantes en el sistema escolar de Chicago, en el que algunas escuelas enfrentaban la posibilidad de cierres por baja matrícula.

“Hay escuelas en Chicago que se iban a cerrar porque no había matrícula. Y los niños inmigrantes salvaron el sistema escolar”, dijo. “Esa historia hay que contarla”.

La tensión antiinmigrante

Respecto al clima político actual, la doctora, quien lleva 40 años viviendo en Estados Unidos, aseguró que nunca había visto un nivel de criminalización tan fuerte contra los inmigrantes.

El miedo a las redadas ha llevado a familias a evitar las escuelas y las clínicas. En algunos casos, según Gil García, padres inmigrantes han tenido que designar guardianes de emergencia para sus hijos ante la posibilidad de ser detenidos.

“Todos los grupos de inmigrantes, de alguna forma, no somos bienvenidos por un grupo que se dice el grupo privilegiado en este país,” dijo. “Entonces, el ser inmigrante ahora ha pasado a ser como individuos de segunda clase y después se nos ha insistido en que creamos que lo somos”.

Frente a todo esto, la doctora hizo un llamado a la acción comunitaria, especialmente de cara a las primeras elecciones directas de la Junta de Educación de Chicago, en las que los latinos tienen la oportunidad de elegir representantes propios.

Con cerca del 50% del estudiantado de las escuelas públicas siendo latino, la comunidad tiene una oportunidad histórica de elegir representantes propios que incidan directamente en las políticas educativas que afectan a sus hijos.

“Aquellos que tenemos el poder de voto, aquellos que lo podemos hacer, tenemos que activar la participación de nosotros mismos”, instó.

“No nos rindamos”, agregó. “Echar para adelante significa no voltear hacia atrás”.

Este artículo fue elaborado en el marco del Latino Local News Collaborative, un proyecto colaborativo de medios latinos hiperlocales que incluye desde Houston (TX) a La Esquina TX, desde Chicago (IL) a La Raza y desde Filadelfia (PA) a Philatinos Media y 2PuntosPlatform. El LLNC se propone ampliar la colaboración y las capacidades de los medios latinos en español y promover la difusión de contenidos para servir a las comunidades latinas de Estados Unidos.

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